Australia corta la hegemonía de Nueva Zelanda antes del Mundial

Cada cuatro años, como en el fútbol, el rugby tiene su competición más importante. Inglaterra se prepara ya para acoger la cita, a partir del 18 de septiembre, pero en verano hay que ver primero el gran torneo del hemisferio sur. El Rugby Championship tiene prevista una excepción, que es precisamente el año de Mundial. En vez de liguilla a doble ronda, se juega una sola, para acortar su duración y tener el tiempo suficiente de preparación para la gran cita del 2015. Así pues, ha tenido tres jornadas este año en lugar de seis, a la que se añade una cuarta, pero sólo como preparación para el Mundial. En el caso de Australia y Nueva Zelanda, para dirimir la Bledisloe Cup anual. En el caso del enfrentamiento entre ArgentinaSudáfrica, será un amistoso simplemente. Esos dos partidos extra se podrán ver el próximo sábado.
El comienzo del torneo se produjo en Christchurch, la ciudad principal de la isla sur neocelandesa. Argentina ya ganó el año pasado, al fin, su primer partido en este torneo, en casa ante los australianos. Esto era más complicado. Se propusieron aguantar todo lo posible, y durante la primera parte las cosas funcionaban. Los All Blacks iban directos al objetivo, pero cuando el rival tenía fuerzas los agujeros no aparecían. Lo malo de enfrentarse al mejor equipo del mundo es que cerrarle las puertas del ensayo suele costar faltas.
Mediante golpes de castigo fueron los locales los que llevaban la iniciativa del partido, pero los Pumas no bajaban los brazos. Sin embargo, les abrieron las costuras mediado el primer tiempo. Una larga jugada neocelandesa acabó en manos del capitán Richie McCaw, que logró el primer ensayo del partido. Dan Carter no aprovechó para transformar, pero ya se abría el marcador hasta un 11-3 ligeramente peligroso.
Argentina mantenía sus contantes vitales, aunque no lograba crear demasiada sensación de peligro en su rival ni en el público del AMI Stadium. Defenderse ante esta marea negra de jugadores, tan potentes, tan veloces, tan técnicos, resulta agotador. Y los All Blacks se dedicaron a madurar al rival hasta lanzar su ataque total en el momento clave, la última jugada de la primera parte. Ma’a Nonu, menos resolutivo que de costumbre en los últimos tiempos, agarró el balón, se quitó de encima a tres defensores distintos y posó el oval en la zona de marca.
Pero lo peor estaba por venir para los Pumas. Nada más arrancar la segunda parte, otro ensayo que les enterraba en el marcador. Ya no había nada que hacer, salvo volver a casa con la honra intacta. El capitán Agustín Creevy se encargó de ello,al lograr dos ensayos que arreglaron un poco la derrota. El marcador señalaba 39-18 a la conclusión del partido, una diferencia bastante lógica en un partido como este.
Más sorprendente fue el otro partido de la primera jornada. Sudáfrica, por segundo año consecutivo, se dejó sorprender en los minutos finales en campo australiano. Defendieron su estilo, porque apenas ofrecían oportunidades claras a los Wallabies de poder hacer ensayos, y eso acaba produciendo que los puntos caigan del lado de los Springboks. La actitud de Australia, sin embargo, no era la de un equipo que fuera a rendirse. Precisamente la victoria del año anterior era un buen ejemplo que tener presente en la memoria.
El 7-20 que se instaló en el electrónico al comienzo del segundo tiempo apagaba ligeramente el ánimo de los espectadores del Suncorp Stadium de Brisbane, pero los de Michael Cheika siguieron a lo suyo, sin arrojar la toalla, esperando un poco de relajación en un rival que podía imaginar ya que el partido clave era el siguiente, en casa ante Nueva Zelanda. Sería esa la cita que podía decidir el torneo.
Pero en un partido de rugby, cuando queda más de media hora por jugar, no se pueden bajar los brazos. El orgullo australiano les hizo empujar, intentar acular a los sudafricanos para repetir la hazaña. Los minutos pasaban y la actitud local no terminaba de traducirse en puntos que recortaran la diferencia, aparte de un golpe de castigo transformado por Quade Cooper, el controvertido apertura de los Wallabies, capaz de genialidades, pero también de acumular varios errores a lo largo de un partido. Sudáfrica lo fiaba todo a su excelente defensa, la mejor del planeta, pero el paso de los minutos acaba incrementando el cansancio y el guión guardó la sorpresa hasta los minutos finales.
Los Springboks concedían muchas faltas, pero lograban aguantar con su zona de marca a salvo. Hasta que Michael Hooper lo lograba en el minuto 74. 17-20 y seis minutos por jugar. La heroica en marcha, pero con dudas en el terreno de juego sobre cómo ejecutarla, porque eligieron lanzar a palos con poco más de un minuto de tiempo reglamentario por jugarse, pero Matt Giteau se quedó corto en la patada. Un minuto después cambiaron de idea y lanzaron a touche tras otra falta de los sudafricanos. Tras mucho empujar, en una jugada agónica, encontraron el ensayo de Tevita Kuridrani, después de que el juez de vídeo tuviera que ver detenidamente las repeticiones para poder concederlo. Giteau anotó la conversión, que ya simplemente era el broche de oro a otra remontada épica. 24-20 y metidos los australianos de lleno en el torneo.
