Gernika. 80 años después

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Un pueblo de 5.000 personas destrozado. Reducido a escombros y a cadáveres tras más de 30 toneladas de bombas lanzadas por la Alemania nazi y la Italia fascista —en la sombra, el régimen de Franco—.  Entonces se registraron más de 1.600 muertos y casi 900 heridos. El horror se convirtió en símbolo universal tras los pinceles de Pablo Picasso.

Todo sucedió el 26 de abril de 1937. Esta semana se ha conmemorado el 80 aniversario en un país en el que, tanto tiempo después, aún no se ha hecho justicia. Ni se la espera.

Diez años de Ley de Memoria Histórica han tenido que pasar para que Madrid, por fin, cambie el nombre de 52 calles franquistas. ¿Adivináis qué grupo no ha apoyado esta iniciativa? ¡Bingo! El Partido Popular.

No es extraño. De aquello polvos, estos lodos. Vivimos en un país en el que, recientemente, un ex ministro de Justicia ha paseado el féretro de su suegro, José Utrera Molina, ministro de Franco, al son del ‘Cara al sol’. Mientras tanto, los chistes protagonizados por Carrero Blanco arruinan la vida de quien los cuenta.

La Ley de Memoria Histórica tiene un bonito nombre y, como vemos, poco más. Ojalá una ley real, efectiva, la Ley de Justicia Histórica.

Una ley que saque de las cunetas a los más de 100.000 desaparecidos del franquismo. Un régimen atroz, cruel y sanguinario, añorado todavía por una panda de psicópatas, que no tienen el más mínimo pudor de reconocerlo con una sonrisa, a veces burlona.

Así no es extraño que, 80 años después, las heridas sigan abiertas. Y que sangren. Y sigan sangrando por los que aquí defendieron un régimen democrático de las garras del fascismo.

«Para la libertad sangro, lucho, pervivo», decía Miguel Hernández. Para la memoria. Para la justicia. También.

Fotografía: PromoMadrid ©

bluebird Comunicación
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2 Comentarios

  1. Ayer en Gernika, en la Villa símbolo de la paz y la solidaridad, nos reunimos mas 15.000 personas para denunciar, las políticas de inmigración y de asilo que mantiene Europa y expresar nuestro apoyo a la acogida de refugiados y nuestro rechazo a las guerras.

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