La promesa del resurgir del boxeo español

Un domingo no demasiado cálido de primavera en un lugar muy lejano de Las Vegas, Sandor Martín, ex campeón de España y campeón mundial Junior, conquistó el título de la Unión Europea (E-U) de la categoría Superligero –lo que sería la Europa League en fútbol-. ‘Arrasandor’ –el mote de Sandor en el mundo del boxeo- tiene tan solo 21 años. Lo hizo ante el italiano Samuele Espósito, de 28. Los jueces dieron como vencedor al boxeador barcelonés –aunque con un fuerte arraigo en Euskadi a causa de sus raíces familiares- por 119-111, 119-111, 119-108. El escenario fue el Pabellón de Bon Pastor de Barcelona, el cual llenaron unas 2.000 personas.

En otro lugar muy lejano de Las Vegas, en este caso situado en el barrio de Nou Barris de Barcelona, se encuentra el gimnasio KO Verdún. Es un espacio alargado y estrecho en el que el boxeador Sandor Martín, una de las promesas –sino la promesa- del boxeo español, se ha hecho grande. Allí, el jueves, tres días antes del combate, no destaca especialmente entre el resto de los boxeadores del lugar, los cuales entrenan mientras hacen latir un deporte que ocupa un lugar terciario en el panorama mediático actual, pero no en rincones como Nou Barris.

boxeo

Al fondo, peleándose con un saco de boxeo, está Sandor, acompañado de su padre, Rafa Martín, el dueño del gimnasio y su entrenador personal. Su mentor, su maestro, su guía. Sandor deja noqueado una y otra vez al saco en uno de los últimos entrenamientos antes del combate. Anteriormente ha habido seis semanas de preparación en las que se han compaginado sesiones de preparación física con sesiones de preparación táctica y de sparrings para preparar el combate. Estos últimos los ha hecho con campeones estatales, europeos y hasta uno mundial, para enfrentarse al cual tuvo que viajar hasta las Islas Canarias.

«La gente siempre quiere comparar a los deportistas. El nuevo Poli, el nuevo Messi. No estamos obligados a nada», responde al preguntarle el periodista por si siente la presión por lo mucho que se espera de él. Lo hace sentado en una silla en la entrada del KO Verdún, con una tranquilidad y aplomo que hacen pensar que no son propias de su edad, y mucho menos de acabar un intenso entrenamiento de hora y media. «En el boxeo todo el mundo siente la presión. El Barça puede perder cinco partidos seguidos y el año que viene seguirá en Primera División. En cambio, yo pierdo cinco combates seguidos y el bajón en mi carrera es enorme». Él tiene un balance de 22 victorias y una derrota. «Se podría comparar a lo que sucede en el tenis, pero ni así. Esto no es fútbol. Esto es boxeo y hay que jugársela».

El sábado, el día anterior al combate, se realiza el pesaje en el bar Paparazzi de la Via Júlia, en el cual descansa en la pared un esqueleto vestido de negro que aguanta un cartón en el que permanece escrito ‘Sólo pregunté si podía pagar mañana’. Entre el gentío, a pesar del cual alguien se atreve a pedir unas bravas, se encuentra toda la gente que ha seguido la carrera de Sandor desde los inicios. Decenas de personas llevan camisetas negras con la cara de ‘Arrasandor’ estampada. También es fácil hallar banderas de la Montañesa, el equipo de fútbol de Tercera División que tiene su estadio justo delante del Paparazzi. El buen rollo campa por todo el bar hasta que en el pesaje de prueba Samuele Esposito da un kilo más de los permitidos -63, 503 kg-. Entonces el entorno del italiano llega a poner en duda la validez de la balanza, pero el de Sandor, capitaneado por Rafa Martín, no se deja intimidar.

Después de acudir a una farmacia cercana -el periodista desconoce si para hacerse con unos laxantes o para pesarse en la balanza- y correr un poco por las calles de Nou Barris, Esposito da el peso requerido. Sandor niega con la cabeza ante el culebrón del italiano mientras no cesa en firmar objetos y hacerse fotos con niños y adultos, a los que trata como primos y tíos. Al pesarse y dar el peso requerido a la primera, a Sandor se le escapa un «esto es ser profesional».

En las dos teles del Paparazzi se juega un Real Madrid-Málaga al que nadie presta atención. Parece que se ha lesionado Gareth Bale. «Los medios, entre otros, han intentado enterrar el boxeo y ahora se han visto obligados a hablar de él a causa del Mayweather-Pacquiao, pero puedes comprobar que la afición por el boxeo no ha muerto ni mucho menos. Al revés, cada vez más gimnasios se ven obligados a montar un ring a causa de la demanda que tienen», me comenta Sandor. Se comporta con extremada humildad ante la atención de tanta gente. Se le intuye una cabeza amueblada.

¿Se puede vivir actualmente del boxeo en España? «Se puede vivir del boxeo, pero dando clases, como sucede en el KO Verdún. Como boxeador generalmente tienes que hacerlo por afición y durante el día tener otro trabajo. Hasta que no llegas a la lucha por títulos europeos no puedes vivir aquí del boxeo. Por ejemplo, en Alemania, haciendo lo mismo, yo estaría cobrando cinco veces más. Pero sí que es verdad que actualmente el boxeo está in crescendo en España y de aquí a dos o tres años podríamos hablar de una nueva época dorada del boxeo español», responde. Él justo está embarcándose en el crucero que le tiene que llevar a poder vivir exclusivamente de ello. El primer puerto se encuentra en Bon Pastor.

Antes del combate, mientras se celebran el resto de peleas de la velada –tanto Abigail Medina como Franky Urquiaga como ‘Chaca’ se hicieron con la victoria- organizada por Gallego Producciones, a Sandor no se le ve por las gradas -después del combate afirmó haberse encontrado «extremadamente tranquilo» durante las horas previas-. En cambio, Esposito charla con su entorno y se hace fotos con él. En ningún momento mira el ring. Ya lleva las manos vendadas y su expresión no muestra ni alegría ni tristeza, ni nervios ni tranquilidad. Su cara es la definición de impasible. Poco antes de las nueve desaparece y no se le vuelve a ver hasta que sube al ring.

Sandor Martín, que llevó la bandera de Euskadi en la parte posterior del pantalón e hizo descansar otra en su lado del ring, se hizo con la victoria en un entretenido combate que divirtió con creces al público asistente. El Mayweather-Pacquiao implicó una enorme cantidad de billetes. Concretamente, 400 millones de dólares –unos 356 millones de euros– a repartir el 60% para el estadounidense y el 40% para el filipino. La velada disputada en Bon Pastor la compró en la subasta Gallego Producciones por 17.000 euros. La repartición fue del cincuenta por ciento para cada boxeador, ya que ninguno de los dos ostentaba el título. Por otro lado, pese a la importancia del combate, la cobertura mediática del Sandor-Samuele fue prácticamente nula en los medios convencionales tanto en la previa como en los días posteriores.

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Aunque se llevó la victoria, Sandor se fue a casa con una importante capsulitis –que no le impidió hacerse multitud de fotos y firmar objetos al pie del ring una vez proclamado como vencedor-, lesión que se queda en migajas comparada con las puertas que se le abren a partir de ahora. «El próximo paso es defender el título o asaltar el europeo absoluto». El corazón del boxeo –también el del español- sigue latiendo.

bluebird Comunicación
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