Vuelve Rocky

“Nada termina hasta que tú sientes que termina”, decía Rocky Balboa en la sexta parte de una saga inolvidable. Lo decía de esa manera tan suya, de esa manera que hace que tú empatices, te lo creas y sientas que no todo está perdido, que si tú quieres puedes galopar por las calles de Philadelphia hasta alcanzar ese sueño que quizá se encuentre en la cima de unas escaleras urbanas. O, al menos, así lo siento yo, que en los días malos salgo de la ducha, me pongo la capucha del albornoz y le hago la mirada del tigre al reflejo que me devuelve el espejo.

Rocky no es un personaje, Rocky es uno de mis referentes vitales desde que, de muy niña, me dedicaba a ver sus películas una y otra vez en la mejor de las compañías, la de mi hermano. Hoy ‘Rocky’, mañana por la mañana ‘Rocky II’, mañana por la tarde ‘Rocky III’ y pasado ‘Rocky IV’ (y el miedo que nos daba el protector dental negro de Ivan Drago). En el pack de vhs que desgastamos de tanto verlo todavía no estaba ‘Rocky V’, una pena.

Nos sabíamos los diálogos, todavía hoy nos los sabemos y, si queremos robarnos una sonrisa, basta con que uno le diga al otro, “¿eres Apollo?”, emulando esa escena en el hospital después del grandioso combate de la primera cinta —“¡Adriaaaaaaaaaaaan!”—. Nos gusta Rocky, porque Rocky es algo que muy pocos somos, Rocky es un buen tipo. Ahí reside su grandeza y mi admiración.

Así que anoche, cuando me enteré de que, efectivamente, nada termina hasta que tú sientes que termina, porque Rocky vuelve el año que viene, sentí una gran alegría, claro. En enero comienza a rodarse ‘Creed’, con el nieto de Apollo como protagonista, que será entrenado, por supuesto, por Rocky Balboa. Seguro que echaremos de menos a Mickey, cómo no hacerlo, ese viejo cascarrabias que nos robó el corazón para siempre. No lo entenderás si nunca le has dicho a un amigo “levántante, hijo de puta, Mickey te quiere”.

Pocas películas han conseguido que salga del cine tan emocionada, tan enternecida y habiéndomelo pasado tan bien como con ‘Rocky Balboa’ y ‘Rocky’ —bendita seas, Phenomena Experience. Las otras cuatro siempre serán el precioso recuerdo de dos hermanos en el salón de su casa—. Allí vibramos con cada puñetazo, aplaudimos con cada pequeña victoria y sonreímos sin parar, porque, además de un buen tipo, Rocky es muy gracioso: “Eh, amigo tigre”.
Estoy deseando volver, sentarme en el patio de butacas y dejar que se me erice la piel con los primeros acordes del ‘Gonna fly now’.

bluebird Comunicación
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