Fútbol y corrupción: FIFA, la mafia del fútbol (II)

La FIFA ya tiene nuevo presidente. Gianni Infantino, el señor de los sorteos de la Champions League, será el máximo mandamás del fútbol internacional los próximos años. Y, desde luego, su misión no va a ser fácil. El gran legado de Infantino será, sin ninguna duda, limpiar la imagen de la institución.

Y esa y no otra fue la primera declaración de intenciones del nuevo mandamás. Limpieza. Pero tiene claro que abrir las ventanas y dejar entrar al aire no va a ser fácil. La burocracia FIFA, que tanto daño ha hecho al fútbol y tan ricos ha hecho a muchos, va a luchar como gato panza arriba para mantener unos privilegios ganados durante los reinados de Havelange y Blatter.

Sí, hemos dicho reinados. Porque Havelange y Blatter, los patrones de la corrupción en el fútbol internacional, ejercieron como caciques sin que nadie les fiscalizara durante muchísimos años. Bueno, más bien durante décadas. Su labor oscura, sin transparencia alguna, hizo que ellos y muchos de sus secuaces se convirtieran en la nobleza que movía todo el gran negocio que es el fútbol a escala global.

Y nadie decía nada ya que dentro tenían muchos cómplices. Todo el aparato de la FIFA funcionaba al ritmo de las directrices del capo Blatter y eso va a ser muy difícil de corregir a corto y medio plazo. Seguramente Infantino lo sepa, por lo que tiene que entrar con gigantescas excavadoras para limpiar de cuajo todas las corruptelas que imperan en las blindadas oficinas de la FIFA.

El reencuentro con el fútbol

Aunque seguiremos desgranando el lado mafioso de la FIFA en próximas entregas de este serial sobre el fútbol y la corrupción, queríamos dedicar esta pieza al presente y al futuro de la institución. Ya hemos dicho que la limpieza de todo atisbo de corrupción debe ser la prioridad de Infantino pero no va a ser fácil.

Quizás el primer paso de Infantino debe ser algo tan básico y esencial como dar prioridad al fútbol. Recuperar lo más bonito de todo el negocio como es el deporte de la pelota y olvidarse de millones, de audiencias y de patrocinadores. Es una misión complicada en un mundo tan mercantilizado y contabilizado como el nuestro pero sin duda alguna el reencuentro con el fútbol en estado puro y duro será básico para comenzar esas labores de limpieza tan ansiadas.

Infantino debe recuperar el amor por el fútbol desde la propia FIFA a lo largo y ancho del planeta. Recuperar la presencia masiva de aficionados en todo el mundo dejando de entregar el alma de este deporte a las televisiones. Sí, esos megacontratos que han llenado de billetes y de codicia a muchísimos de los implicados en los casos de corrupción que han salido a la luz en el fifagate.

Quizás el nuevo presidente de la FIFA deba de volcarse con los ex futbolistas, rodearse de ellos y pedir su consejo para reconstruir todo esto que se ha convertido en un circo de codicia y poder. Quitarse el traje, la corbata y el almidón y volver a vestirse de corto para que la FIFA salte a los estadios de todo el mundo y devuelva el fútbol a la gente, a la afición, a los futbolistas…

Los últimos años de Havelange y todos los de Blatter estuvieron marcados, precisamente, por priorizar el negocio y el espectáculo al deporte. El fútbol mediático dejó en segundo plano al deporte ese que consiste en meter el balón en la otra portería sorteando a un equipo rival. Ya lo ha dicho el propio Infantino: «Durante un tiempo no se ha prestado la debida atención a los futbolistas y los aficionados».

Tiene toda la razón. Detectar ese problema es fundamental para comenzar a dar pasos hacia un futuro mejor para la FIFA. Insistimos: limpiar la corrupción y desengrasar la enorme maquinaria burocrática del organismo va a ser muy difícil y no será cosa de un período corto de tiempo, pero puede ir dando pasos positivos hacia la reconciliación del fútbol con su esencia y su propia historia.

Las primeras reformas de la era Infantino

La propia FIFA, al menos su parte más pública, parecer ser consciente de las necesidades de empezar con reformas. En la asamblea que sirvió para otorgar la presidencia a Gianni Infantino se establecieron ya una serie de medidas encaminadas a conseguir la auténtica FIFA del siglo XXI.

Infantino y su equipo saben que hay que trabajar duro por conseguir recuperar el prestigio que se ha perdido en los últimos 18 meses. Y es que la imagen de corrupción de la FIFA es global. Aún así, se puede escuchar a Blatter pavoneándose y llamándose así mismo como el auténtico presidente del fútbol. Lo hemos dicho antes: Blatter era un monarca y dirigía un régimen autoritario que sólo pensaba en ganar más y más dinero sin pensar en lo que el fútbol significa para mucha gente.

Volviendo a las reformas, todas deben ir encaminadas restaurar la confianza y articular nuevas maneras de trabajar, marcadas por una transparencia necesaria: hacer públicos los salarios de los funcionarios, eliminar cargos y asesores, revisar sus cuentas y balances, someterse a auditorías externas, responder ante otras instituciones de sus acciones, establecer más medidas de control tanto internas como externas, etc.

Podríamos estar líneas y líneas desgranando reformas y medidas que tienen que ponerse en marcha desde la nueva dirección de la FIFA. Por suerte, o al menos lo parece, Infantino lo tiene claro y los que le rodean también. No lo va a tener fácil como hemos dicho anteriormente, pero el fútbol se merece limpieza. Esa misma limpieza que durante años mancillaron Havelange, Blatter y todos sus secuaces.

Continuará…

bluebird Comunicación
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