Italia, nunca cambies

Italia ha sido eliminada (por fin, y para alegría de las selecciones restantes) de la Eurocopa de Francia 2016, dejando nuevamente esa huella que a lo largo de su historia futbolística la ha caracterizado frente al resto. Su sello particular, el de los partidos llenos de angustia, tensión y su correspondiente porción de drama, porque, para bien o para mal, así funciona esta selección, y así debería intentar ser siempre.

En los últimos años hemos sido testigos de cómo varios personajes intentaron cambiar la fisonomía del fútbol italiano, evolucionar de acuerdo a los nuevos paradigmas futbolísticos, copiar y adaptar estilos más acordes a selecciones con una mentalidad diferente y más ofensiva. El más empeñado en consolidar algo parecido fue el ex entrenador de la Fiorentina Cesare Prandelli. Bajo sus órdenes, la Azzurra manejó métodos con los que antes ni siquiera había intentado lidiar. Se hizo presente una clara intención por incentivar el buen manejo de la pelota, priorizar el juego de posesión y reunir en el centro del campo a los futbolistas mas talentosos.

Esa Italia anómala nos provocaba una rara sensación, resultaba incómodo ver cómo una selección que desde siempre optó por explotar facetas mas pragmáticas y poco estéticas parecía renunciar a su ADN de toda la vida para darle la bienvenida a una nueva filosofía. Los analistas mas atrevidos no vacilaron en sentenciar que la versión tiki taka italiana superaba cualquier otro concepto del pasado y representaba una mejora a la racanería del catenaccio, ese estilo defensivo que acompañó por tanto tiempo los ideales futbolísticos de un país que consiguió todos los éxitos posibles de esa manera.

¿Por qué necesitaba cambiar Italia su forma de jugar? Con Prandelli llegaron a la final de la Eurocopa en 2012, pero el espejismo duró hasta allí. La Azzurra y su nueva ideología fueron arrolladas en ese partido por la España de Vicente del Bosque de manera abrumadora: un vergonzoso 4-0 que invitaba a la reflexión a un equipo que, si bien ya había perdido finales, nunca había sido víctima de semejante humillación. La guinda al pastel la puso la presentación en el Mundial de Brasil 2014, allí fueron incapaces de superar la primera ronda de la competición en un grupo que, en teoría, resultaba sencillo.

Tan pregonada evolución termino en un claro retroceso. Italia parecía haber perdido su jerarquía, sus condiciones competitivas pasaban a ser cuestionadas y sólo había una forma de recuperar la confianza pérdida: con un entrenador tan práctico como astuto en sus métodos y que venía de una complicada etapa en la Juve, donde reinó a nivel local, pero donde nunca pudo capitalizar buenas temporadas europeas. Antonio Conte no es un tipo de agradar mucho, así como su fútbol, en la Vecchia Signora implantó un sistema de tres defensas y dos laterales que provocó un dominio incontestable en el Calcio. Esa misma línea de tres fue trasladada a la selección, una particular BBC (Bonucci, Barzagli, Chiellini) que sumado al eterno Buffon en el arco consolidaron una muralla azul para el contrario.

Irónicamente, la lesión de Marco Verratti representó un detalle positivo para Italia, su lugar lo tomó Daniele De Rossi —ese gladiador romano con barba prominente que ofrece garra, físico y salida efectiva con el balón— y en punta dos delanteros a los que no les sobra nada pero que gozan de una buena colocación: Graziano Pellè, un jugador que necesitó de muchos años para llamar la atención de los ojeadores italianos, y Éder, el enésimo naturalizado al servicio de la Azzurra que apenas pudo jugar esta temporada en su club.

Selecciones como Bélgica en primera ronda y más adelante España fueron auténticas víctimas, les fue imposible consolidar su fútbol frente a un equipo que confirmó no sólo sus capacidades en la retaguardia, sino también la virtud en contundencia. Más importante aún, retomó sus orígenes, esos de los que no debió alejarse. Italia volvió a ser temida, odiada y fastidiosa, eso lo sabía Alemania antemano.

Así, este fin de semana disfrutamos de uno de los mejores partidos del torneo. No existe nada mas icónico para el fútbol europeo que un Alemania – Italia. Es un duelo que siempre deja algo y el sábado no fue la excepción. En ese festival de penales errados sacó la mejor parte Alemania, que logra romper —dicho sea de paso— una maldición que le había impedido ganar a Italia en torneos importantes. Italia volvió, se dedicó a recuperar su identidad y lo consiguió. Esa es la Italia que no gusta y aborrecemos pero es la versión que gana títulos y deja huella.

bluebird Comunicación
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