Esto del fútbol se nos ha ido de las manos

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Me gusta el fútbol, lo confieso. Me gusta porque lo he jugado desde que era un mocoso que apenas podía mantenerse en pie. Este es el primer año en mucho tiempo que no estoy jugando en ningún equipo, y la verdad, me falta algo. Hablar de fútbol es hablar de mis amigos, de mis primos los del Atleti, de mi infancia. Añoro aquel juego de calle que no terminaba con los tres pitidos del árbitro, sino cuando mi madre gritaba “¡Ángel, para casa!”. El fútbol de aquella sintonía vibrante, la del Plus, anunciando el partido de los domingos; y mi padre al lado, nervioso en el sofá, estirando la pierna para rematar el córner.

¿Cómo no me va a gustar, si he crecido viendo jugar a Fernando Redondo, a Roberto Baggio y a Romario? He cantado goles de Raúl que han silenciado estadios enteros. He saboreado la derrota. Cuando el Madrid perdió aquella final de Copa del Rey contra el Atleti, yo estaba sentado en las butacas del Santiago Bernabéu. He visto jugar a Ronaldo, al de verdad. Ese Aquiles carioca sometido al ligamento rotuliano de su rodilla derecha. Recuerdo el partido de su regreso a los campos, el primero después de muchos meses de baja por lesión. En el minuto 19 Ronaldo recibe la bola y encara al defensa. Se dispone a romperle, como tantas otras veces ha hecho, pero cae sobre el césped. Se desploma en un grito, llevándose las dos manos a la rodilla mala. Panucci se las llevaba a la cabeza. Se había roto el ligamento, otra vez. Dos años más tarde, Ronaldo llevaba la camiseta de mi equipo. Era el mejor delantero del mundo. Otra vez. Corría el año 2002, Florentino Pérez le vistió de blanco por 45 millones de euros. Vale, sí, mucho dinero. Pero joder, era Ronaldo. El Fenómeno.

Es verdad que el fútbol ha cambiado. No solamente la manera en la que se juega, más rápido y físico, también ha crecido como industria. Es un negocio. En mayo de este año la revista Forbes calculaba el valor de mercado del Real Madrid, la nada desdeñable cifra de 2.646 millones de euros. En el mismo estudio se pueden encontrar otros datos igualmente mareantes, así como un ranking de los clubes más importantes del mundo, por valor de la plantilla y presupuesto. El Barcelona ocupa la segunda posición. Aunque después del multimillonario contrato firmado entre Adidas y el Manchester United, los puestos en el podio podrían cambiar. En cualquier caso queda claro que los grandes equipos son, más que un club, empresas. Y éstas sirven para hacer dinero. El conjunto madridista facturó el ejercicio pasado más de 130 millones. Es un negocio redondo. Hoy en día nadie entiende este deporte sin palabras como merchandising o derechos televisivos. Hay un sector, dentro del mundo del fútbol, especialmente crítico con determinadas políticas de club. Algunas voces acusan a Florentino Pérez de romper el mercado cuando, allá por el 2001, fichó a Zinedine Zidane por 75 millones de euros. Una salvajada de dinero, pero joder…¡era Zizou!

Nueve años después vi a la Roja ganar un Mundial. Enorme Iniesta. Pero cuando vi la cantidad de gente que salió a celebrarlo, reconozco que me asusté. Nunca había visto las calles de Madrid tan llenas. Nunca. Ni en la manifestación contra el terrorismo, ni en la del No la guerra. Cuando ganamos el Mundial de Sudáfrica yo lo celebré como el primero, pero ese día también empecé a mirar al fútbol con otros ojos. Una mirada más crítica. Mientras yo me hacía preguntas incómodas, Gareth Bale fichó por el Madrid. El fichaje más caro de la historia del fútbol. El bombazo del verano. El hombre de los 100 millones de euros. No me jodas.

