Carroñeros

CarroñerosAntonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López están retenidos en Siria. Pero todavía no deberíamos de saberlo. Probablemente tendrían que haber pasado varias semanas hasta conocer su situación de una manera pública. Sus familias, amigos y las autoridades, evidentemente, conocerían la noticia. Y sus seguidores en las redes sociales los echarían de menos. Pero no sería público. No lo sabríamos.

Eso es lo que tendría que haber pasado pero una vez más el espíritu carroñero se apoderó de la prensa de este país. Bueno, de la prensa no… del ABC. La situación de los tres periodistas se conocía desde varios días antes. Se había llegado a un pacto para no hacerlo público y no perjudicar la situación. Sin embargo, ABC decidió saltarse cualquier atisbo de humanidad y dar una exclusiva que supone un riesgo para la vida de tres personas.

Ya no hablamos de ética ni de códigos deontológicos. Hablamos de humanidad. Y esa es la que faltó en la persona que decidió que había que dar la noticia. Imaginamos que sería su director Bieito Rubido. ¿Hasta dónde puede llegar ese espíritu carroñero en un medio de comunicación que da vergüenza ajena día a día, noticia a noticia y portada a portada?

La familia pidió que no se hiciera público y decenas de compañeros de otros medios callaron por el bien de Pampliega, Sastre y López. Es lo lógico. No ganas nada publicándolo antes que después. Absolutamente nada. Bueno sí, unos cientos de miles de visitas y apuntarse la exclusiva. ¿Qué más da que la situación de los periodistas pueda agravarse al hacerse público? Lo único que se puede sentir, como periodista y como persona, ante la actitud de ABC es asco y repulsión.

Acostumbrados a la carroña de ABC y la prensa de la derecha rancia, siguiendo el camino de la carroña damos ahora con los tertulianos. Lo peor que le ha pasado al periodismo en este país son esos señores y señoras que se sientan alrededor de una mesa en televisión y son capaces de opinar absolutamente de todo. El lunes de Grecia; el martes de Pablo Iglesias; el miércoles son expertos en ébola; el jueves destripan los pormenores de un accidente aéreo; y el viernes opinan del acoso escolar.

Estos opinalotodo que tanto daño hacen a la profesión también disfrutan de la carroña. No es de extrañar que muchos colaboren con el citado ABC. Son capaces de juzgar las actitudes de los tres periodistas retenidos en Siria con esa altura de miras que lo único que hace es dejarlos en absoluto ridículo. Sin valorar el trabajo de los periodistas desplazados a zonas de conflicto, se convierten en jueces y verdugos de una situación que ni conocen ni conocerán por pura cobardía.

Los periodistas de la vergüenza son esos que ahora van de plató en plató, pagados por partidos políticos para llenar horas sin sentido de televisión. Los que se atreven a hablar y criticar a compañeros  como Pampliega, Sastre y López, simplemente, ni les llegan ni les llegarán jamás a la suela de los zapatos.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Facundo Mascaraque.

bluebird Comunicación
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