El espejismo de Luxemburgo

Se plantaba España ante Luxemburgo en un partido que recordó a uno contra Chipre de hace ya bastantes años. Claro que sin la misma presión y sin que el seleccionador Del Bosque tuviera la guillotina sobre la cabeza como en aquella ocasión la tuvo Clemente.

E incluso algunos medios de comunicación hablan de nueva cara de la Roja, de nueva imagen… aunque nada más lejos de la realidad. Lo de Luxemburgo fue un espejismo. No es una piedra de toque real para un equipo como España y nunca lo podrá ser. Y si lo es, malo.

Porque España volvió a no jugar a nada y frente a un rival que tampoco tenía muy claro qué hacer sobre el campo. Se volvió a tocar, tocar, tocar y tocar. E incluso la débil Luxemburgo nos puso en aprietos. Especialmente en la segunda parte en la que se perdieron muchísimos balones en nuestro propio campo. Piqué lanzó un balón fuera a la banda esperando que ahí hubiera un compañero. Y eso antes no pasaba…

Hay demasiadas cosas que ahora pasan y antes no pasaban en esta Selección española de Del Bosque. Por ejemplo que no hay consistencia en el juego. O que no se sabe desarbolar al rival. Y sobre todo, por encima de todas las cosas, que no hay opciones a esto de tocar. Porque si un rival se encierra y te espera, el Marqués aún no ha encontrado soluciones al problema…

Y luego está Diego Costa. Marcó por fin. Quizás no de la forma de la que le gustaría pero marcó. Aunque falló siete ocasiones de gol alguna de ellas bastante clara. ¿Las habría fallado enfundado en la camiseta del Chelsea? Lo que sigue pareciendo bastante claro es que la deuda que con él tiene Del Bosque implica que tenga que jugar sí o sí. Y eso no es bueno para los intereses de España.

Lo bueno es la llegada de juventud a este equipo. Ilusionan Alcácer y Rodrigo. También Bernat. Y Koke. Todos dirigidos por Iniesta. Esto ilusiona. Pero no tienen por qué jugar como jugaban antes. Eso sería un error. La defensa a ultranza del estilo no tiene sentido si tus jugadores son diferentes. Y lo son.

También brilló Silva jugando en su auténtica posición en el campo. De enlace y creando. Asistido por Iniesta y Koke. Por ahí hay que empezar una reconstrucción y no forzando una manera de jugar con unos futbolistas a los que no podrá salirles nunca de manera natural.

Lo único bueno de todo este espejismo en Luxemburgo fue la victoria. Importante y necesaria tras el fracaso ante Eslovaquia. Algunos lo llaman traspiés pero es un fracaso. Sólo queda hacerse una pregunta: ¿Hasta cuándo durarán los réditos por haber ganado un Mundial y una Eurocopa? El fútbol no suele tener memoria salvo en el caso de Vicente del Bosque.

bluebird Comunicación
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