Emoción hasta el final en Saint Andrews: la Jarra de Clarete es para Zach Johnson

Hay victorias que justifican una carrera deportiva. El estadounidense Zach Johnson ha tenido dos de esas. La primera en el Masters de Augusta de 2007, y la segunda esta, en Saint Andrews, en el torneo más especial y en el campo más especial del mundo, en la cuna del golf, en el Old Course, donde hace 155 años se empezó a disputar el Open Británico. Y además lo ha conseguido en una de las ediciones más emocionantes que se puedan recordar, con un grupo enorme de jugadores encarando la jornada final con opciones de llevarse esa preciada Jarra de Clarete a su casa.
El golfista estadounidense no ha representado la regularidad en el torneo. No ha tenido ningún día terrible, siempre ha estado por debajo del par, pero está claro que ha fraguado su triunfo en el primer y en el último día de competición. En ambos casos firmó una tarjeta de 66 golpes, seis por debajo de lo que marca el par del campo. Lo del primer día le metía arriba, entre los mejores, durante las dos siguientes jornadas, con suplicio incluido por la climatología, simplemente sobrevivió sin alejarse demasiado de la cabeza, y el lunes, lluvioso pero con el viento más bien calmado, fue el momento de lanzar el ataque, sin salir en uno de los últimos partidos, yendo un poco por delante de los que tenían más papeletas para ganar, pero marcando un ritmo infernal que les metía presión a todos ellos.
Johnson lo vio claro. Los 10 primeros hoyos estaban para intentar el birdie, y mal se tenían que dar para entregar bogeys en esa zona del campo. Ahí llegaron seis aciertos, seis muescas en el revólver, las que le auparon al liderato. Del 11 al 17 venía lo complicado, con el viento en dirección contraria y amenazando con aumentar su importancia en el desarrollo del torneo. Elbirdie que hizo en el 12 hacía pensar que Johnson podía sentenciar el torneo antes de terminarlo, pero Saint Andrews no lo consintió. Bogey en el 13, sucesivos problemas y el bogey típico del 17 lo bajaron a la tierra, pero él logró reivindicarse metiendo un putt de birdie en el 18 de auténtica figura, soportando la presión y dándole la fuerza justa. Su -15 en la Casa Club del Royal & Ancient Golf Club de Saint Andrews era una cifra muy a tener en cuenta, que podía ser ganadora.
Quien se empeñaba en poner eso en cuestión era el australiano Marc Leishman. Pasó el corte por su regularidad, pero justito, sin aspavientos. Sin embargo, su actuación de domingo y lunes ha sido espectacular, con 15 birdies y un solo bogey para protagonizar un ascenso descomunal, la mejor tarjeta del torneo (64 golpes en la tercera jornada) y tocar con los dedos el triunfo, del que ya estuvo cerca el año pasado. Ha puesto en jaque a todos, pero ese único bogey ya después de pasar el corte, en el hoyo 16, frenó su progresión. Salvó el 17 con par, algo que pocos estaban consiguiendo en esta jornada decisiva, pero no consiguió el birdie en el 18, que le hubiera otorgado el triunfo.
El otro jugador que se agarraba al torneo con uñas y dientes era Louis Oosthuizen. Para el último día había que tenerle muy en cuenta. El sudafricano fue el anterior campeón del torneo en este campo, allá por 2010, y demostró por qué. Aunque cometió algunos errores que casi le sacaban de la lucha, supo quedarse hasta el final, salvar el par en el 17 y poder depender de sí mismo en el 18. Su approach a green con el segundo golpe fue magistral y le permitió embocar el birdie para colarse en el desempate en el que ya estaban apuntados Johnson y Leishman. No cabe duda de que Oosthuizen es un gran jugador y de que tiene un feeling especial con el campo de Saint Andrews.
El play-off de desempate consta en este torneo de cuatro hoyos, concretamente el 1, el 2, el 17 y el 18, algo así como decir los más fáciles y el más difícil del campo (17). Leishman quedó prácticamente descartado en el hoyo 1, pues conservó demasiado con el segundo golpe y acabó cometiendo bogey, mientras sus competidores hacían el birdie sin excesivas complicaciones. Johnson tomaba ventaja en el 2, pues embocaba otro fenomenal putt, y los otros dos jugadores solo hicieron par. El 17 puso la emoción en punto máximo, el estadounidense erró en el tercer golpe y se condenaba a hacer bogey como mejor resultado, y su rival sudafricano llevaba el juego más controlado. Sin embargo, Oosthuizen cayó en la trampa del green, hizo bogey, y Johnson lo salvó, así que se marchaba al 18 con un golpe de ventaja.
El campeón de 2010 no daba aún su brazo a torcer. Su salida en el 18 le dejó muy cerca de green, y casi emboca con el segundo golpe. Al final, ambos se situaron con un putt de birdie, más lejano el de Johnson, que lanzaba primero. Si metía, victoria, pero lo falló por poco. Puertas abiertas para Oosthuizen, que debía embocar su putt y mandar el torneo a un segundo play-off, ya sin Leishman y jugando solo el 18 hasta que uno de los dos ganase. Pero el putt del sudafricano no entró y Johnson se quedó helado, impasible, sin mover un músculo. De repente, era el campeón del Open Británico, el torneo más antiguo del golf, el que todo el mundo desea ganar. Las lágrimas derramadas junto a su mujer nada más terminar delataban lo que le ha costado lograr un éxito de este calibre. Y podrían venir más, es uno de esos jugadores que suelen estar arriba en los torneos importantes.
