Contador vuelve a saborear una gran Vuelta

El ciclista de Pinto vuelve a sonreír desde lo alto del podio. Dos años después, la Vuelta a España es suya de nuevo. Lo que no ha vuelto a encontrar en el Tour de Francia lo ha hecho en territorio patrio. Ya es la tercera vez que gana esta carrera, y sólo la ha disputado tres veces (2008, 2012 y 2014). Pleno.

Esta vez, lo ha hecho de una forma atípica. Tuvo que dejar el Tour por una caída en la gran etapa de montaña de los Vosgos. Parecía que la temporada había terminado para él, ya que se hablaba de rotura de la meseta tibial y sólo quedaban 40 días para que empezara la Vuelta. Él mismo se descartó, pero empezó a entrenar y vio que era posible estar en Jerez el 23 de agosto. Decía que no podría competir por la victoria, que se conformaría con intentar ganar alguna etapa.

Justo dos meses después de caerse, el maillot rojo ya es suyo. Habrá quien hable de milagro, de recuperación sorprendente, de su calidad como deportista… Sinceramente, cuesta creer que alguien con la tibia rota pueda empezar a entrenar a las dos semanas de la caída y que dos meses después pueda ganar una vuelta por etapas de tres semanas. Suena más a que se exageraron las consecuencias de aquel traspiés, que no era para tanto, y por eso ha podido lograr este importante triunfo.

Le ha salido una Vuelta redonda. Ha sufrido al principio, por andar corto de forma, pero según ha avanzado la carrera su estado ha mejorado y ha quedado como el más fuerte de todos. Eso lo ha sabido refrendar ganando las dos etapas más duras, la de la Farrapona y la de Ancares. En ambas corrió con inteligencia. No se desgastó más de lo necesario, dejó que los demás (principalmente Chris Froome) tiraran o atacaran. Él se limitaba a aguantar y, cerca de meta, soltó el hachazo definitivo para marcharse solo y ganar con autoridad. No ha dado demasiado espectáculo, pero ha sido práctico y resolutivo. También se ha llevado el maillot de la combinada.

Estamos ante la sexta grande de Alberto Contador, tres Vueltas, dos Tours y un Giro. En la carretera ganó ocho, pero el clembuterol se llevó dos de ellas, adjudicadas a Andy Schleck (Tour 2010) y Michele Scarponi (Giro 2011). Ya es uno de los verdaderamente grandes de la historia del ciclismo, pero será inevitable que haya gente que proyecte sobre él una sombra de duda. Dio positivo en pleno Tour y esa mancha es indeleble. La sospecha y la desconfianza son lícitas y lógicas. Y más si tiene como director deportivo a Bjarne Riis, un dopado confeso de la época de la EPO como maná.

El reto, indudablemente, es volver a ganar el Tour. Este año era su objetivo, quién sabe si lo hubiera conseguido. En 2015 la Grande Boucle volverá a ser la carrera en la que centre su año, y allí estarán los Chris Froome, Vincenzo Nibali o Nairo Quintana. Por cierto, tampoco sabremos qué hubiera pasado si el colombiano del Movistar no se hubiera caído en la crono de Borja. Probablemente hubiera sido el gran rival del pinteño, y casi seguro que la Vuelta hubiera sido más bonita.

Y es que la ronda española empieza a cansar con su fórmula del final en cuesta. Lo venden como una manera de incrementar el espectáculo, pero al final se ve que casi nunca se marcan diferencias importantes. Sí, eso povoca que la carrera sea igualada hasta el final o casi, pero se echa en falta un recorrido más clásico, con etapas realmente duras y más largas en determinados momentos. Es obvio que no se puede construir la Vuelta como el Tour, porque partimos de la base de que nuestra montaña no se puede equiparar con la que tienen en Francia, pero sí tenemos la suficiente para que se vean etapas absolutamente espectaculares. Los ciclistas también tienen que poner de su parte, está claro, pero es más fácil conseguirlo con un buen trazado.

Chris Froome, el otro derrotado por caída en el Tour, se ha quedado con el segundo puesto. No es lo que venía a buscar, y su estado físico era mejor que el de Contador, en teoría. Su extraño rendimiento en la crono, provocado por tener muchos kilómetros de descenso y no ser el keniata un gran bajador, fue el principio del fin. Era el día de meter diferencias, y sin embargo perdió 53 segundos con el ciclista español. En la montaña no fue capaz de recuperar, su gran rival ya estaba crecido y sólo ha conseguido derrotar a Alejandro Valverde y Purito Rodríguez en la lucha por ser segundo. Es la tercera vez que corre la Vuelta y la segunda vez que acaba segundo.

Lo de esos dos corredores españoles es un caso sorprendente. Su resistencia empieza a ser muy llamativa. El murciano tiene 34 años, ha disputado el Tour hasta el último día (acabó cuarto) y aún así ha logrado hacer podio en la Vuelta, además de ganar una etapa. Lo normal sería que se hubiera desinflado al final, en la última semana, pero lo ha hecho de una forma casi imperceptible. El catalán tenía como objetivo el Giro, pero una caída en la primera semana le retiró de la ronda italiana. Corrió el Tour sin aspiraciones en la general, con el objetivo de lograr un victoria de etapa que no llegó e intentar llevarse el maillot de la montaña, pero tampoco pudo ser. Se metió en varias fugas pero no tuvo la acumulación de esfuerzos de alguien que compite por la victoria final. En la Vuelta se ha quedado sin podio y sin etapa, pero ha sido cuarto a sus 35 años, una extraña edad para luchar por estos objetivos.

Fabio Aru ha confirmado las sensaciones del Giro. Allí fue tercero y ahora en la Vuelta ha sido quinto, pero con una nómina de rivales muy potente. Por si esto fuera poco, el italiano ha ganado dos etapas, en las llegadas en alto de Aralar y Monte Castrove. Parece que Italia ha sacado otra estrella del ciclismo. Tiene 24 años y podría ser el gran enemigo de Quintana en los próximos años.

Merece una mención especial John Degenkolb. El esprinter alemán ha sacado partido al recorrido, escaso de previsibles volatas, y se ha llevado cuatro etapas y el maillot verde de la regularidad. Le gusta la Vuelta y se le da bastante bien. Otro esprinter, el francés Nacer Bouhanni, se ha llevado dos.

Luis León Sánchez ha sido protagonista, se ha metido en varias fugas aunque no ha logrado ningun etapa, pero sí el maillot de la montaña. Y el Katusha, no ha ganado nada ni ha logrado el podio, pero al menos se lleva la clasificación por equipos.

Habrá que esperar unos meses para conocer el recorrido de la próxima edición de la Vuelta.  Parece que saldrá de la Costa del Sol, y se supone que Madrid volverá a ser el final. Ojalá que reviertan un poco la tendencia y quede realmente atractivo.

La imagen que acompaña este artículo es de Simon Carr ©

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