Hasta siempre

hasta siempre

El 25 de mayo de 2014 escribimos nuestro primer editorial. Parecía, entonces, que el corazón se nos iba a salir del pecho. Teníamos resaca de la Champions, la luna estaba en menguante y votamos a Bill Murray en aquellas elecciones europeas en las que Podemos dio un golpe sobre la mesa. Entonces todavía nos creíamos que el mundo se podía cambiar y que podíamos aprender a escribir sin hacer periodismo. Hablamos de Michi Panero, creyéndonos muy especiales, y de zapatos sucios, de sangre en las venas y hasta de robocordones. La ambición también se nos salía del pecho.

Ha pasado mucho y poco tiempo, según se mire, y la vida. En España siguen gobernando los de siempre, porque quizá no tengamos remedio, y en nuestro corazón continúa Bill Murray, cuya leyenda no deja de aumentar.

No sabemos cuántos editoriales hemos escrito, pero sí que de algunos nos sentimos más orgullosos que de otros. Hemos perdido la cuenta de cuántas personas se han pasado por aquí y ahora son las gracias las que se nos salen del pecho.

Esto se va pareciendo demasiado a una despedida… O no. A lo mejor es nuestra humilde versión de Bob y Charlotte abrazados —ella de puntillas, maravillosa— en una calle de Tokio, en la que no podemos desvelar qué nos está susurrando Bill Murray al oído.

¿Y si es sólo un hasta siempre? Vamos a repensarnos esta Navidad, vamos a aprovechar para leernos todos esos libros y ver todas esas películas que tenían que haber aparecido en otra aburrida lista de lo mejor del año. Puede que así veamos la luz o consigamos entender ese maldito susurro de una vez.

Hasta entonces, nos vemos en las redes sociales.

No nos olvidéis demasiado rápido.   

Bill nunca lo haría.

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