La igualada Vuelta pierde atractivo y da palos de ciego

Se terminó el primer bloque de una de las competiciones ciclistas más importantes del mundo. La clasificación general da buenas noticias, hay todavía muchos contendientes para la victoria y el podio final de Madrid. Todavía tenemos 10 ó 12 corredores con opciones, y eso está muy bien. El segundo bloque es el montañoso, con la etapa de Andorra y las de la cordillera cantábrica. Para el tercer bloque quedará la crono de Burgos y muy poquito terreno montañoso más para que los escaladores intenten algo a la desesperada, aunque sea un triunfo de etapa.

Pero no es oro todo lo que reluce en esta Vuelta a España. La carrera organizada por Unipublic, que depende de ASO, la empresa que organiza también el Tour de Francia, está llegando a la obsesión total por los finales en cuesta, o con una cuesta muy cerca del final. Hasta el punto de que, en estas primeras nueve etapas, por momentos parecía que estuviéramos viendo fotocopias, porque resultaban calcadas unas a otras. Una escapada, el pelotón la atrapa a 20 ó 30 kilómetros de la meta, y después los gallos a coger un buen sitio para estar bien colocados en ese punto en que la carretera se estrecha y se empina. Un día tras otro la misma fórmula. Casi todos los días exactamente eso.

Una cosa es pensar en el espectáculo y las audiencias televisivas, y que el ciclismo evolucione como deporte, y otra cosa es cambiar la fisonomía misma de un deporte. Hay una máxima muy importante a tener en cuenta: los recorridos diseñados pueden ser más o menos duros, pero son los ciclistas los que, en definitiva, harán que el recorrido sea más o menos duro. De una etapa llana puede salir una batalla campal, si la carretera es sinuosa o si el viento hace estragos, por ejemplo, y de un etapón con media docena de puertos de alta montaña (como el de Andorra) te puede salir una oportunidad magnífica de dormir la siesta.

La Vuelta, además, ha empezado esta edición de 2015 haciendo un ridículo difícil de igualar. Se planteó para comenzar una contrarreloj por equipos de 7,4 km entre Puerto Banús y Marbella, santuarios de la especulación inmobiliaria, pero el comienzo debía ser desde el espigón, dando una vuelta de tuerca a estas cosas que se dicen imaginativas, pero que no huelen a ciclismo por ningún lado, como cuando se salió desde una batea gallega, desde un barco de la Armada o se finalizó otra vez en el Santiago Bernabéu. Habrá a quien le guste, pero es otra obsesión enfermiza, todos los años se les tiene que ocurrir algo de este tipo, y no deja de ser una chorrada.

La crono por equipos en cuestión, de una distancia irrisoria para un deporte como el ciclismo, tenía varios cambios de superficie, de hecho había un tramo que discurría por un lugar donde está prohibido circular en bicicleta. Los ciclistas, al reconocer el recorrido, lanzaron sus quejas porque lo consideraban peligroso, de tal modo que la organización, que presentó la carrera en enero, decidió el día antes de la crono que los tiempos no iban a contar para la clasificación general, y que el ciclista del equipo ganador que entrara en meta el primero llevaría en la segunda etapa el maillot de líder.

El que escribe no puede recordar un precedente como este. De repente, la Vuelta suprimía una etapa por un error propio de organización, abochornada por los propios ciclistas, que se ven en esta carrera tratados como componentes de un circo. Es insólito que ocurra esto, porque no ha sido por una circunstancia repentina, el error se cometió desde el principio y en el último momento no se pudo corregir, solo ahondar en el bochorno. ¿Consecuencia? Casi todos los equipos con un favorito de la general en sus filas hicieron la crono de paseo para no arriesgar, perdiendo incluso más de un minuto en una distancia tan corta. De verdad, una imagen de la Vuelta vergonzosa.

Al día siguiente comenzaba oficialmente la Vuelta 2015, saliendo de Alhaurín de la Torre, un municipio malagueño que es conocido, sobre todo, por su prisión, lamentablemente. Primer final en alto en Caminito del Rey, una pared corta considerada puerto de tercera categoría. El bochorno de la carrera aumentó. Una montonera descomunal dejó cortado a más de medio pelotón, entre ellos al italiano Vincenzo Nibali, que vino a la Vuelta para resarcirse de un Tour donde la suerte no le acompañó, aunque al menos pudo ganar una etapa. En su intento por reintegrarse al pelotón, se agarró al coche de su equipo (como se puede ver en este vídeo) y eso derivó en su expulsión. Ahí los jueces dieron en el clavo. No se puede consentir una trampa tan flagrante. Y Nibali (que ha cerrado su cuenta de Twitter por los ataques sufridos) es sospechoso de haber hecho cosas parecidas en varias ocasiones más. Es una pena dejar de contar con él, un ciclista de una clase sensacional, pero una fechoría de este calibre merecía este castigo.

En Caminito del Rey empezaron ya a destacar tres sorpresas de la Vuelta: el joven colombiano Esteban Chaves, al que le van bien este tipo de finales, el contrarrelojista holandés Tom Doumulin, que parece haber ampliado sus capacidades y el irlandés Nicolas Roche, gregario de Chris Froome en el Sky. El otro destacado en este tipo de finales es otro irlandés, Dan Martin, pero la trampa de etapa con final en Murcia le dejó fuera de combate por una caída, y no fue el único.

