Aquel gol de Iniesta

Nunca habíamos hecho un editorial sobre deportes en la corta historia de Murray Magazine. Pero quizás haya llegado el momento. Y sólo un gol podría merecer este acontecimiento. ¿Qué gol? Pues el de Iniesta, por supuesto.

Escuchó el silencio, contaba Andrés años después en el maravilloso Informe Robinson preparado al detalle para mostrar al mundo lo que ocurrió en Sudáfrica. Y los que saltaron, lloraron, gritaron y alucinaron con aquel gol seguro que también escucharon el silencio porque durante un instante, un mínimo instante, todo se paró mientras Iniesta remataba.

Cuando todo parecía perdido y abocado a unos penaltis que podría devolver al suelo a un fútbol español que vivía en una nube permanente desde dos años antes. No llegaba el gol y todo se paró cuando Robben se plantó delante de Casillas. Se nos cortó la respiración. Pero Iker, el gran Iker, sacó una pelota imposible que ahuyentaba años oscuros. No habría un Roberto Baggio en esa final.

La prorroga fue eterna. En los bares y casas de toda España se agolpaban millones de personas esperando no llegar a los penaltis. Esperando cantar un gol. Queríamos cantar un gol. Sentir esa sensación de subidón en la final de una Copa del Mundo. Las oportunidades pasaban y ningún esférico besaba las redes de Holanda.

Entonces Navas empezó a cabalgar y llegó el balón a Iniesta que dio un taconazo para Cesc. Un rebote para Navas y el balón llegó a Torres. Mal pase de Fernando y se encontró el balón Fabregas. Dio el pase. Y ahí se paró el mundo. Como dijo Andrés quedaron él, el balón y el silencio.

Disparó Andrés y ocurrió. Fuimos campeones del mundo. Fuimos los mejores con un balón en los pies. Y de eso hace ya cinco años.

bluebird Comunicación
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