Alemania o una cuestión de justicia

Final del Mundial de FútbolTenía que ganar Alemania. Sí o sí. No había otra posibilidad por el bien del fútbol. Y no sólo por este Mundial sino por los últimos años. Después de España, la generación alemana comandada por Löw ha sido un ejemplo de juego y actitud en un terreno de juego. Alemania merece este título. Dos semifinales y dos finales en los últimos cuatro torneos. Nadie ha alcanzado eso. Nadie. Y una final en 2002 en aquel partido que decidió Ronaldo con un peinado terrible. ¿Lo recuerdan?

Pero volvamos a 2014. Alemania es merecida campeona del mundo, siendo la primera selección europea en vencer en terreno americano. Historia. Ya hizo historia en semifinales humillando a la impotente Brasil, un equipo que no habría pasado de la fase de grupos si el campeonato se hubiera celebrado en cualquier otro lugar del planeta. Götze hizo historia. No fue en el minuto 116 sino en el 112. Pese a Mascherano y Biglia. Porque eso fue Argentina: Mascherano y Biglia. Y un poco de Demichelis y Garay. Porque Higuaín jugó en fuera de juego. Agüero está muy lejos de ser el Kun. Y Di María, la única esperanza de la albiceleste no estaba en el partido.

Pero no, no me olvido de él. Messi. El futbolista. El ídolo. La leyenda. Pues ya no es tan ídolo. Está muy lejos de ser leyenda. Y cada día está más claro que se acerca más a ser un ex futbolista. Deambuló sobre el terreno de juego como en los últimos dos años. No corrió. Y vomitó. Esos extraños vómitos que algún día alguien tendría bien a explicarnos. Era el Mundial de Messi. También de Neymar. Pero ni una cosa ni la otra. El fútbol quiso ser justo por una vez y el triunfo fue para los que de verdad jugaron a la pelota en este torneo.

La final no fue nada del otro mundo. Como todas las finales de los mundiales. Fue tosca. Difícil de jugar. Con más miedo que ideas en los dos equipos. Con minutos buenos de Argentina y un dominio tenso de los alemanes a lo largo de los 120 minutos. Aunque esa superioridad argentina tuvo más que ver con un bajón alemán que con otra cosa. Llegó la prórroga y Argentina se la jugó a los penaltis. Y eso nunca suele salir bien. Sobre todo si juegas con diez porque tu número 10 decide esconderse y no querer saber nada del balón. La campana no suena tantas veces y esta Alemania no era Holanda. Si los chicos de Van Gaal hubieran tenido la mitad de hambre que Alemania habrían fulminado a Argentina. Pero este Mundial, que era el de Messi y el de Neymar, fue el de Alemania. Que jugó la final sin Zinedine Khedira. Pero sí estaba Kroos que quizás jugó su partido más discreto. Ni siquiera mito Klose pudo marcar. Tuvo que ser en una jugada de esas que suelen decidir las finales. Una genialidad de control de Götze y un remate veloz decidió un partido y otorgó la cuarta estrella a Alemania.

Messi se queda en su propio recuerdo. Cada día se parece más a aquel Ronaldinho que poco a poco se fue apagando. Las risas llegan cuando le otorga el título de Mejor Jugador del Mundial y todo el mundo se ríe de ti. Flaco favor le hizo la FIFA a Messi dándole este galardón. Una vergüenza. Pero Alemania levantó la Copa y eso es lo que importa. No lo que decidan Adidas y los señores de la FIFA para humillar un poquito más a Messi. En Maracaná venció el fútbol.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Raquel G. Ibáñez.

bluebird Comunicación
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