Mis mundiales

Se acerca el Mundial de Brasil 2014. En unas semanas el balón echará a rodar en uno de esos países que es futbolero por tradición y definición. La canarinha luchará contra viejos fantasmas y tratará de vengar aquel mítico maracanazo que sigue en las cabezas de muchísimos brasileños que no habían nacido por entonces. España enfrentará el reto de repetir título de manera consecutiva, algo que no sucede desde hace mucho tiempo. Y luego Alemania, Holanda, Italia, Argentina…

Pero éste no es un artículo para hablar de futuro sino de pasado. De mi pasado. De mis Mundiales. De mis recuerdos futbolísticos y quizás los de muchos de los que rondamos los 30 años (o los pasamos). Un servidor, nacido en el año del Mundial de España’82, no tiene más remedio de recordar lo mejor y lo peor de los Mundiales que ha vivido.

Italia’90

Salvatore Schillachi. Así puedo resumir mi primer recuerdo futbolístico. ‘Toto’ era menudo, con una calvicie prominente y se salió. Luego, años después, me enteré que su convocatoria fue polémica y él respondió con seis goles en un Campeonato del Mundo. Canela fina. De España recuerdo poco. Aún no sufría por estas cosas. Nos eliminó una fantástica Yugoslavia que pudo hacer más historia que la que finalmente hizo. Y el gato al agua se lo llevó una Alemania que dejó a la Argentina del Diego con la miel en los labios. E Higuita. Recuerdo a Higuita.

Estados Unidos’94

El mundial del soccer es mucho más nítido en mi memoria que el anterior. Ante todo, el codazo de Tassoti y, por supuesto, el fallo de Salinas ante Italia. Esa cabalgada infernal del mágico Roberto Baggio que nos dejó fuera en cuartos de final. También recuerdo el autogol del colombiano Escobar que le costó la vida. A una Bulgaria fantástica que se plantó en semifinales, el gol de Maradona y su celebración cara a la cámara antes de ser suspendido tras dar positivo nuevamente, Cobi Jones, las zancadas de Klissmann, el mítico Salenko… Probablemente no fuera el más vistoso de todos los mundiales, de hecho la final fue terrible, pero sin duda aquel Brasil de Romario y Bebeto pasará a la historia por el tetracampeonato y una celebración de gol acunando de forma imaginaria a Rafinha, hijo de Mazinho.

Francia’98

Zinedine Zidane. Así podría zanjar mis recuerdos sobre el Mundial galo. Un bailarín sobre el césped. Un mago que jugaba a la pelota como nunca antes habíamos visto. Un señor con una calva prominente que pinchaba balones del cielo de una manera tan sencilla que todos queríamos hacerlo igual. Un tipo que hacía ruletas como quien daba un paso. Pero hubo más cosas: el fracaso de Brasil con aquel bajón de Ronaldo, el gol de Zubizarreta en propia portería ante Nigeria, las últimas exhibiciones de Michael Laudrup, Michael Owen, la mágica Croacia de Davor Suker… Y esa final en Saint-Denis donde una Francia iluminada por Zidane y con las cabalgadas de Petit, destrozó a una Brasil que quería ganar sin bajarse del autobús y que fue arrollada por uno de los equipos más grandes que han participado jamás en una Copa del Mundo de fútbol.

Corea y Japón’02

Gamal Al-Ghandour. Ese es mi resumen de aquel Mundial de tierras lejanas y horas extrañas en el que España quedó apeada por Corea del Sur en un partido extrañísimo en cuartos de final en el que un colegiado egipcio dejó sin posibilidades a una de las mejores versiones de siempre de la Selección. El Mundial de los charcos de sudor de Camacho pudo ser y no fue. Pero también fue el campeonato en el que se anunció al mundo Ronaldinho, en el que Khan se hizo todopoderoso, en el que Francia fracasó, en el que Ronaldo Nazario se cortó el pelo de la forma más ridícula posible para volar ante Alemania, de Senegal, de la sorpresa de Turquía… y del Pentacampeonato de Brasil.

Alemania’06

Zidane (otra vez) y Materazzi. Ese cabezazo que paró el Mundo y nos dejó a todos locos. Esa pausa en la que un caballero se volvió salvaje y brindó en bandeja a Italia su cuarto mundial. Un Zidane que arrolló a una España cuya prensa se reía de él llamándole jubilado. Una España que tuvo claro que era el final de la era de Raúl. Y muchas más cosas: Cannavaro recogiendo la Copa del Mundo y unos meses después el Balón de Oro más ridículo de la historia, Portugal quedándose a las puertas del éxito, Buffon parándolo todo y más… Y la despedida de Zinedine Zidane.

Sudáfrica’10

Iniesta. Puyol volando. Llorente luchando contra el mundo. Casillas contra Robben. España. Por fin sentimos un Mundial como nuestro. Ese Del Bosque tranquilo tras la derrota contra Suiza. Ese partido terrible contra Paraguay. Esa semifinal histórica ante Alemania. Ese De Jong tatuando el pecho de Xabi Alonso. E Iniesta de mi vida. Pero hubo muchas más cosas: el fracaso de la Argentina de Messi y Maradona, el derrumbe de un Brasil perdido, el resurgir de Uruguay comandada por Forlán, Corea del Norte, el empuje de Ghana, el robo a Inglaterra… Y, nuevamente, Iniesta de mi vida.


La imagen es de Niek Beck ©

bluebird Comunicación
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1 Comentario

  1. Se nota claramente que el autor del artículo y yo tenemos casi la misma edad. Mis primeros recuerdos de un mundial son de Italia 1990, pero más que de Totó Squillaci, recuerdo a Gabelo Conejo en la portería de Costa Rica, el gol de Caniggia a Brasil gracias a un pase magistral de “Dios” Maradona, Jorge Campos el portero minúsculo de México que se agrandaba en la portería y muchos detalles más.

    Quizá soy de los que recuerdan más a pequeñas selecciones que a las grandes. A la Bulgaria de 1994, jugadores como Kostadinov e Ivanov fumando y bebiendo whisky en la concentración. Quizá el de 1998 es del que menos recuerdos tengo, seguro porque España cayó en la 1ª fase lastrada por el nefasto partido contra Nigeria, un sábado al mediodía, con Clemente de seleccionador y 4 centrales ¡4! (Alkorta, Hierro, Nadal, Iván Campo) jugando al mismo tiempo.

    La Senegal que tumbó a su metrópoli Francia en 2002, la Turquia de Rustu que fue 3ª. En 2006, la Trinidad y Tobago del mito del Manchester, Dwight Yorke y de Stern John que según se comentaba se fumaba medio paquete de tabaco diario. Y bueno, del 2010 a todo el mundo se le viene a la mente España y el gol de Iniesta, yo recuerdo a la República Democrática de Corea, no ganaron un solo partido, solo metieron un gol en tres partidos pero eso sí, fue ante Brasil.

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