Los miserables

Miserable. Del latín miserabĭlis. Digno de compasión, lamentable.

Por ejemplo, Santiago Martín, cura de Cuatro Caminos y, a mayor gloria de Dios, ex jefe de Religión de ABC. Como seguramente todo sabéis, esta criaturilla del Señor acusó desde el púlpito a Ada Colau —a la que tachó de «comunista radical» (inserte una sonrisilla de sonrojo aquí) junto a Manuel Carmena— de tener «una parte de culpa» del atentado de Barcelona. Es más, no se sonrojó al asegurar que si él fuera el abogado de las vítimas «estaría ya planteando una denuncia contra el Ayuntamiento de Barcelona por cooperación».

Nada nuevo bajo el sol en un país acostumbrado a que la derecha se aproveche políticamente del terrorismo. Si lo hacían con ETA, ¿cómo no lo van a hacer ahora?

Y si sólo se aprovecharan, pero… ¿Quién no recuerda las mentiras más repugnantes de esta santa democracia después del 11M?

Pero, eh, ahí siguen. Son tratados como personas respetables. Es más, creen que son personas respetables, porque muchos así lo creen.

Como muchos creen que todo esto es culpa de las personas que llegan a nuestro país, jugándose la vida, separándose de sus familias, dejándolo todo, huyendo de la misma muerte que la semana pasada asoló Barcelona y que, cada día, asola tantas y tantas ciudades del mundo.

Parece que la maquinaria funciona y que caemos en la trampa. Sí, no hay más que abrir Facebook para sorprendernos del racismo dormido de, incluso, quien menos te lo esperas.

Personas que parecen normales y que, de pronto, comulgan con las ideas de Hogar Social o se tragan eso de que los inmigrantes reciben más ayudas que los españoles de bien. Y no, los impuestos que pagan los inmigrantes superan las ayudas sociales que reciben.

A ver, que vamos a repetirlo:

Los impuestos que pagan los inmigrantes superan las ayudas sociales que reciben.

¿Ya? Venga, una vez más:

Los impuestos que pagan los inmigrantes superan las ayudas sociales que reciben.

Así que, por favor, dejen de hacer el ridículo. Gracias.

Y, sin embargo, quizá por ese idealismo no elegido, creemos que sigue siendo tiempo para la esperanza. Nos ha convencido el abrazo entre el padre de Xavi, el niño de tres años asesinado en la Rambla, con un imán de Rubí, Dris Salym, una semana después de los atentados.

Vale, puede que el mundo no se arregle escuchando ‘Imagine’ como dicen muchos. Pero, desde luego, gestos así hacen mucho más que la sinrazón de los miserables que campan a sus anchas por púlpitos, periódicos y escaños.  

Fotografía: Paulo Valdivieso ©

bluebird Comunicación
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