Jordan Spieth: un nuevo estadounidense con hechuras de tigre

Hemos podido vivir un Masters de Augusta de un gran nivel. Muchos jugadores han logrado sacar lo mejor de sí mismos durante buena parte de los cuatro días que dura este primer major del año. Pero, entre todos ellos, uno ha asombrado al mundo del golf: Jordan Spieth. Su torneo ha sido sensacional, pero de principio a fin. Todavía no ha cumplido 22 años y ha hecho, en cada momento, lo que tenía que hacer. Ha cometido errores, sí, pero pocos y nunca graves. El aplomo y la seguridad que transmitía con su actitud y con su juego dan a entender que ya tenemos aquí a una nueva estrella de este deporte. Es el segundo jugador más joven en ganar este torneo, después de Tiger Woods.

Pese a su edad, no se puede hablar de sorpresa. Eran muchos los que señalaban a Spieth dentro del ramillete de favoritos. No es que todo el mundo le diera por ganador, yo reconozco que me inclinaba más por Rory McIlroy, el número uno del mundo, que llegaba a Augusta con el objetivo de completar el Grand Slam, es decir, ganar al menos una vez los cuatro majors (Masters de Augusta, US Open, Open Británico y PGA Championship). A sus casi 26 años, ha ganado los tres últimos, pero le falta la chaqueta verde todavía.

Spieth se ha encargado de aniquilar el debate sobre posibles ganadores. Aunque nunca se debe dar por hecho al ganador hasta el final, o casi, de un torneo, el paso de los hoyos no enseñaba fisuras en este tejano, por lo que las esperanzas del resto de competidores han estado bajo mínimos desde el jueves.

En ese primer día, muy especial en el torneo porque hubiera sido el 58 cumpleaños del malogrado Seve Ballesteros, la tarjeta de presentación de Spieth fue escandalosa: 64 golpes, 8 bajo el par del campo, sólo un golpe por encima del récord del campo, que comparten desde hace mucho tiempo el zimbabuense Nick Price (1986) y el australiano Greg Norman (1996). Sólo cedió un bogey y logró nueve birdies. Impresionante. Pero su ventaja no era grande y una vuelta de ese calibre en absoluto asegura la victoria, menos cuando quedaban tres días de competición.

El viernes las sospechas de que podía ser imposible arrebatarle el triunfo al joven golfista empezaron a materializarse. Su nivel no bajó, siguió rayando la perfección, no cedió un solo bogey en todo el día y seis birdies le hacían firmar una tarjeta de 66. Total tras dos días, -14, un registro que nadie antes había alcanzado en Augusta tras sólo 36 hoyos. Ya no se trataba de cumplir pronósticos y hacerse con su primer major, es que estábamos ante una actuación que se estaba haciendo un hueco importante en la historia del torneo y de este deporte en general.

El sábado no hacía falta que volviera a hacer el recorrido en unos guarismos magníficos. Con lograr hacer una vuelta por debajo del par era suficiente para encarar la jornada final con garantías de victoria. Es cierto que sí aparecieron más fallos en su actuación, pero los aciertos estuvieron presentes a lo largo de casi todo el recorrido. La suerte, que también cuenta en el golf, le seguía sonriendo, y los 70 golpes que entregó en la casa club eran lo buscado, aunque él se lamentaba por el doble bogey que hizo en el hoyo 17 y que le impidió finalizar con una ventaja sideral. Pero -16 era su resultado tras tres días, otro récord más en el Augusta National.

El domingo partía con cuatro golpes de ventaja. Con 18 hoyos de Augusta por delante, eso no da para cantar victoria, pero parecía claro que, si no había desplome, el torneo no se le podía escapar. Y desde el punto de vista mental, seguía sin ofrecer destellos de nerviosismo o precipitación, no evidentes al menos. Desde el inicio del recorrido se vio presionado por su compañero de partido Justin Rose y por Phil Mickelson, los dos rivales más cercanos en la clasificación. Su respuesta no dejó dudas: birdie en el hoyo 1 y en el 3. Sus rivales pasaron altibajos. Y él también, se los pudo permitir, y acabó teniendo un domingo plácido donde en ningún momento dio la sensación de que se le pudiera escapar la victoria. Es más, acabó firmando otros 70 golpes para cerrar con -18, con los mismos cuatro golpes sobre el segundo con los que contaba al principio del último recorrido. Sólo le faltó meter el penúltimo putt en el hoyo 18 para batir el récord histórico de Tiger de menos golpes en el Masters, 270 (-18). Se ha tenido que conformar con igualarlo.

