Corrupción y fútbol: Jesús Gil y Gil, un homenaje

Cuando procedimos a plantear esta serie en Murray Magazine sobre la corrupción y su relación con el fútbol, pensamos en dedicar todo un capítulo a esos presidentes del fútbol español que habían tenido algo más que coqueteos con el lado oscuro. Fue imposible. Sólo uno de ellos merecía varios capítulos. Hablamos, por supuesto, de Jesús Gil y Gil.

Personaje peculiar, Gil está en la memoria colectiva de muchos españoles. Él siempre estaba ahí. Y caía bien, oye. Era ese tipo de personaje oscuro pero campechano que tenía gracia. Y eso, a los españoles, siempre nos ha hecho gracia.

No podemos olvidar al Jesús Gil del jacuzzi en Telecinco, por ejemplo. Y ojo, que ese programa probablemente tenía más calidad que los actuales de la cadena amiga. Tampoco a aquel Jesús Gil que acudía a la televisión para cantar terriblemente. Ni cuando surcó las calles de Madrid a lomos de Imperioso tras la conquista del doblete por parte del Atlético en 1996. Ni a Furia, su cocodrilo.

Ni que entró al mundo del fútbol llamando “burro cano” a Mendoza y “enano de Las Ramblas” a Josep Lluis Núñez. Genio y figura, Jesús Gil fue imitado a rabiar en todos los programas de la época. Y tampoco debe faltar en estas líneas el guantazo que le arreó a Fidalgo, ayudante de Caneda en el Compostela a la entrada de la sede de la Liga de Fútbol Profesional.

Sí, ese es el recuerdo mayoritario de Jesús Gil y Gil entre los españoles. Pero hoy vamos a hablar de otro lado que tuvo el ex presidente del Atlético de Madrid: sus juegos con la corrupción y la ilegalidad. Y lo vamos a hacer centrándonos en el fútbol, sin entrar en todo el tema Marbella y el ‘Caso Malaya’.

La primera vez que se escuchó a nivel nacional el nombre de Gil fue, probablemente, en 1969. Fue condenado a prisión por delito de homicidio involuntario tras un incendio en un comedor de una urbanización en Los Ángeles de San Rafael, de la que era promotor. Murieron 56 personas. Salió de la cárcel indultado en 1971.

Años más tarde, en 1987, se hizo con el control del Atlético de Madrid. Después, en 1991 llegaría a la alcaldía de Marbella. A partir de ahí, empezó la fiesta.

La primera de las historias que vamos a contar se llama ‘Caso Camisetas’. ¿Recuerdan aquella mítica publicidad en las camisetas del Atlético en las que se podía leer MARBELLA? Bueno, pues de ahí viene todo el asunto que trata del desvío de 450 millones de las antiguas pesetas del Ayuntamiento de Marbella al club. Tal cual.

En 2000, Gil y Gil fue condenado a 28 años de cárcel por este asunto. Sin contar con la autorización del Consistorio marbellí, colocó la publicidad de la ciudad en las camisetas. Así era Gil: autorizaba como alcalde poner publicidad, pagando una desorbitada cantidad de dinero, de la ciudad que era alcalde en las camisetas del club que era presidente. Él se lo guisaba, él se lo comía.

Antes de continuar, por cierto, paralelo a esta primera historia está el ‘Caso Saqueo’, por el desvío de más de 26 millones de euros del Ayuntamiento marbellí a empresas privadas. Todo ello en su primera legislatura como alcalde. Es evidente que Gil tenía claras las cosas cuando tomó el bastón de mando.

Tampoco debemos olvidar que en 1999, el club fue intervenido y estuvo en administración concursal. ¿Se acuerdan ustedes de aquel hombre llamado Luis Manuel Rubí? Todo eso en mitad del año fatídico cuando el Atlético descendió a Segunda División.

La segunda etapa de toda esta historia es el llamado ‘Caso Atlético’. Y es un caso que aún colea porque buena parte de la afición colchonera aún mantiene una lucha por quitar la propiedad del club a los actuales dirigentes, Miguel Ángel Gil Marín y Enrique Cerezo, por considerar que es un fraude y que el Atlético debe volver a los socios. Como ven, a día de hoy, la sombra de la figura de Jesús Gil sigue siendo alargada.

Y es que el llamado ‘Caso Alético’ hace referencia a las irregularidades en la compra del club por parte de Gil, en concreto del proceso de transformación en Sociedad Anónima Deportiva (S.A.D). Gil fue considerado de apropiación indebida del Atlético meses después de su muerte. Ah, y de paso también de estafa al club por simular contratos.

Y decimos que Miguel Ángel Gil fue condenado por delito de estafa y Enrique Cerezo como cooperador necesario de un delito de apropiación indebida. Y la historia es que ahí siguen. Y los buenos tiempos que vive el Atlético les ha ayudado a silenciar mediáticamente esta historia aunque hay aficionados que siguen luchando por devolver el club a los socios.

Ya vamos acabando esta historia de corrupción, fútbol y Jesús Gil con la tercera y última etapa en la que nos vamos a centrar. Y es tan rocambolesca que dibuja muy bien la realidad del antiguo propietario del Atlético de Madrid.

Resulta que Gil tenía una deuda con el Atlético de 2.700 millones de las antiguas pesetas o lo que es lo mismo, algo más de 16 millones de euros. Bueno, pues lo que hizo para saldarla fue ceder al club los derechos de cuatro futbolistas que ni eran futbolistas ni era nada. Bueno, y si lo eran, ni mucho menos valían esa cantidad de dinero.

Hablamos del nigeriano Lawal, el senegalés Mbenge, el angoleño Djana y el brasileño Teixeira. Los cuatro, según Gil y según no sé sabé que tasador, valían más de 16 millones de euros. Casi nada. Quizás el caso más conocido sea el de Lawal, que llegó a jugar en el Atlético B, y el equipo pagó 6 millones de euros por él. Un genio, Don Jesús.

Y esa, en parte es la historia de Jesús Gil, el fútbol y la corrupción. Y bien merecía un capítulo para recordar a este hombre que murió en 2004 o, quien sabe, está perdido en algún rincón de Venezuela, como cuenta esa leyenda urbana.

bluebird Comunicación
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