All Star NBA: Una vez al año

Llegamos a uno de los momentos más especiales que el baloncesto da cada año a sus aficionados. El All Star es un fin de semana para el disfrute, se dispara el lado lúdico del deporte, los mejores jugadores del mundo se disponen a enseñar sus habilidades en estado puro. Es verdad que la fórmula da ciertas señales de agotamiento. Cada vez es más difícil que un concurso de mates resulte muy atractivo y en el partido de las estrellas la espectacularidad ha bajado claramente en lo que llevamos de siglo. Pero el esfuerzo de la NBA por renovarse suele dar resultado y provoca que esta cita esté bien señalada en las agendas deportivas del mundo entero.

Si hablamos más concretamente del concurso de mates, es una de las obra maestras de la mejor liga del mundo. Hacía falta hacerse más visibles en el planeta, y el partido de las estrellas no era suficiente. Hacía falta algo más. Así que se puso en el centro de la mesa la plasticidad máxima. Los mejores saltarines desafiando las leyes de la gravedad para dejar a todos los espectadores, los del pabellón y los de la televisión, con la boca abierta. Fue una frontera más conquistada por los dioses del marketing deportivo.

El concurso de mates ha dejado muchas imágenes a lo largo de su historia. En los últimos años ha empeorado por su cambio de concepto. Ya no son las grandes estrellas quienes se disputan el trono de majestad de las alturas, ahora son los jóvenes, que usan el concurso como promoción personal. Se pueden ver auténticas perlas, las capacidades físicas han mejorado con el paso de los años, pero el glamour ha perdido brillo entorno al que llegó a ser producto estrella del fin de semana de las estrella en alguna de sus ediciones.

Inolvidables son momentos como el duelo entre Michael Jordan y Dominique Wilkins de 1988, la victoria de Spud Webb de 1986, el ‘Tomahawk’ de Kenny SkyWalker en 1989, la victoria de un jovencísimo Kobe Bryant en 1997, la capa de Superman de Dwight Howard en 2008 o el disfraz de kryptonita de Nate Robinson en 2009 para doblegar al superhéroe. Para los españoles, en ese mismo 2009, increíble ese gran momento en que Rudy Fernández machacó con la camiseta de Fernando Martín puesta.

Yo tengo predilección por un concurso en especial. El del año 2000. En 1999 no hubo All Star por el ‘lockout’, el cierre patronal, y en 1998 no había habido mates, y el gran espectáculo volvió con el nuevo milenio en Oakland, al lado de San Francisco, en la cancha de los Golden State Warriors. Y el concurso volvió a lo grande. Fue algo mágico, con tres jugadores dando un nivel gigantesco: Steve Francis, Tracy McGrady y sobre todo su primo, Vince Carter. Ya no ha vuelto a haber un concurso de esa calidad (aunque el de 2008 se le acercó). La mejor manera de comprobar lo grande que fue ese momento es viendo las reacciones de los jugadores de la NBA que están en las primeras filas. Están todos extasiados, algunos grabando con sus videocámaras, pero sin terminar de creerse lo que se les está mostrando. Jason Kidd, Kevin Garnett, Jerome Williams, Dikembe Mutombo (que se lo pasa siempre en grande en los All Star), Shaquille O’Neal o Chris Webber acaban siendo también protagonistas del show porque sus reacciones ponen aún en más valor lo que los jugadores están ejecutando en la pista.

Si no lo has visto y te gustan este tipo de concursos, es mejor que no te lo pierdas. Si ya lo has visto, está muy bien repetir. Yo lo veo una vez al año, y por supuesto con la retransmisión de Andrés Montes y Antoni Daimiel. Por aquí os lo dejo (dura una hora y 16 minutos, si queréis ir directos al meollo, minuto 21):

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