El verano sí es para el cine

El verano sí es para el cine. Y no, no me voy a poner ñoña recordando aquellos maravillosos cines de verano al aire libre, sino que os voy a invitar a dar un paseo por aquellas películas inolvidables que tienen lugar en la estación más bonita del año.

Pauline en la playa

El maestro Éric Rohmer lo vuelve a hacer: mostrarnos la belleza de la sencillez. Aquí, la nostalgia del verano, de la ingenuidad que, por mucho que nos empeñemos, perdemos, del romanticismo. Como mirar el horizonte desde la arena mientras las olas se van calmando. Pura ternura.

El graduado

Inolvidable, por sus excelentes interpretaciones, por una sublime banda sonora, por aquellos veranos en los que volvíamos a casa tras el curso universitario un poco más conscientes de la hipocresía de la sociedad. Y, como casi siempre, el amor, que no lo puede todo.

Héroes

Quien lo probó, lo sabe. Y quien no lo probó, me apena. Volver al pueblo, verano tras verano, era el oasis de nuestras infancias. Y aquí hay mucha nostalgia de aquello, con escenas que a veces es ‘E.T.’, a veces ‘Los Goonies’ y, a veces, la vida, tan cruel y despiadada, tan hermosa.

Antes del amanecer

Tan real y bella como la vida, porque es la vida, la vida en una noche de verano. El amor de una noche de verano. Tan emotiva como una buena novela, porque aquí las artes se confunden, con la mejor esencia de cada una de ellas. Imprescindible. Emocionante.

Primos

Divertida, emotiva, tierna, con unos actores a la altura de una historia tan bonita como sólo pueden serlo las historias sencillas. Y más amores de verano y más pueblos de la infancia y más nostalgia… Y más vida.

Mi chica

Tuve la inmensa suerte de descubrir esta película siendo tan solo una niña y, cada vez que la reponen, la miro de la misma manera. Quizá sólo así funcione, pero es suficiente, porque el cine también nos recuerda que la inocencia es tan importante como la amistad.

Grease

Aunque el epicentro de la película es la historia de amor (de verano) de Sandy y Danny, yo me quedo con la alegría, con los vestidos, con los peinados y, sobre todo, con Rizzo. Porque el verano también es frivolidad y liberación.

Moonrise Kingdoom

Y, por supuesto, no podía faltar un título de nuestro Bill Murray. Y qué mejor si al otro lado de la cámara está Wes Anderson y su estética inconfundible para contarnos un cuento de verano sobre el amor, reconvertido en un estímulo visual. El amor, otra vez. Siempre el verano. Para no dejar de sonreír.

 

bluebird Comunicación
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