El ocaso del (buen) periodismo deportivo

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En los últimos días ha sido noticia la polémica entre un futbolista (Isco) y un periodista (Diego Torres). Fue en una rueda de prensa previa al encuentro de la Selección frente a Inglaterra, en la que el jugador del Real Madrid básicamente pasó de contestar al periodista de El País una pregunta que, aunque pudiera parecer que no, era puramente futbolística. Aunque las viejas rencillas salieron a aflorar e Isco salió por la tangente y dejó a Torres sin respuesta.

Esto, que podría ser simplemente una anécdota, es fiel reflejo de lo que se ha convertido el periodismo deportivo, concretamente el relacionado con el fútbol: un espectáculo. Ni más ni menos. Atrás quedaron aquellas crónicas de antaño leídas en un periódico que te hacían imaginar un partido sin haber visto un solo minuto. O los carruseles de ocho, nueve o diez partidos a la vez en una tarde de invierno. También se echa de menos a viejos referentes como Don Balón, que semana a semana llevaban el buen periodismo a los kioscos. Bueno, en este aspecto nos queda la mensual Panenka que trae calidad y goles a base de buenas letras.

Pero sigamos: el fútbol y el periodismo deportivo es, básicamente, un chiringuito. Ese estilo que impusieron algunos programas y algunos periodistas ha llegado para quedarse. Y suponemos que hacer este tipo de programas es inmensamente más barato que hacer contenidos de calidad. Sinceramente, no es nada atractivo ver a cinco personas discutir por un tuit de Fulano, un desplante de Mengano o, de vez en cuando, saber si ha sido penalti o no aquella acción de Zutano.

Esas agrias polémicas lo han convertido todo en un circo donde solo hay opinión y el análisis ha quedado relegado a un lugar demasiado secundario. Como esos informativo deportivos del mediodía que son capaces de hacer una pieza de diez minutos a partir de un corte de pelo, una rajada o un rumor. Es alucinante comprobar cómo, los lunes por ejemplo, es difícil ver los resúmenes de los partidos del fin de semana y los goles que se han marcado en estos programas. Lo primero, suponemos, es vender otro tipo de contenido.

Por eso duele que las pocas referencias que nos quedaban vayan desapareciendo. Es el caso de ‘Fiebre Maldini’, probablemente el programa de fútbol más exquisito que se ha hecho nunca en España. Semana a semana podíamos ver fútbol desde la perspectiva del análisis, además de grandísimos documentales históricos o partidos que forman parte de la historia de este bonito deporte.

La desaparición de un espacio que gustaba a los futboleros supone, sin duda alguna, una declaración de intenciones sobre qué es lo que se consume en estos tiempos en televisión. Y, a la vista está, el periodismo de calidad no está de moda. Quizás sí lo esté el periodismo deportivo que nos intentan vender pero, probablemente, habría que cambiarle el nombre a espectáculo deportivo, circo y fieras o decir aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor.

Probablemente seamos demasiado románticos. Bueno, sí, lo somos. Y es que a eso del odio eterno al fútbol moderno, nosotros añadimos sin dudarlo una nueva sentencia: odio eterno al (mal) periodismo deportivo.

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