El país perdido

Editorial 'El país perdido'

Esta semana ha sido noticia que una pareja de ancianos de 74 y 72 años de edad pasó dos noches en la calle en Oviedo tras un desahucio.

 

Hemos dejado este espacio con forma de pausa para que pensemos todo lo que significa esa primera frase y esa noticia. Quizá el editorial podría ser, sencillamente, esas 27 palabras que conforman el inicio del mismo. Y ya está. No haría falta más, ¿verdad? Simplemente conocer eso debería valer para que alguien se plantee realmente hacia dónde vamos y qué futuro nos espera.

Muchos se las prometían muy felices hace unos meses con la ya lejana moción de censura. Todo iba a cambiar. ¿Y? Nada. Absolutamente nada. Han pasado ya demasiados días y la Ley Mordaza sigue condicionando el día a día de un país que ve como su libertad de expresión, uno de esos pocos derechos a los que el ser humano debería poder agarrarse esté donde esté, continúa siendo ultrajada y dilapidada por parte de esos guardianes de la moral absurda que se limitan a dictar qué tenemos que hacer y cómo hemos de hacerlo.

Esa vuelta atrás, un regreso a un pasado obsoleto, daba una vuelta de tuerca tremenda estos últimos días cuando conocíamos que Guillermo Toledo iba a ser procesado por cagarse en Dios. Lo que parecía un chiste (malo) o una broma (mala) se está convirtiendo en una extraña pesadilla que habla muy mal de un sistema judicial que decide que sí, que hay que juzgar un supuesto delito relacionado con cagarse en Dios, mientras permite que haya violadores en libertad o deja a los corruptos en la calle mientras pasan los años y ni siquiera comienzan sus procesos judiciales.

Lo de Guillermo Toledo es una más. Quizás la más mediática. Ese tremendo cortapisas a la libertad de expresión que están ejerciendo lobbies poderosos y con dinero, crecidos porque les han dado alas, y con un gran objetivo: controlarlo todo e instalar un pensamiento único. Son los que deciden lo que está bien o está mal, lo que podemos ver o no podemos ver y lo que podemos decir o no podemos decir. Ahora es cagarse en Dios, pero, si ellos lo deciden, mañana puede ser cualquier cosa.

Este país perdido que decide que cagarse en Dios está mal y merece la apertura de un proceso judicial, mientras se permite el enaltecimiento del fascismo día sí y día también en televisión y en las redes sociales. Vemos como una Fundación con el nombre de un dictador hace una apología constante de la época más oscura y cruel de la historia de este país, permitiendo que sus esbirros se paseen de plató en plató… y no pasa nada. Claro, no es cagarse en Dios.

Así que en este país, donde pueden castigarte por escribir un libro, rapear sobre la Corona (¡ay!) o usar en público (siendo un personaje de marcada ideología) una de las expresiones más usadas por todos y cada uno de los españoles, continuaremos perdiéndonos en cortinas de humo y campañas electorales, mientras la injusticia, la inmoralidad y la intolerancia crecen sin para a nuestro alrededor bajo el amparo de unos gobernantes ineptos, los de uno y otro lado, que seguirán siempre más preocupados en ganar unas elecciones que en procurar que no tenga que haber ancianos de 74 y 72 años siendo desahuciados y pasando noches en parques de Oviedo.

La imagen es de Hernando Medina ©

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