Sergio García se volvió a quedar sin ganar su torneo favorito. Nada de obsesiones. Sergio estuvo a gran altura, pero no logró rematar una vuelta excelente en los sitios complicados. Hizo cinco birdies en los primeros 10 hoyos, ahí pareció que sí podría estar en la pelea hasta el final, pero cometió dos errores seguidos, hoyos 12 y 13, que le apartaban del camino. Su -11 final le sitúa sexto, a cuatro golpes de los que se jugaron el torneo en el play-off, pero no ha sido esta su última oportunidad. En este torneo y con este público se siente plenamente identificado, le quieren, le ovacionan a diario, seguro que varios de los británicos que le ovacionan desearían verle ganando el torneo alguna vez, pero se le resiste. De cualquier forma, ha rayado a un nivel muy alto y en cualquier momento puede llegar ese primer grande que tanto se le niega. Siguiente ocasión, del 13 al 16 de agosto en el PGA Championship, en el campo de Whistling Straits, en Wisconsin (Estados Unidos). El mismo discurso vale para el australiano Jason Day, un jugador excepcional, pero que de momento no ha dado con la tecla perfecta. Esta vez -14, otra vez al palo.
El otro español que pasó el corte, Rafa Cabrera-Bello, no tenía opciones. Pasó demasiado justo y no pudo tener un rendimiento tan descomunal como Leishman. Pero al menos bajó del par en las dos últimas rondas, hasta firmó un 68 en la tercera. Al final, -5, 40º, cumpliendo el expediente, aunque da la sensación de que podría haber estado más cerca de la cabeza si hubiera controlado los malos momentos en los nueve hoyos de vuelta. Otros dos jugadores españoles corrieron menos suerte. Pablo Larrazábal tuvo una muy mala primera ronda, y la mejora que tuvo en la segunda no fue suficiente. Quedaron fuera del corte 76 jugadores, todos los que cerraron el segundo recorrido por encima del par. Larrazábal acabó con +1. Peor le fue a Miguel Ángel Jiménez, que sólo pudo hacer +4. Quizá esté comenzando el declive definitivo del ‘Pisha’.
No se puede hacer un balance del torneo sin hablar de Jordan Spieth. Es la nueva gran figura del golf, la gran sensación de 2015, ya que ha ganado Masters de Augusta y US Open seguidos, con solo 21 años, y en Saint Andrews ha estado muy cerca de conseguir su tercer major consecutivo. Tiene todo el juego en la cabeza. Se ha podido descubrir que es humano y comete errores, como el bogey del 17 que enterró muchas de sus opciones, o el doble bogey del 8, que le sacó provisionalmente de la pomada, pero supo recuperarse de ese mazazo muy pronto, y obtuvo su chance en el torneo gracias a un birdie en el 16 que le quitó el hipo a todo el mundo (por favor, mire). Se le ha escapado el play-off por un golpe, pero ha estado todos los días metido de lleno en la parte alta de la clasificación. Volverá a este torneo en años venideros y lo ganará, casi seguro que más de una vez, porque es un fuera de serie. Eso sí, no estaba el número uno del mundo, Rory McIlroy, y no supo aprovechar la oportunidad. De haber ganado el torneo, le hubiera quitado el cetro.
Podemos decir también que, al hacer un resumen, no se puede dejar de comentar algo sobre Tiger Woods. Sigue en las catacumbas, perdido, no encuentra una salida, y los años van pasando. Esta vez ha fallado el corte por mucho, hizo +7, y es la primera vez en su carrera que falla dos cortes seguidos en majors. Es obvio que no es la única decepción del torneo (Ian Poulter, Brandt Snedeker, Bubba Watson, Thomas Bjorn o Victor Dubuisson han fallado el corte también), pero que el gran Tiger decepcione ya no es una novedad, y eso es muy peligroso en la carrera de un jugador.
Sigamos con la juventud. Los amateurs del torneo han sido una sorpresa total. Había nueve en el tee del 1, y cinco de ellos lograron pasar al fin de semana, y han sido protagonistas. Sobre todo Paul Dunne, un irlandés de 22 años que el domingo se puso a dar espectáculo y acabó la jornada como colíder con -12. En la última jornada salió al campo en el partido estelar junto a Oosthuizen. Lamentablemente, los nervios le afectaron desde el inicio y acabó haciendo una tarjeta de 78, de las peores de la semana, cerrando además con un feo bogey en el 18, para hacer un -6 que no refleja bien su papel destacado en Saint Andrews. Tres amateurs acabaron por delante de él, el inglés Ashley Chesters y el estadounidense Oliver Schniederjans, ambos con -9, y otro norteamericano, Jordan Niebrugge, que jugó el último día con Sergio, dando la cara y acabando con un -11 como poco brillante, empatado con el castellonense, entre otros. Estos tres son los novatos con resultado más bajo en la historia del torneo.
Y se debe hacer referencia a dos maestros que se han despedido del Open Británico. Tom Watson y Nick Faldo ya no volverán a jugar este torneo. El primero lo ganó cinco veces, aunque ninguna de ellas en este campo, el segundo tres, y en 1990 en estas calles de Saint Andrews. Los dos han sido despedidos con auténticos honores, como es lógico. Y de Faldo hay que destacar su rendimiento. Fue la peor tarjeta de la primera vuelta, 83 golpes, pero logró ganar al campo en su último recorrido, 71 golpes, uno por debajo del par. Es una manera maravillosa de despedirse.
bluebird Comunicación
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