El Tour afronta su parte más exigente con varios favoritos descolgados

Nueve etapas han sido suficientes para abrir más huecos de los esperados en la general. Han pasado un montón de cosas y algunos de los gallos del Tour ya no tienen nada que hacer. Es el caso de los más importantes corredores locales. Thibaut Pinot, Pierre Rolland y Romain Bardet no van a hacer podio en la ronda francesa, y quizá ni siquiera entren en el ramillete de los 10 mejores de la clasificación general. Pero seguro que darán espectáculo en lo que queda de carrera.

Un francés que sí tiene opciones de hacer algo importante es Jean-Cristophe Péraud, pero teniendo en cuenta sus 38 años y que ya no queda un sólo kilómetro contra el reloj por disputar, hay que poner en cuarentena esas opciones. Otro que debería terminar alejado del podio, aunque lo de acabar entre los 10 primeros no es tan descabellado. Tampoco lo es en el caso dePurito Rodríguez, que ahora mismo es 18º (justo por detrás de Péraud) a 3:52 del líder Chris Froome. Otros que se podrían colar en los puestos de honor son el también francés Warren Barguil, los holandeses Robert Gesink y Bauke Mollema (sobre todo este último) o el colombiano Rigoberto Urán.

Pero debemos hablar de los cuatro contendientes principales de esta carrera, los cuatro que todas las quinielas daban como los claros lugartenientes de esta Grande Boucle: Chris Froome, Alberto Contador, Nairo Quintana, y Vincenzo Nibali, el campeón vigente. El británico ya lidera la carrera, no da sensaciones de flaqueza y ha pasado todos los días importantes sin grandes contratiempos (aunque en la etapa de pavé se llevó un susto). Es el momento de refrendar en las montañas lo mismo: que es el gran favorito para imponerse en París.

Contador tiene un hándicap importante: ha ganado el Giro de Italia, y eso puede ser suficiente para que el Tour se le haga largo, aunque es cierto que las etapas alpinas de la última semana son muy cortas y eso puede ayudar mucho al pinteño. De momento no ha pasado graves penurias, pero ya tiene un minuto de desventaja sobre su rival británico. Y hoy en día la explosividad del ciclista del Tinkoff-Saxo no le garantiza descolgar a Froome en un puerto. Eso es lo que genera más dudas a la hora de pronosticar su triunfo final.

Nairo Quintana, si habláramos de fútbol, diríamos que no depende de sí mismo. No parece probable que, por muy buen rendimiento que dé en las cuestas, pueda rebajar dos minutos a Froome, pero este es el mejor escalador de la actualidad, por lo que habrá que estar atentos a la estrategia del Movistar para aupar a su líder. Tener a Alejandro Valverde justo por encima de él en la general es una ventaja con la que deben jugar. El colombiano debe tocar a rebato e intentarlo por todos los medios. Eso debería dar para podio, para el triunfo final también se necesita que, como mínimo, Froome tenga un mal día.

Nibali lo tiene muy complicado. Son 2:22 de diferencia. Pero si se mira bien el recorrido que falta, hay algunos días que el italiano tiene seguro señalados en rojo, porque son etapas donde un gran escalador podría no conseguir nada extraordinario, pero lo Squalo di Messina está hecho de otra pasta. A él le van más las emboscadas, atacar de lejos y aprovechar un largo descenso para provocar una herida profunda. Un ejemplo: la etapa de Saint-Jean de Maurienne, la número 18. La victoria final está muy lejos, el podio no tanto, y el espectáculo que puede dar este corredor es para no perdérselo.

Y ahora es cuando hay que hablar del tapado: Tejay Van Garderen no cuenta para nadie, pero el estadouniense sigue sin sufrir percances, es segundo en la general a 12 segundos del liderato y pasa la montaña cada año mejor. Es verdad que, no quedando contrarrelojes, es arriesgado pronosticar su triunfo en los Campos Elíseos, pero es algo que, hoy por hoy, no se debe descartar.

El Tour 2015 está mereciendo la pena. Los nervios provocan demasiasdas caídas, sí, pero las llegadas a los muros, la sensacional etapa del pavé, el interesantísimo recorrido de la crono por equipos, el viento haciendo de las suyas en Holanda, los increíbles paisajes de acantilados camino de Le Havre o los sprints vividos hasta ahora, con André Greipel como dominador, hacen que el espectador pueda estar muy satisfecho. Lo que queda, bien aprovechado, da para cerrar una edición estratosférica, pero eso lo deben decidir los ciclistas sobre el asfalto. A más de un sprinter le deberán recordar varias veces los motivos por los que seguir en carrera, porque oportunidades les quedan poquitas ya.

Lo más inmediato son tres finales en alto en los Pirineos. El primero en La Pierre Saint-Martin, una etapa sin demasiada chicha hasta la ascensión final, que sí es de auténtica enjundia y que puede hacer pasarlo mal a alguno de los más gallitos, sobre todo porque la etapa se disputa al día siguiente del día de descanso. La segunda tiene más trampa, enlaza Aspin y Tourmalet, aunque termina en Cauterets sin subir hasta arriba, con lo que se queda en puerto de 3ª categoría, aunque llegarán cansados a él. Y para terminar, la llegada a Plateau de Beille, probablemente la etapa reina de este Tour, con Portet d’Aspet, Core y Lers por el camino y ese puertarraco como guinda de la etapa. Las etapas con el título de reinas defraudan a menudo, pero por si acaso no se la pierdan.

Quedan muchas cosas por contar de la ronda gala, pero deben escribirlas los protagonistas. Froome es el favorito, pero queda mucho cuento como para colocar ninguna medalla.

Fotografía: Frans Berkelaar ©

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No sé quién soy. Cántabro amadrileñado o madrileño acantabrado. Lo que sí sé es que todo se puede arreglar con gente que diga la verdad, un partidazo entre amigos o una buena cerveza.

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