Y otro récord estratosférico que ha batido en el torneo ha sido el de birdies totales. Mickelson ostentaba ese récord con un total de 25, pero Spieth, en estos cuatro días, ha logrado nada menos que 28. Veremos cuánto tiempo pasa hasta que caiga este récord, pero lo lógico es que pase mucho. Lo lógico es preguntarse dónde estará el techo de este chico, pero con lo que le queda por delante, asusta pensarlo.

Después de esta gran victoria, tocaba, como no puede ser de otra forma, la ceremonia en la que el ganador ofrece sus primeras impresiones a los directores del torneo y el campeón del año anterior le pone la chaqueta verde, el gran símbolo del Masters. Bubba Watson procedió a ponérsela. Y como a todo campeón, le sienta fenomenal.

Cuando vuelva a Augusta en 2016, tendrá el reto de convertirse en el cuarto jugador de la historia que logra revalidar el título (en 79 ediciones, sólo lo han conseguido Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger). Pero antes de eso tiene un año donde se le va a seguir con lupa y donde se espera que consiga más cosas, incluso la posibilidad de asaltar el trono de McIlroy. De momento, esta victoria le ha aupado al número dos mundial.

Otros grandes nombres del torneo

Sorprende que, acabando con -18 Spieth, sólo haya vencido por cuatro golpes de ventaja. Cuando Tiger logró hacer -18, en la primera de sus cuatro victorias en Augusta, en 1997, le sacó 12 golpes al segundo, la mayor ventaja de todos los tiempos en el Masters. Y es que en esta edición de 2015, por primera vez en este major, cinco jugadores han terminado con un resultado de -10 o mejor (Spieth -18, Rose y Mickelson -14, McIlroy -12 y el japonés Hideki Matsuyama -11). Eso ya da una muestra de lo bueno que ha sido el torneo.

Rose partió el último día en el partido estelar junto al líder, se lo ganó con un final tremendo el sábado. Estaba un poco descolgado, pero logró cinco birdies en los últimos seis hoyos y se aupó al segundo lugar. Con todas las vueltas por debajo del par (67-70-67-70), ha completado, de largo, su mejor Masters. Siempre ha pasado el corte aquí, por lo que seguro que tendrá nuevas oportunidades de ganarlo.

Mickelson ha vuelto a dar espectáculo en el Augusta National. Es uno de los jugadores más queridos, de los que suele sacarse golpes magistrales cuando más difíciles se le ponen las cosas. Ha ganado este torneo tres veces y también contará con alguna ocasión más, porque es el major donde mejor rinde (en 23 participaciones, sólo ha fallado el corte dos veces). Ha sido un poco más irregular en sus tarjetas, pero eso es señal de ser un jugador que arriesga más. Ese estilo de juego muchas veces te entierra, pero si te sale bien estarás como poco cerca del triunfo. No ha tenido ninguna vuelta mala (70-68-67-69), pero se ha tenido que rendir al talento de un Spieth que además ha pulverizado su récord de birdies en el Masters.

McIlroy se va un año más sin la chaqueta verde. Estuvo muy cerca de llevársela en 2011, cuando dominó el torneo con una autoridad similar a la de Spieth este año en las tres primeras jornadas, partía en la última igualmente con cuatro golpes sobre sus máximos perseguidores, pero una vuelta de 80 le relegó al 15º puesto. Este año supo recuperarse de un muy mal inicio el viernes, pero la solvencia del líder le impidió tener opciones reales de victoria en todo momento. El domingo desperdició algunos birdies al principio, pero acabó la vuelta sin bogeys en su gran tarjeta de 66 (en las anteriores, 71-71-68) y así cerró su mejor participación en el Masters, tanto por golpes totales (276) como por puesto en la clasificación (4º).

No se debe pasar por alto el torneo realizado por Matsuyama. De menos a más, el japonés tampoco tuvo opciones de victoria en ningún momento, pero se fue creciendo hasta hacer también un domingo sensacional, 66 golpes como McIlroy y completó todas las vueltas por debajo del par (los días anteriores, 71-70-70). Ser el mejor del último día en Augusta empatado con el número uno mundial es algo que debe figurar en su curriculum, más teniendo en cuenta que tiene sólo 23 años.

