Un incordio llamado Josh Smith

Un mes después de esto, hay que volver a hablar de Detroit Pistons. La solución de Stan Van Gundy al morrocotudo problema que tenía en la mezcla de sus tres hombres altos ha sido clara: despedir a Josh Smith. No un traspaso. Cortado directamente. Una solución un poco rara, porque con un sueldo de 14 millones de dólares daba para intentar sacar algo a cambio.

El caso es que Van Gundy ya tenía fuera de su cesto a la manzana podrida. No es una cuestión de mal comportamiento, sino que no había manera de encajarle en el equipo. Tras la derrota del 21 de diciembre en Brooklyn llegó la noticia, aprovechando que el equipo tenía cuatro días seguidos sin jugar. El equipo, en ese momento, estaba con 5 victorias y 23 derrotas, otra temporada tirada a la basura y pensando en un difícil verano de 2015, en el que Greg Monroe acaba contrato.

El día después de Navidad los Pistons volvían a su cancha, el Palace de Auburn Hills, para medirse con Indiana Pacers. Monroe y Andre Drummond la liaron en la zona y se llevaron el triunfo. Una casualidad y ante un rival batible.

Después llegaba una minigira por su propia conferencia. Primero debían jugar en Cleveland, y allí Brandon Jennings aprovechó la baja de Kyrie Irving para darse un festín y los Pistons machacaron a los LeBron James y compañía. Bueno, los Cavaliers aún siguen ajustando cosas y no tuvieron el día. Después jugaron en dos canchas mucho más asequibles como Orlando y el Madison Square Garden, y ganaron ambos partidos. En total, cuatro victorias seguidas, tres de ellas a domicilio. Algo estaba cambiando, pero tampoco había que darle mucha importancia por si acaso.

De vuelta a casa, recibían a Sacramento Kings, un equipo que no es un gallo en el Oeste, pero que sólo por jugar en esa conferencia ya es un peligro. Pero Jennings dio otra lección y Detroit acabó ganando con mucha solvencia. Flor de un día. Ahora llegaba el calendario fuerte y les pondrían en su sitio.

Tocaba viajar de nuevo para jugar dos partidos en Texas, San Antonio y Dallas. Y el guión se cumplía. Los actuales campeones les dieron un meneo importante en la primera parte, pero no vieron venir el peligro y los Pistons decidieron no tirar el partido. En 15 minutos lograron un monstruoso parcial de 18-46 y de repente iban ganando. Los Spurs reaccionaron e igualaron la contienda, pero un error en el pase dio paso a esta canasta ganadora de Jennings casi sobre la bocina. Y al día siguiente, victoria contundente en cancha de los Mavericks.

Siete victorias seguidas. Un equipo hundido, que empezaba a ser candidato a ser el peor de la temporada, resurge tras la marcha de un jugador. Lo normal es que un equipo pueda mejorar ostensiblemente si hace el fichaje exacto para sus necesidades, o si recupera a su pieza clave tras una lesión. Pero que la marcha de un jugador a priori importante dé como resultado una racha tan significativa hace aún más obvio que había un problema que exigía cortar por lo sano.

El octavo partido tras la marcha de Smith era en casa, pero ante el líder del Este, la revelación de la temporada. Atlanta Hawks puso los puntos sobre las íes, con un primer tiempo donde no dejó ni respirar a los de Van Gundy. El tema es que este equipo está alcanzando unas cotas tan altas de confianza que no se dan por vencidos. Drummond estaba enfermo y no estuvo sobre la pista en los últimos 20 minutos de partido, pero aún así lucharon a brazo partido y tuvieron un triple para forzar la prórroga, pero no entró, por suerte para los cimientos del Palace, que seguro no hubieran aguantado la euforia de los aficionados.

No es sólo la buena racha, es que encima juegan de lujo. Baloncesto eléctrico, rápido, buscando cualquier debilidad en el rival y preparándose para adaptar su nivel defensivo a lo que exige su conferencia.

Ahora son 12 triunfos y 24 derrotas. Si estuvieran en el Oeste nadie daría un duro por ellos ni siquiera tras la racha que acaban de tener. Pero en el Este hay bastantes motivos para la esperanza. Parece que Van Gundy vuelve a atinar con la tecla.

Por lo que respecta a Josh Smith, pocos días después de ser despedido firmó por el mínimo (menos de un millón, aunque sigue cobrando el contrato firmado con Detroit) por Houston Rockets, que tras esa contratación y la de Corey Brewer procedente de Minnesota Timberwolves se empieza a convertir en un muy serio candidato al anillo.

A su llegada, directamente titular. Su debut en Memphis fue bastante bueno y ganaron. Pero después las cosas se torcieron. Tras cinco partidos saliendo en el quinteto inicial, dos victorias y tres derrotas. El calendario no era benévolo, pero el bagaje estaba siendo malo. Kevin McHale decidió relegarle al banquillo y devolverle la titularidad al lituano Donatas Motiejunas. Cuatro encuentros, tres triunfos. El exjugador de los Boston Celtics y ahora técnico de los tejanos tiene que ir probando. Brewer le va como un guante desde el banquillo, ahora falta encajar a Smith en la rotación y centrarse en ser verdaderamente competitivos a partir de abril.

Desde que salió de Atlanta, Smith ya no ha vuelto a ser el mismo. Ahora tiene una nueva oportunidad, y es de las buenas. Nunca ha estado en un equipo con tantas opciones de plantarse en una final de la NBA, aunque el Oeste es tan duro que cualquiera te puede apear por el camino.

Si no quiere tener colgado el sambenito de gafe o de jugador difícil, será mejor que sepa darle al equipo lo que necesita, versatilidad, ayuda en el rebote y una aportación defensiva vital por los ala-pívot que va a tener delante. El tren de la gloria está pasando por su andén ¿Se subirá?

Fotografía: Keith Allison © 

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No sé quién soy. Cántabro amadrileñado o madrileño acantabrado. Lo que sí sé es que todo se puede arreglar con gente que diga la verdad, un partidazo entre amigos o una buena cerveza.

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