La eterna marmota

La eterna marmota, editorial

La marmota llegó hace más de un año y parece dispuesta a quedarse para siempre. Sí, hablamos del tema de Cataluña, por supuesto. ¿De qué íbamos a hablar? ¿De qué se lleva más de un año hablando, sin ninguna solución, sin ningún futuro y quitando espacio a los políticos para que se pongan a trabajar de verdad por los enormes problemas que sigue teniendo la ciudadanía? Pues eso, que hablamos de Cataluña.

Ya sabéis nuestra pasión por Bill Murray y lo que nos gusta hacer referencias a ‘El día de la marmota’, ¿verdad? Pues en esta ocasión… la marmota nos cansa. Porque esta semana hemos cumplido un año de suplicio, de un tema que no ha evolucionado ni un centímetro más de 365 días después y que tiene paralizada a buena parte de la actividad política española, centrada en solucionar un problema que ellos mismos crearon. Sí, exacto: entre unos y otros lo guisaron por el interés y ahora nos lo estamos comiendo todos. Y con patatas.

Porque el tema catalán hizo que odiáramos un poco más la actualidad política, que nos cansáramos de todas las noticias que día a día, hora a hora, minuto a minuto sucedían por allí arriba y centraban los contenidos informativos en todos los medios de comunicación. Nos saturaron. Consiguieron hastiarnos de tal manera que en ocasiones nos paramos a pensar si no era eso realmente lo que querían: cansar a la población y conseguir que mirásemos para otro lado, mientras por detrás hacían y deshacían a su antojo, como han hecho siempre, absolutamente toda la vida.

Quizás el tema catalán no sea más que la gran cortina de humo que llevaban tiempo esperando. Ese tema que vuelve, vuelve, vuelve y vuelve y nunca termina de irse. Algo como el fútbol o Venezuela pero a gran escala, donde los que toman las decisiones o controlan los medios de comunicación deciden dividir y enfrentar a la ciudadanía para seguir pisoteando las gargantas de una sociedad que sigue teniendo grandes problemas para llegar a fin de mes, donde cada vez más mayores viven en condiciones deplorables, donde los jóvenes no encuentran trabajo y siguen teniendo que marcharse, donde la libertad de expresión sigue siendo una quimera mientras nadie erradique esa terrible Ley Mordaza que seguimos padeciendo o donde siguen matando mujeres a diario mientras los políticos, los que tienen que protegernos, se dedican a airear sus banderas.

Quizás esta eterna marmota de la que hablamos haya hecho efecto y nos hayan dormido del todo. O no. Lo sabremos en un futuro. Lo que está claro es que la historia parece volver a repetirse y cada vez miramos menos hacia ningún sitio en concreto. Y sí, eso podría significar que la sociedad cada vez piensa menos por ella misma y más siguiendo los dictados de esos mismos a los que les interesa que la marmota no pare de realizar el mismo recorrido una y otra vez.

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