Los cinco jugadores que completaron el Top-10 llevaban un buen torneo los tres primeros días, pero además todos ellos hicieron vueltas por debajo de 70 el domingo. Se trata de Paul Casey, Ian Poulter, Dustin Johnson, Hunter Mahan y Zach Johnson, los tres primeros terminaron con -9 y los otros dos con -8. Son estrellas de este deporte y volvieron a dejar constancia de ello.

Una lástima el pequeño bajón que dio Charley Hoffman, un jugador no demasiado popular, sin apenas victorias relevantes, que sólo había disputado una vez el Masters (pese a tener ya 38 años) y que tuvo una actuación maravillosa tanto jueves (67) como viernes (68). Aunque cerró la segunda jornada con un bogey en el 18, llevaba -9, lo que le ponía segundo, siendo el único jugador que no estaba demasiado lejos de Spieth, con cinco golpes de desventaja. El sábado los birdies ya no llegaban con tanta facilidad, y se le hizo larga la jornada, aunque volvió a batir al campo con una tarjeta de 71. El domingo, el Augusta National sí pudo con él, pero afortunadamente el 74 que hizo no fue suficiente para sacarle del Top-10, empatado con Mahan y Zach Johnson.

No se puede obviar en un artículo de análisis de un major de golf la figura de Tiger Woods. Es uno de los dos mejores jugadores de la historia junto a Jack Nicklaus, pero lleva unos años en que sus problemas personales y las lesiones han lastrado mucho su carrera. En la presente década ha ganado varios torneos, tuvo una buena racha entre 2012 y 2013, pero en el próximo US Open, en junio, cumplirá siete años sin meter un major en sus vitrinas. Nunca había tenido una racha ni parecida, lo más que había estado sin llevarse uno de los torneos grandes del golf fue entre el US Open de 2002 y el Masters de 2005, menos de tres años.

Ha llegado por los pelos al Masters, y hay que reconocer su buen papel. Ha terminado con -5, 17º, dando grandes momentos, mezclados con otros no tan buenos, pero seguramente no se podía esperar mucho más de este gran campeón. Su actuación da a entender que el ‘Tigre’ ya está para poder alcanzar un nivel alto de nuevo y poder ganar torneos, pero eso debe refrendarlo en los campos. Y a los grandes aficionados les hace falta ver ganar un major a este gran deportista. A finales de año cumplirá 40, una edad perfecta para poner en juego su madurez y demostrar su enorme categoría.

Quizá se le pueda anotar en el debe que no hizo un gran domingo, después de haberse hecho perfectamente al campo. El 73 del primer día parecía normal por su inactividad, pero después de lograr 69 golpes el viernes y 68 el sábado, algunos hasta pensaban que podía llegar a disputar la victoria si Spieth tenía un mal día. Eran 10 golpes de desventaja, y con la última jornada que hizo el campeón, era imposible, pero no se subió a la ola de Mcilroy (compartieron partido el domingo) y firmó un 73 que nos deja algo fríos, pero el balance general es bueno.

Los españoles en el Masters

Sólo tres representantes teníamos en el tee del hoyo 1 el jueves: Sergio García, Miguel Ángel Jiménez y José María Olazábal. Tres jugadores ya muy expertos en estas lides y que nos podían hacer soñar con hacer algo grande, especialmente los dos primeros, aunque Olazábal tiene en su palmarés dos victorias en este torneo (1994 y 1999). Pero el vasco hace tiempo que ya no está para estos trotes. Lleva una década sin ganar un torneo y, a sus 49 años, será difícil que pueda volver a ofrecer el excelente nivel de antaño.

En esta ocasión, el de Hondarribia no ha logrado pasar el corte. Comenzó con un birdie el jueves, pero pronto la vuelta se le torció y la acabó además con bogey en el 17 y doble bogey en el 18, para un total de 79 golpes, siete sobre el par del campo. Eso le exigía una vuelta soberbia el viernes, pero empezó con dos bogeys y eso le ponía casi imposible poder seguir en el torneo el fin de semana. Acabó encauzando el recorrido y firmó un más que digno 71, pero el total de +6 le dejaba fuera por cuatro golpes de diferencia.

Tampoco llegó al sábado y domingo Jiménez. No le fue mal al principio, hizo un bogey en el hoyo 2 que recuperó con un birdie en el 9, pero ahí le llegó el calvario: seis hoyos seguidos fallando (cinco bogeys y un doble bogey) que le complicaban mucho. El postrero birdie en el 16 no era suficiente para corregir una vuelta que terminó en 78 golpes. El viernes necesitaba, como Chema, un gran día, pero no fue así. El andaluz peleó lo que pudo, pero sólo le llegó para hacer un decente 73 que hacía un total de +7. El ‘Pisha’ fue 4º el año pasado, pero en 2015 ha demostrado que el Augusta National no es uno de sus campos preferidos. Eso sí, entre 2005 y 2014 siempre había pasó el corte.

