La Justicia es igual para (casi) todos

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Está muy mal visto no creer en la justicia, tanto como despreciar la Transición. Pero es que las dos —la Justicia y la Transición— han hecho, o hicieron, méritos para perder nuestro respeto.

El pasado viernes todos estábamos pendientes de la sentencia del caso Nóos, el que ha llevado al cuñado del rey, Iñaki Urdangarín, al banquillo de los acusados. Y, mejor todavía, el que también ha juzgado a la infanta Cristina.

¿Qué diría el dictador al ver así a los vástagos de su pupilo? ¡Ay!

El caso es que Cristina declaró entre «no me consta», «confiaba en mi marido» —y esas cosas que las señoras de rancio abolengo (véase Ana Mato) suelen decir en los juicios por corrupción— y los españoles de bien nos frotábamos las manos. ¿Acaso no era ya hora de que los Borbones dejasen de ser inviolables, también en la práctica? ¿Que la gracia de Dios los abandonase?

¡Qué ilusos! Estaba claro que todo iba a acabar como acabó. Con una infanta Cristina quedando como tonta (qué barato le ha salido) y un Iñaki Urdangarín condenado a seis años de cárcel por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencia y delitos fiscales. ¡Angelito!

¿Repasamos otras condenas?

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Sí, la Justicia es igual para todos y la Transición fue impecable.

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