Aquella Eurocopa de Luis

Han pasado ocho años desde aquel verano que cambió todo para el fútbol español. Casi nada. El próximo 29 de junio podemos encontrar en las efemérides de los periódicos que han pasado 2.922 días desde que Iker Casillas alzó la Copa de Europa de Naciones al cielo de Viena. Fue la Eurocopa de Luis.

Nadie nos esperaba ni en Suiza ni en Austria. Fue aquel verano en el que decir «¡Podemos!» significaba soñar con ganar la Eurocopa. O, tal vez, con poder pasar de cuartos de una vez por todas. ¿Pasar de cuartos? ¿Recordáis aquella angustia que transmitía España siempre en los grandes torneos?

Veníamos de un Mundial en Alemania en el que nuestra prensa se había reído de Zidane. Y el astro francés nos ajustició. Luis Aragonés tomó nota y eliminó todo aquello que molestaba en el vestuario. Había visto la luz pero antes tenía que cortar de raíz algunos vicios. Se soltó lastre y vino una de las polémicas más grandes que recuerda nuestro fútbol, pero el tiempo encumbró a Luis e hizo callar a todos aquellos que se pasaron dos años molestando a la Selección.

Entonces llegó aquel mes de junio y todo cambió. Se empezaba a hablar del tiki taka, pero nadie contaba con que Xavi Hernández iba a convertirse en el más grande director de orquesta que nunca había pisado un campo de fútbol. Y que nuestros futbolistas iban a convertir en arte esto de jugar a la pelota. Lo nunca visto.

Se destrozó a Rusia en el primer partido de la primera fase. Después se venció a Suecia y nos vengamos de Grecia. Fue la fase de grupos de David Villa. El asturiano se consagró como el auténtico 7 que necesitaba España y abanderó el ataque español mientras Xavi, Iniesta y compañía se dedicaban a mantener la melodía. Sin olvidarnos de la espectacular contribución del histórico Marcos Senna.

Después vendrían los cuartos de final. La frontera psicológica. La maldición. La eterna desdicha del fútbol español. Pero todos veíamos que algo diferente había en nuestros jugadores y no sólo era la manera de jugar, también era una cuestión de actitud. Pero Italia es Italia y se nos atragantó. Llegamos a los penaltis y seguro que muchos pensaron aquello de «hasta aquí»…

Pero no. Todo iba a cambiar en aquella tanda. Casillas se hizo grande, mucho más grande de lo que había sido hasta ese momento, y Cesc acabaría dando la puntilla. Así acabó, de un plumazo, todas aquellas leyendas negras de ese equipo. Así empezó la mejor época del fútbol español en toda su historia. Aunque, claro, en ese momento no éramos conscientes de lo que iba a llegar…

En semifinales vendría el reencuentro con Rusia. Nadie apostó por que el partido fuera tan parecido… Pero lo fue. Ni a España, ni a Luis ni a nadie les pesaba estar en unas semifinales. Se volvió a destrozar a Rusia con goles de Xavi, Güiza y Silva. Y sí, España llegaba a una final de un gran torneo desde 1984. Varias generaciones de españoles podrían ver, por primera vez, a su selección ganar algo.

En la final nos esperaba Alemania. ¿Seríamos capaces de alterar el orden establecido y vencer a un equipo tan grande en un partido tan importante? Había mucho miedo pero también la convicción de que algo había cambiado al pasar de cuartos. España salió sin complejos al césped del Ernst Happel y la historia cambió.

Era el minuto 33 del encuentro cuando Xavi encontró a Fernando Torres. Éste se hizo paso entre la zaga alemana y la metió pegada al palo batiendo a Lehmann. Y fue gol. Un tanto que pasaría a la historia junto a aquel de Marcelino que teníamos ya tan desgastado.

Finalizó el partido y vino la locura. Las calles españolas se llenaron de aficionados que todavía no sabían muy bien si aquello era real o era un sueño. Seguro que muchos no tenían muy claro si el balón de Torres había entrado o la había sacado el meta alemán. Pero ahí estaban miles de personas: en el centro de sus ciudades, bañándose en fuentes y celebrando que España había ganado la Eurocopa.

Luego llegaría Madrid, aquello del camarero, un Mundial, otra Eurocopa, un fracaso en Brasil y ahora las dudas del partido frente a Italia en los octavos de final de la Euro 2016. Sí, han pasado muchas cosas. Pero nadie podrá conseguir que olvidemos aquel verano de 2008, aquella noche en Viena y esa Eurocopa de Luis Aragonés.

Un Luis Aragonés que ya no está entre nosotros, pero que merece eterno homenaje de un fútbol español que cambió gracias a él. Fue Luis el único capaz de ver cuál era el camino a seguir y se aferró a esa idea pese a las críticas. Y nos llevó hasta el olimpo del fútbol tocando el balón, con goles y con una Eurocopa que, por mucho tiempo que pase, jamás olvidaremos. Gracias eternas, Luis.

Fotografía: David Yerga ©

bluebird Comunicación
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