Sensaciones distintas tuvo Sergio García. Tampoco suele encontrarse cómodo en este campo, no es de los que le gustan. El castellonense es un excelente jugador, pero Augusta no siempre premia a los que juegan bien. Sin embargo, el ‘Niño’ tuvo un jueves francamente bueno, sin apenas errores, un solo bogey en toda la vuelta, y una tarjeta de 68. Y además jugaba el partido estelar del día, el último que salía, con Rickie Fowler y Jason Day como compañeros. Hacer eso en el primer día en Augusta es presentar unas buenas credenciales, pero hay que refrendarlas. Y el viernes no lo hizo. Tuvo una vuelta muy irregular, con siete bogeys y cinco birdies, y eso le alejó mucho de la cabeza. El fin de semana mejoró, fue más consistente y redujo sus fallos, lo justo para hacer un total de -5, su mejor resultado en Augusta en cuanto al número de golpes, aunque lejos de su mejor posición en el Masters (4º en 2004). Acabó 17º, empatado con Tiger, reconociendo que no estuvo todo lo fino que hubiera querido en los pares 5, que han dado muy buen resultado a muchos jugadores. Pero el balance no es malo.

En teoría, Sergio ha logrado superar su obsesión con los majors, algo que le llegó a desquiciar y hacerle pasar una mala racha importante. Ahora vuelve a ser un jugador de élite, el número 9 del mundo, y si de verdad no vive inquieto por no tener ningún grande en su palmarés, no es nada descartable que lo consiga en el futuro. Tiene calidad de sobra para lograrlo, aunque es muy posible que si logra alguno no sea en Augusta. Se puede confiar en él, y a menudo es una delicia verle jugar. Eso al margen de que es uno de los mejores jugadores de la historia de la Ryder Cup.

Dos momentazos en Augusta

El primero de ellos lo dio Tom Watson. A sus 65 años, al borde de la retirada, esta leyenda viva del golf dio su enésima lección el jueves (pese a que le tocó empezar a jugar a las 8:07 de la mañana), cuando firmó 71 golpes y se convirtió en el jugador más veterano de la historia en hacer un recorrido en Augusta por debajo del par. El público estadounidense, como no podía ser de otra manera, se volvía loco con su compatriota. Disputó su primer Masters en 1970, y lo ha jugado todos los años desde 1975. 42 ediciones en su haber, y el año que viene volverá a estar ahí. Increíble.

Donde sí ha dicho que va a jugar por última vez este año es en el Open Británico. Es extraño que, pese a ser norteamericano, de los ocho majors que tiene en su carrera, cinco los ha ganado en las islas y sólo tres en casa (dos Masters, 1977 y 1981). Y además, este año el major más antiguo se disputa en un campo emblemático como Saint Andrews, donde se jugó la primera edición allá por 1860. Será un momento tremendamente especial.

Como lo fue también el otro momentazo de este Masters: la despedida de Ben Crenshaw. Otra figura de este deporte, de 63 años, que ha jugado en Augusta por última vez. Ha sido el peor jugador sobre el campo, pero eso carece de relevancia. El viernes ya se sabía que sería su último recorrido, porque tenía imposible superar el corte, así que fue recogiendo el cariño del público por todos y cada uno de los hoyos del Augusta National. Y en el 18, ovación atronadora, además de que le esperaba su caddie de toda la vida, Carl Jackson, que en esta edición no le pudo acompañar, y también su familia y los mandamases del torneo para brindarle su cariño tras 43 ediciones jugando aquí.

Crenshaw tuvo una carrera exitosa, aunque no tanto como gente del calibre de Nicklaus, Watson o Tiger. Sólo ganó dos majors, y ambos fueron aquí, en 1984 y 1995 (su segundo Masters fue su última gran victoria como profesional), de ahí que aquí se lleve tan merecido homenaje. Como anécdota, decir que a este estadounidense le colocó la chaqueta verde un español: la primera Seve Ballesteros y la segunda Chema Olazábal, campeones un año antes que él.

Ahora ya sólo queda seguir la cuenta atrás hasta el próximo 7 de abril, cuando vuelva a comenzar el Masters de Augusta.

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