Por olvidar lo que somos

En la vida no hay pasión más cruel que el fútbol. Y no hay mayor pecado que perderse una pasión por no entenderla. Anoche, el Bayern pecó por vez enésima de no entender de dónde viene y lo que son. Ese lema de Baviera que reza tan tajante «Mia San Mia», «somos lo que somos», y que el club más grande de Alemania lleva como estandarte, nunca es tan cierto como en las noches en las que el Bayern parece olvidar que, para dominar una pasión, primero hay que saber entenderla. Algunas veces no hay mayor crueldad que ser el Bayern.

El Bayern es lo que es. He visto al Bayern de Múnich ganar partidos en diez segundos y perder campeonatos en cinco. Ni tan siquiera el mejor y más perfecto momento de forma de este equipo puede proporcionar un mínimo de tranquilidad a sus seguidores, porque el Bayern es lo que es, gana a lo grande, pero pierde a lo inmenso. Perdió una Champions en dos minutos en el Camp Nou, otra más en el mismísimo Allianz en el único tiro a puerta que recibió en contra, y anoche tiró por el sumidero un partido perfecto en cinco segundos de despiste. El Bayern es lo que es, y el Bayern es esto. Y el Atleti es lo que es, el preclaro estandarte del don que todos quieren y pocos tienen de la eficacia, del oportunismo. Si no es esta, no es ninguna, pero la Champions debe llevársela, esta vez sí, el Atlético de Madrid.

Al Bayern se le olvidó que vive de rodillas y colgado de su fama. Se le olvidó que el renombre no gana partidos, pero los hombres sí lo hacen. Y para cuando quiso recordarlo, ya era tarde. Ya habían concedido un gol en un despiste absurdo, en el segundo tiro a puerta del Atlético, ya habían estrellado un penalti contra el cuerpo de un titán con la camiseta de Jan Oblak, y ya habían empezado a darse cuenta de que, obviamente, la posesión no gana partidos, pero los goles fuera de casa sí lo hacen. El renombre no, los hombres lo hacen. Demasiado tarde. Para cuando el Bayern comenzó a creer que el camino a Milán estaba ya asfaltado, Griezmann noqueó a toda Baviera para recordarles el famoso «Mia San Mia». «Somos lo que somos», se repiten a sí mismos cada día de partido, y aunque lo saben, a veces lo olvidan.

Y, sin embargo, para los bávaros fue un partido irreprochable. Neuer es un titán infinito que decidió empequeñecer la figura de los que son como él hace ya un tiempo. Ribéry es incombustible aún en su propio ocaso. Xabi Alonso aporta cosas que hacen echar poco de menos a Schweinsteiger. Y en cuanto a Philipp Lahm, pues miren, mejor que este chico a lo largo de la historia sólo lo ha sido Messi en un par de ocasiones, pero poco más. Tampoco hay que olvidar que somos lo que somos.

En la vida no hay pasión más cruel que el fútbol. Y no hay mayor pecado que perderse una pasión por no entenderla. Por eso el Atleti es lo más puro que existe sobre un gigante tapiz verde, porque entienden su pasión mejor que nadie. Y porque si no hay en esta vida pasión más cruel que el fútbol, ellos ya se han doctorado en crueldad y sufrimiento. Y, al contrario que en Múnich, en Madrid no lo olvidan, pues de recuerdos infaustos gustan alimentarse tanto en el sur de Baviera como en la ribera del Manzanares. Y ahora en uno de estos dos lugares ya sabemos que no aterrizará la Orejona. En el otro, ya veremos. Ojalá.

Fotografía: Richard Cawood ©

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