Chaves ganó en Caminito del Rey en una subida donde ya probó Nairo Quintana, aunque las fuerzas no le llegaron para abrir diferencias. Chaves repitió triunfo en la Sierra de Cazorla, y empezó a reclamar mucha atención sobre sí mismo y sus opciones de poder ganar la carrera. No debería, a sus 25 años, poder derrotar a los Froome, Quintana, Alejandro Valverde (el podio del último Tour), Purito Rodríguez, Rafal Majka y Fabio Aru (la única bala ya del Astana, una vez expulsado Nibali y habiendo explotado Mikel Landa en Cumbre del Sol), pero el modelo de la Vuelta es el de que las diferencias sean mínimas en casi todas sus etapas, por lo que la posibilidad de triunfo queda más abierta.

En la tercera etapa sí pudimos ver algo clásico de la primera semana de una vuelta de tres, que es una llegada al sprint. Peter Sagan rompió la maldición de sus segundos puestos en Málaga, superando a Nacer Bouhanni y John Degenkolb. Al día siguiente, en Vejer de la Frontera, otro final en cuesta, donde el eslovaco también es capaz de ganar, pero hubiera sido demasiado. Valverde midió de manera muy precisa la distancia y se llevó la victoria en un final que le venía perfecto a sus condiciones. Sagan, segundo.

En Alcalá de Guadaíra también se proponía un final duro, pero no lo suficiente como para descolgar a los sprinters. El joven australiano Caleb Ewan fue el más fuerte en esta ocasión, aunque la nómina de velocistas en esta edición es tan exigua que tampoco tiene un mérito tan grande haber ganado esta etapa.

Tras el segundo triunfo de Chaves, La Alpujarra acogía el primer final en alto que se puede considerar de alta montaña. No hubo grandes diferencias, algo lógico viendo el perfil del puerto, largo pero con un importante descanso a mitad de subida. Pero fue la oportunidad para ver que Froome no las tiene todas consigo en esta Vuelta. Ha ganado el Tour y eso pesa en sus piernas. La fuga del día llegó, pero Aru sí logró cuatro segunditos de bonificación y unos pocos más de distancia sobre el resto de favoritos.

La llegada a Murcia llevaba consigo una trampa en forma de doble ascensión a la Cresta del Gallo, un puerto peligroso por su carretera, ratonera y de mal asfalto. Las caídas fueron protagonistas. No sólo Dan Martin se marchó a casa, también un favorito como Tejay Van Garderen, o Bouhanni, el belga Kris Boeckmans se llevó la peor parte y, 3 días después, sigue en coma inducido por otra caída, además de otro esperpento de esta carrera, la caída de Sagan, atropellado por una moto ya en el tramo llano, a unos ocho km de meta. Ese atropello le costó posiblemente la etapa, que estaba perfecta para él, además de la retirada a la mañana siguiente. Jasper Stuyven ganó el sprint reducido, y después se retiró porque también se había caído y presentaba fractura de muñeca. Parece más un parte de guerra que una etapa ciclista.

Cumbre del Sol es el final en alto que la Vuelta planteó para la novena etapa. Otro final inédito donde podría haber batalla entre los favoritos. La hubo. Primero atacó Movistar, tanto con Valverde como con Quintana, y después Aru, Doumulin, Majka… Pero llegó el momento de Froome, que volvió a mostrar esa forma tan poco estética de rodar y atacar en montaña. Sentado sobre el sillín, con la cara mirando los parámetros que le indica su máquina, la que lleva sobre el manillar de la bicicleta y que le habla de sus esfuerzos y hasta dónde puede llegar. Casi nadie pudo seguirle, solo un Purito que le pudo contraatacar, pero aún demasiado lejos de meta. El británico superó de nuevo al ciclista del Katusha, pero no contaba con un Doumulin que resistió de manera sorprendente y acabó llevándose una etapa para la que nunca hubiera contado en las quinielas antes de empezar esta Vuelta a España.

El holandés es un rodador, y tras una semana repleta de finales en alto, ya sea en puertos largos o cortos o simplemente en cuestas empinadas, es el líder de la Vuelta y le ha metido al menos un minuto a todos. El mundo al revés. La alta montaña debería ponerle en su sitio, más bien sus rivales, porque teniendo una crono individual de casi 40 km para empezar la tercera semana, Doumulin se está convirtiendo en una amenaza seria.

Chaves aún es tercero, y Roche cuarto. Ninguno de los dos debería estar disputando el podio en la última semana, pero ya se ha indicado más arriba que la Vuelta favorece que las diferencias sean pequeñas, así que si ninguno explota su protagonismo puede alargarse en la carrera.

Purito tiene 36 años y Valverde 35, pero nadie en su sano juicio puede descartarles, a tenor de lo visto en los últimos años, donde incluso un tipo de 41 años fue capaz de ganar la Vuelta. Así está este deporte, donde la longevidad se ha convertido en algo cotidiano casi de la noche a la mañana.

Froome ya ha enseñado las uñas, y eso vuelve a convertirle en el gran candidato, máxime teniendo en cuenta esa crono en Burgos. Sus grandes rivales deberían ser Quintana y Aru, o como mucho Majka, pero la jueza es la carretera y aún tiene muchas cosas que ofrecer.

Lo primero, está la etapa de Andorra, quizá la reina de la carrera, aunque sus escasos 140km hacen pensar que el desgaste no será extremo. Después dos etapas que podrían terminar con un sprint, en Lleida y Tarazona, aunque esta última tiene un final empinado, la auténtica marca distintiva de la Vuelta. Después llega el tríptico de la cordillera cantábrica, con los finales en Alto Campoo, Sotres (un pueblo precioso en plenos Picos de Europa) y otro final inédito, en Ermita de Alba, una especie de nuevo Anglirú en Asturias. Tras todo eso, habrá que volver a hacer balance de cómo está la carrera de cara a las cinco etapas finales.

bluebird Comunicación
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