Grecia, ya no importas tanto

Hace unos meses hubo otras elecciones en Grecia. Aquellas en las que Syriza obtuvo la victoria y Tsipras fue elegido presidente. Fue una noche ilusionante, ¿no la recuerdan? Parece que han pasado años y no… Fue en 2015. El 25 de enero, concretamente.

Antes y después de aquellos comicios, Grecia era el centro de todo. Los avisos del peligro de la izquierda radical y los ataques tras la victoria de esa caverna y casposa prensa mediática azuzada por la derecha y dirigida por esos dinosaurios que gobiernan la Unión Europea con mano de hierro.

Tsipras llegó al poder y todo eran ataques a cualquier paso que diera el nuevo ejecutivo griego. La voz de alarma resonaba por todo un continente ante la amenaza que traían de la mano esos nuevos radicales que gobernaban lo que ellos llaman la cuna de la democracia. Que escándalo.

Pasaron los meses y lo que sucedía en Grecia, mirado con lupa, era atacado por todas partes. Se empezó a ahogar al pueblo griego y a sus gobernantes en una especie de terrorismo político sin precedentes encabezado por Alemania. ¿Qué era eso de que el pueblo griego decidiese su propio destino?

Empezó aquella negociación con los acreedores con Varufakis a la cabeza. Después llegó el referéndum, también celebrado por muchas personas en toda Europa. Se hablaba del famoso Grexit. Y al final… todo pareció volver al punto de partida.

El pueblo había hablado rechazando la austeridad pero, Tsipras —Alexis para Pablo Iglesias— aceptó ese plan de rescate con condiciones brutales que hipoteca el futuro de generaciones y generaciones griegas.

Después se convocaron elecciones para hoy, 20 de septiembre, pero Grecia, que había pasado por el aro, ya no interesa a casi nadie. Los griegos, en el redil nuevamente, no ocupan portadas y acaso breves minutos en los informativos. La vetusta burocracia ya se ríe de esa revolución griega que pudo ser y no permitieron que fuera.

Los griegos vuelven a las urnas pero quizás muchos se sientan ya derrotados por ceder ante esa extorsión y ese chantaje disfrazado de institucionalismo rancio. Ese mismo que no quiere que sea la ciudadanía la que dibuje su futuro pero se llenará la boca hablando de eso de la cuna de la democracia

Fotografía: Adolfo Lujan ©

bluebird Comunicación
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