Aún así, el Sudáfrica-Nueva Zelanda de la segunda jornada había que verlo. En la edición de 2014 del torneo se produjo la última derrota de los All Blacks a manos de los Springboks, en un partido que ya no tenía trascendencia porque los de Steve Hansen llegaron a Johannesburgo con el título en el zurrón, pero se vieron derrotados por un postrero golpe de castigo en un partido magnífico. Y con plena motivación afrontaron este nuevo duelo los de Heineke Meyer, dispuestos a dar un golpe en la mesa que acallara las críticas por la derrota en Australia y demostrar, ganando por segundo año consecutivo a los neocelandeses, que se puede contar con ellos de cara a ese Mundial que ya espera a 20 selecciones en tierras inglesas.
Sin embargo, 80 minutos frente a los All Blacks son muchos. Su potente físico aguanta a un alto nivel y en las segundas partes se imponen habitualmente a sus rivales. Y esta no fue una excepción. Fueron a remolque buena parte del choque, y tuvieron que aguantar 10 minutos de inferioridad perdiendo 20-17 mediada la segunda parte, pero sacaron el genio que llevan dentro con una touche sacada por bajo para que el capitán McCaw ensayara y les pusiera por delante. Un golpe de castigo al final les garantizó el triunfo por 20-27. La espinita de 2014 fuera y sus opciones de ganar el torneo por cuarta vez consecutiva (de cuatro ediciones, hasta 2011 era Tri Nations y Argentina no lo disputaba), intactas. A Sudáfrica ya solo le quedaba la opción de ganar el último partido, ante Argentina y ante su público.
Australia viajaba hasta el país sudamericano con los fantasmas de 2014 en la maleta. Aquella era la tercera edición en que los Pumas disputaban el torneo, y lograron al fin su primer triunfo ante unos Wallabies que volvían a casa con esa huella imborrable en su curriculum. En esta ocasión la película fue muy diferente. Con el extra de motivación de poder jugarse el triunfo final en su casa ante los neocelandeses, el equipo de Cheika tomó la iniciativa desde el principio, y desde el primer ensayo, logrado por Joe Tomane en el minuto 16, ya no perdieron nunca la delantera en el marcador.
Los argentinos se agarraron al partido como pudieron, pero los de Daniel Hourcade no mostraron su mejor cara, y y en la segunda parte terminaron arrollados, sin poder hacer ni un solo ensayo en todo el partido y con un 9-34 que les sacaba los colores. Esta es una demostración de que los Pumas aún no consiguen estar a la altura de los grandes con regularidad, aunque hay partidos donde sí meten el miedo en el cuerpo a los cracks del rugby mundial.
Así las cosas, la tercera jornada tenía un partido de disputa y otro de honor. En Sidney, el duelo oceánico decidiría el campeón, y en Durban Sudáfrica ponía en juego su prestigio ante una Argentina sin nada que perder y queriendo resarcirse de la mala imagen del segundo partido.
Nueva Zelanda controló la primera parte. No pudo mostrar su superioridad como acostumbra, en parte por cometer varios errores en el juego a la mano, una faceta que deberán tener muy bien cuidada en el Mundial si quieren lograr lo que les falta: llevarse una cita mundialista fuera de su territorio. Australia, por su parte, jugó con el cuchillo entre los dientes, aunque no quisieron arriesgar demasiado en un principio para evitar que el marcador mostrara muy malas noticias para ellos. Sin ensayos en el primer tiempo, el partido se marchó al descanso con un 3-6 que era muy buena noticia para los locales. Estaban plenamente metidos en el encuentro.
Hay que decir que no se trató de 40 minutos muy vistosos, pero eso cambió tras el descanso. El choque se convirtió en un toma y daca sensacional, con la alternativa en el marcador como constante. Pero sí se pudo constatar una muy buena noticia para el rugby: Australia está lista. Tras un sinfín de problemas en los últimos tiempos, y tras cambiar de seleccionador a la conclusión del Rugby Championship 2014, los Wallabies parece que son otro de los candidatos al Mundial, si bien deberán superar un grupo de una dureza elevadísima (con Inglaterra, Gales, Fiji y Uruguay como rivales). Y es que sí arriesgaron más, pero la jugada les salió bien porque en ataque han logrado un puntito de paciencia que les hace encontrar el hueco. Claro, conBernard Foley, en vez de Cooper, como apertura.
En el primer tiempo tuvieron una tarjeta amarilla, y eso supuso un golpe de castigo transformado por los All Blacks. En el segundo vieron otra, y esta vez el castigo fue un ensayo, aunque ellos ya habían aprovechado la misma circunstancia de la misma forma unos minutos antes. Y aún con uno menos, y por detrás en el marcador (10-14), pudieron ensayar por medio de Adam Ashley-Cooper.
