La vergUEnza olvidada, un año después

Fue en la madrugada del 20 de marzo del año pasado cuando la Unión Europea de los derechos humanos comenzó a tratar como delincuentes a todos los migrantes que intentan llegar sin papeles (¡Sin papeles! Como si la dignidad humana fuera de papel) para su posterior traslado a Turquía. Así se había firmado dos días antes en un acuerdo bochornoso, mediante el cual dejábamos de ser europeos para convertirnos en seres inhumanos.

Ha pasado un año y el Mediterráneo sigue siendo una fosa común a la que ya casi nadie mira. Europa continúa su camino, desmemoriada. Y los europeos seguimos mirando por encima del hombro como si tuviéramos algo de lo que enorgullecernos. No. Somos poco más que escoria. Sin recuerdos. Sin solidaridad. Sin sentido común. Sin conciencia. Indignos, a imagen y semejanza de un sistema despreciable.

En estos 365 días hemos intentado no olvidarlos. Leo Fernández les dio voz en ‘Yo sólo soy una refugiada’, recordando que mientras la justicia duerme, se asesina, muere la cultura, se apagan las voces y se olvida la memoria.

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Fotografía: CAFOD Photo Library ©

Ángela y Emiliano estuvieron en Filippiada con la ONG Olvidados, atendiendo las necesidades más básicas de aquellos que, un día, tuvieron que abandonarlo todo mientras a su alrededor caían bombas. Allí conocieron a Nuur y a María, dos piedras de toque en el zapato de nuestro bienestar incierto.

Ángela F. Ayensa nos presentó los gritos ilustrados de 15 niños refugiados de guerra y los diálogos que la artista mantiene con ellos intentando que abandonen su anonimato y vuelvan a ser pequeños indefensos que necesitan nuestra ayuda y todo nuestro cariño.

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, Jonás Candalija se sentó a charlar con Laura Galaup y Jesús Poveda, dos periodistas que se pusieron las botas para acompañar a algunas de las miles de personas que se juegan la vida por llegar hasta aquí, Ítaca,  la vieja Europa. Regresaron con los zapatos y el alma manchados de barro. Encontraron muros en el camino, pero también flores entre los alambres de espino. Todo ello forma parte hoy de ‘The Mud Chronicles’.

María Ascensión Marcelino nos pintó otra Moira, una en la que las mujeres libres escribirán al atardecer, mientras las aves emprenden su largo viaje impulsados por vientos más cálidos. Porque, ¿qué pasaría si, de pronto, la única preocupación de cada día consistiera en sobrevivir al hambre, a la guerra, o a la violencia que encierra y somete a la injusticia y al terror?

frío vergUEnza
Fotografía: Tatjana Ristic / Save the Children ©

Ha pasado un año, con todas estas palabras lanzadas al aire con la esperanza de que tengan el poder de imponer justicia donde sólo hay barro. Ha pasado un invierno, tan frío como aterrador, en el que en Europa se han repetido imágenes propias de la II Guerra Mundial sin que hayamos hecho nada por impedirlo. Si acaso hablar. E indignarnos cuando recibimos el enésimo comunicado de Save the Children.

En esta ocasión, nos explican que las degradantes condiciones en las islas griegas, resultado del infame acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, ha llevado a un aumento alarmante de las autolesiones, agresiones, ansiedad y depresión entre los niños refugiados.

Así es. El informe ‘Una marea de autolesiones y depresión’ detalla el impacto de las terribles condiciones que aquella firma ha creado y que ha forzado a miles de familias y a más de 5.000 niños a vivir en centros de detención. El informe dibuja un panorama inquietante sobre cómo esas condiciones están minando la salud mental y el bienestar general de los niños.

Están aumentando las autolesiones en niños de tan solo nueve años. Son sus madres quienes, al bañarlos, encuentran heridas en las manos de sus hijos, que se han causado ellos mismos. Niños de tan solo 12 años han intentado suicidarse porque han visto a otros hacer lo mismo. También se ha registrado un aumento en los casos de drogadicción y alcoholismo entre adolescentes que viven en campos de refugiados y que intentan escapar así de su dolorosa realidad, una vulnerabilidad que los traficantes están explotando.

¿De verdad vamos a seguir sin hacer nada? Otro año puede ser demasiado tiempo.

Fotografía principal: Jesús Poveda ©

bluebird Comunicación
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