Elogio al periodismo

Elogio al periodismo

Lo evidente suele ser siempre más sencillo. Y en estos días en los que cuesta acordarse de aquello que sentía el Gabo, que «el periodismo es el oficio más hermoso del mundo», nos apetece hacer lo difícil: posar la mirada sobre ese otro periodismo, sobre esos otros periodistas. Seguramente hacen menos ruido. Sin duda, son tremendamente necesarios.

Como ya hemos comentado más de una vez, en la era de las fake news, esta profesión debería ser la adalid de la verdad. Al menos eso, la verdad, con el filtro de color por delante, pero verdad al fin y al cabo.

De la honestidad y de la dignidad nos acordamos cuando nos pensamos insultantemente jóvenes entrando por primera vez en una redacción, en ese tiempo en el que haciendo periodismo íbamos a cambiar el mundo. No fue estupidez, fue ilusión. Y fue real.

Después nos dimos de bruces con la realidad, con que esto —capitalismo feroz, mediante— también es un negocio, que consiste en ganar dinero. Más clics, más anunciantes, más, más, más… Y nos encontramos con sucesos reconvertidos en espectáculos macabros, en los que la labor de la prensa es, sin duda, repugnante, asquerosa, vomitiva. ¿Sus audiencias? Espectaculares. Seguramente, las mejores en mucho tiempo.

Así que no debemos criticar a los periodistas sin hacer antes el ejercicio de mirarnos por dentro, de saber quiénes somos, que la responsabilidad también es nuestra que no apagamos el televisor, ni desenchufamos la radio, que googleamos una y otra vez buscando novedades. El circo romano de nuestro tiempo, la carnaza, el morbo, como si aquello que vemos fuera una mala película de domingo por la tarde en Antena3. Ojalá.

Pero hay trabajos impecables más allá y no hace falta buscar mucho para encontrarlos. En cualquier periódico, televisión, radio, web, encontramos reportajes rigurosos, con los que aprender y crecer. No hay un bombardeo constante, quizá porque casi nadie los lee. Pero son necesarios.

Y creemos que, tal y como funciona el negocio, no existirían los unos sin los otros. El periodismo honesto y necesario sin el periodismo “carroñero”, o como queramos llamarlo. Uno paga el otro. Un periodista puede dejarse la piel a cambio de un sueldo de risa escribiendo —sin apetecerle, seguro— sobre esos hechos que demanda el gran público con la esperanza de, al día siguiente, poder ponerse con ese reportaje honesto, digno y necesario que nadie leerá.

Así de triste.

bluebird Comunicación
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