«No creo en un cuerpo femenino que no pertenece a la mujer»

Virgine Despentes
Virgine Despentes. Fundación Telefónica ©

Virginie Despentes (Nancy, 1969) visitaba esta semana Madrid con motivo de la presentación del tercer y último volumen de la trilogía ‘Vernon Subutex’ (Literatura Random House). La misma casa ha reeditado, también, su mítico ensayo ‘Teoría King Kong’, manifiesto feminista aparecido en 2006 que para muchas lectoras supuso un antes y un después.

En la Fundación Espacio Telefónica, el día de San Valentín, el aforo se completó enseguida para ‘Virginie Despentes. Amor King Kong’. La charla entre la periodista Lucía Lijtmaer y la escritora y cineasta francesa discurrió entre libros, política, feminismo, cine, acoso machista o incluso de la maternidad subrogada y feminismo neoliberal, entre otros asuntos.

Dice Lijtmaer de la autora: «Feminista, lesbiana, exprostituta. Novelista, punk, rockera. Lo que sabemos de Virginie Despentes se puede enunciar en sintagmas, y siempre son subversivos». ‘Vernon Subutex’ (más de 500.000 copias vendidas; el primer tomo ya lo recomendamos aquí), dice Virginie, no es una radiografía nacional, sino más bien una foto de grupo de París. La trilogía, ya cerrada, habla de marginalidad, de una generación decadente, de la precariedad; esa que, asegura la autora, no ha sido un fruto político, sino un esfuerzo de gobierno, y que vaticina que se hará más difícil en lo que denominó una «situación de siniestro cotidiano». Un libro muy rock&roll, en palabras de Lijtmaer —Vernon, el protagonista, trabajaba en una tienda de discos antes de quedarse en paro; cosa que también hizo la propia autora—. Asimismo, la conciencia de clase es una constante en el libro. «Me parece algo nuevo esta rabia de los ricos contra los pobres. Parece que de un tiempo a esta parte [en Francia] se ha hecho políticamente correcto ser, por ejemplo, machista u homófobo porque eso significa que luchas por tus derechos».

Personajes variopintos —heteros, LGTB, musulmanes, católicos, ricos y pobres, hombres y mujeres con doble vida…— insertos en una sociedad satírica y deformada insoportablemente contemporánea.

¿Y qué hay de ‘Teoría King Kong’? «No volvería a escribir este libro», confiesa la autora. «Hasta que lo escribí, tuve una relación muy dura y conflictiva con el público francés. Lo escribí con miedo. Pero en estos diez años ha cambiado mucho el panorama feminista, el panorama queer… Me sorprende que se siga pudiendo leer». Con todo, la vigencia del ensayo es impresionante. Sobre todo sus primeras líneas pueden recitarse casi de corrido: «Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica […] Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes […] Yo hablo como proletaria de la feminidad […]»…

Los medios le preguntan mucho acerca del #MeToo y de lo que se ha llamado «feminismo puritano» que puso a Catherine Deneuve en el candelero el mes pasado. Señala Despentes que nunca hubo un movimiento feminista internacional, «una fuerza desconocida por parte de mujeres jóvenes que no se disculpan por ser feministas». Sin embargo, alerta sombríamente, un cuerpo femenino debe sentirse siempre en terreno peligroso. «Hace diez años no se hablaba tanto [de lo que nos pasaba o nos había pasado], era mucho menos común. Es muy importante que lo hagamos». Roto el hielo, muchas voces –famosas y no famosas- ya hablan sin miedo y señalan. Empiezan a rodar cabezas en lo que el cineasta Michael Haneke ha denominado una «caza de brujas». ¿Qué hacer con el arte de hombres repulsivos?, pregunta Lijtmaer a Despentes. Oliver Stone, Harvey Weinstein, Woody Allen, Bill Cosby… cada día nuevas acusaciones se levantan contra actores, directores y demás artistas. «No tenemos que admirar a toda la gente que hace obras. No son nuestros padres simbólicos, ni tienen que ser ídolos. Pero aquí hay un cambio histórico: antes no era grave, y ahora nos planteamos que sí, como [sería igual de grave] un error político», dice la escritora.

En lo tocante a la combinación de mujeres que encuentran un modo de comunicación en las redes sociales, «cuando queremos hablar, nuestras palabras ya no pasan por la aprobación de un hombre».  Afirma Despentes que definitivamente sí, el feminismo ha cambiado el mundo: «Antes, muchas cosas eran impensables», de modo que sí, estamos haciendo historia. Y agrega unas palabras que deberían encabezar cualquier credo feminista: «No creo en un cuerpo femenino que no pertenece a la mujer».

bluebird Comunicación
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