Quedaba trabajo por hacer. El ala debutante neocelandés Nehe Milner-Skudder ya había hecho un ensayo, y logró un segundo para poner el 17-19, con un cuarto de hora por jugar. Preciosa situación de torneo. Nic White, el medio de melé que salió en la segunda parte sustituyendo a Nick Phipps, tomó inesperadamente el protagonismo. Primero metiendo un golpe de castigo larguísimo para adelantar a su equipo, y después logrando un ensayo de tipo listo y la posterior transformación para sentenciarlo y dejar el definitivo 27-19 en el electrónico. En los minutos finales, los All Blacks ya intentaban la remontada más por obligación que por convicción, viendo que un ensayo no era suficiente para ganar. El ANZ Stadium estalló de júbilo al final, porque tras cuatro años de penurias volvían a vencer el gran torneo del hemisferio sur, y lo hicieron en una demostración defensiva muy a tener en cuenta ante el mejor equipo del mundo.
Nueva Zelanda tiene la presión para el Mundial. Es el gran favorito, el actual campeón, y una de las selecciones más competitivas que ha dado el rugby nunca. La lectura positiva de este torneo para los de Hansen es que el técnico ha hecho diversas pruebas, no han jugado siempre con su equipo titular al completo y aún así han estado muy cerca de volver a ganar el torneo. Seguro que en la gran cita les veremos al máximo y eso significará que cualquier rival tendrá que hacer un partido casi perfecto para poder derrotarles.
Lo que sí ha logrado uno de los buque insignia de los All Blacks es alcanzar un hito mágico. Carter, el apertura, que ya era el máximo anotador de la historia en los partidos internacionales, llegó en Australia a la cifra de 1.500 puntos, gracias a los tres golpes de castigo que anotó. Se trata seguro de uno de los mejores de todos los tiempos, y en Nueva Zelanda están muy pendientes de su estado físico de cara al Mundial, pues puede ser la clave del éxito de su selección.
Faltaba una última cita para dar por concluido el torneo. Argentina se plantaba en el Growthpoint Kings Park de Durban con homenaje a sus predecesores los primeros Pumas, la selección que ganó a los juniors sudafricanos hace 50 años. Y ellos se sumaron al homenaje haciendo un partido memorable. Ensayo nada más comenzar de Marcelo Bosch, y después una actuación memorable de su ala Juan Imhoff, que firmó tres ensayos más.
La defensa sudafricana no dio la talla. Dejó huecos y errores incomprensibles, y es en esas situaciones cuando los Springboks sufren más, pues no consiguen desplegar el juego de ataque como más le gusta, contragolpeando. Argentina se movía como pez en el agua, se crecían viendo que podían ganar el partido, y su ventaja aumentaba sin parar, hasta el momento en que más retratados quedaron los locales, nada más arrancar el segundo tiempo, con una remontada difícil por delante, no se dieron cuenta de un saque con el pie de un golpe de castigo e Imhoff completaba su triplete, y la transformación deJuan Martín Hernández ponía un 13-34 que obligaba a frotarse los ojos. Casi toda la segunda parte por delante y se trataba de minutos de la basura.
Sudáfrica maquilló el resultado y lo dejó en 25-37, pero hacía falta mucho más maquillaje para ocultar la realidad. Los Springboks han naufragado en el torneo, han perdido los tres partidos, han terminado últimos y han cedido una derrota en casa y con punto bonus (por cuatro ensayos) ante el equipo más débil, que por primera vez en cuatro participaciones no cierra el Rugby Championship en la cuarta posición. Australia se llevó un sonrojo en 2014, pero esto de los sudafricanos es aún peor. La primera consecuencia de esto es que los de Meyer dejan de ser la segunda mejor selección del mundo, y ahora son quintos, por detrás de Nueva Zelanda, Irlanda (campeona de los dos últimos Seis Naciones), Australia (que sube del quinto al tercer puesto) e Inglaterra. Decepcionante de verdad, y con necesidad de encontrar algún jugador para los puestos bisagra (medio de melé y apertura) que dé mayor agilidad a su juego. El papel de Handré Pollard, el 10 del equipo, en este partido, fue decepcionante.
Los Pumas, por su parte, han dado un paso más en su adaptación al Rugby Championship. Esta es su primera victoria a domicilio en cuatro años. Habían estado cerca un par de veces, pero esta vez han dado un golpe que les debe llenar de moral. Les sigue faltando consistencia y sobre todo regularidad para poder pelear por quedar más arriba, sobre todo si pensamos que este torneo ha sido la mitad de largo. Este resultado en Sudáfrica no garantiza que, a seis jornadas, no hubieran terminado de nuevo últimos, pero el optimismo es normal en los hombres de Daniel Hourcade, que levantaron los brazos en un día muy especial tras derrotar, por primera vez en su historia, a los Springboks. Sus posibilidades de ganar el Mundial son posiblemente nulas, pero se puede soñar con las semifinales, como ya hicieron en 2007, el Mundial donde le quitaron el tercer puesto al equipo anfitrión, Francia. Ahí arrancó esta época dorada del rugby argentino, los próximos años nos tienen que decir si esa época se alarga, si crece aún más o si se acaba disipando.
bluebird Comunicación
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