Como en todas partes, los primeros en notar los efectos de la crisis son los que menos tienen. La diferencia presupuestaria entre los clubes más poderosos y los menos pudientes, es una brecha abismal que perjudica la competición. Aunque, por suerte, también existe una fractura entre el fútbol de los despachos y el que se juega en el campo. He de reconocer que, de alguna manera, me alegré cuando el Alcorcón eliminó al Real Madrid de la Copa del Rey. Nos metieron cuatro. Toda una cura de humildad. Recientemente la Asociación de Futbolistas Profesionales, ha informado de las 194 denuncias por impagos interpuestas por los jugadores a sus clubes. Datos que corresponden solamente a equipos de primera y segunda división. Cómo estará el fútbol base. La relación entre economía, política y deporte, es muy estrecha. Veo cajas públicas concediendo créditos a equipos de fútbol, y rechazándoselos al ciudadano que paga por ver los partidos, y me pregunto si no estoy contemplando un reflejo perverso del sistema neoliberal. Desde luego, cada uno con su dinero hace lo que quiere, pero qué pasa cuando el dinero es de todos. Me parece que el fútbol no solamente nos entretiene, también nos despista.

Si yo viviera en España, y perteneciera al 45% de jóvenes que sí tienen trabajo, no pagaría por una entrada de fútbol. Entre otras cosas porque el 40% de los jóvenes con trabajo cobran mil euros, o menos, al mes. La entrada media son 53 euros.  En Alemania, recientes y flamantes ganadores del Mundial, la misma entrada cuesta 32 euros. Hace unos días se acordó, en el Parlamento Alemán, el sueldo mínimo interprofesional: 1500 euros. Pero nuestra liga es mejor que la alemana. Gracias a Cristiano, Messi y demás astros. En este contexto de recortes, de familias enteras desahuciadas de sus hogares, de platos vacíos; nuestra liga es lo suficientemente competitiva como para que Cristiano Ronaldo cobre 17 millones de euros netos por temporada. Esto es un circo y yo prefiero el teatro. Y por cierto, ya no se dice primera división, ahora se llama Liga BBVA.

Algunas noticias alrededor del mundo del fútbol eclipsan todos los demás titulares, fugazmente. Noticias más sensibles. Más peligrosas. Con motivo del último mundial se han oído rumores lejanos de disturbios en Brasil, pero se apagan rápido. Los rumores. Medios como The Guardian o CNN, con motivo de otra Copa del Mundo, la de Qatar 2022, se han hecho eco de las condiciones que sufren los trabajadores de las infraestructuras. La mano de obra, mayormente inmigración Nepalí, vive en condiciones de esclavitud, denunciadas también por Amnistía Internacional. La cifra de trabajadores fallecidos, desde que empezaron las obras en el país anfitrión, asciende a más de 600. La relación entre esta barbaridad y el fútbol está ahí. Es directa. Tanto que la Federación Internacional (FIFA), a través de su Presidente Joseph Blatter, se ha visto obligada a pedir disculpas públicas y a rectificar, privando al país de Oriente Medio de la organización del Mundial, en favor de México. Alguien allí se frota las manos.

Por todo esto, mi relación con  el fútbol es complicada. Igual ha sido así siempre, y el que ha cambiado soy yo. Pero la verdad, eso tampoco me consuela. Aún así se me van los pies solos cuando una pelota pasa por mi lado. Es un acto reflejo. Pero no me sirve ya como vía de escape. Demasiado pan y circo, “pan y toros”, que diría Unamuno. Pan y fútbol, creo yo. Migas de pan para mojar en el tinto de verano. Noticias bomba que tapan otras bombas, las de verdad.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Facundo Mascaraque.

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2 Comentarios

  1. “Cuando el Madrid perdió aquella final de Copa del Rey contra el Atleti, yo estaba sentado en las butacas del Vicente Calderón”

    La única final de copa del Rey entre Real Madrid y Atlético de Madrid jugada en el Vicente Calderón, la ganó el Madrid en la tanda de penalties.

    Saludos.

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