Una mirada al cielo

Las ediciones baratas de libros que suelo poder costearme adolecen del mismo defecto: si las abres demasiado, su contenido desborda las sutiles junturas de pegamento y las páginas huyen de la cubierta. En el caso de ‘Dios no es bueno’, de Christopher Hitchens, además padece una contraportada de best seller, casi un insulto al mismo libro que finaliza. Solo la cita de un gran periódico – a veces– salva la encuadernación:

“Dios debería sentirse elogiado: a diferencia de muchos de los que claman por su atención, Hitchens le habla como un adulto”.

Este libro podía haberse subtitulado “contra la ignorancia y la estupidez, disfrazadas de fe”, dada la amplia cantidad de casos que recoge y que podrían resumirse con esta elocuente etiqueta. Sin embargo, la profundidad que se ha impuesto este periodista estadounidense en su investigación alcanza los pilares de las religiones y doctrinas que han surcado el mundo y la historia. De ahí, que nos encontremos con un auténtico ‘Alegato contra la religión’.

Atravesando los hechos históricos de los sistemas de creencias más populares, tanto espirituales, como político-sociales, nos desgrana el repertorio de dogmas, visiones y consecuencias prácticas que han determinado el devenir de la cultura desde lo que llamaríamos “púlpitos inefables”, usualmente a sangre y fuego. La sangre de las personas y el fuego de los altares, al estilo del olvidado Baal-Moloch.

La Iglesia Ortodoxa y su relación con Karadzic y Mladic, Teresa de Calcuta y el divorcio irlandés, la milicia católica Falange en Sabra y Chatila bajo las órdenes de Sharon, el movimiento Shiv Sena en Bombay, la triada ‘croata-serbio-musulmán’ (tan parecida a ‘suní-chií-kurdo’), “Los versos satánicos”, el mesianismo de la operación ‘Justicia Infinita’ o los escarceos del Vaticano con el Nacional-socialismo son algunos de los temas que recorren las páginas de este libro de viaje por el Totalitarismo.

hitchens

Aún siendo una defensa laica contra cualquier forma de teísmo, aún siendo una condena ejemplar a la religión en su conjunto por sus propios pecados, aún reclamando el lugar de la ciencia sin divinizarla, Hitchens mantiene la puerta abierta a la fe. Pero evitemos la confusión mediante un ejercicio de memoria etimológica.

Religión procede del verbo latino re-ligo, que significa ‘volver a atar’ y ‘desatar’. Si, por un lado, la religión implica la sumisión a los dogmas de una confesión, por el otro, conlleva la separación de las personas de la relación con su entorno mundano. En esta contradicción se desarrolla la Iglesia, cuyo olvidado origen es la ‘ἐκκλησία’ griega –o reunión en el Ágora–, no importa la tradición que mantenga.

Fe proviene del sustantivo fides, que significa ‘confianza’, ‘autenticidad’ o ‘conjunto de verdades que se creen’. Mientras que la religión necesita sumisión, la fe requiere libertad plena y absoluta; nadie puede hacerte creer lo que no tú no quieras, dicho de otro modo. Solamente cuando una persona es libre, puede creer en algo de verdad. Y no antes.

La puerta que Hitchens abre, de par en par, es la del librepensamiento, y la verdad que subyace en él. No hay más que ver la cantidad de gigantes que sujetan su libro. Si tuviéramos a sus guardaespaldas en el Parlamento –digo Platón, Lucrecio, Galileo, Servet, Hume, Spinoza, Paine, Kant, Darwin, Einstein… por nombrar solo una punta del ataque–, nadie se atrevería a promulgar leyes divinas, como la reforma de la Ley del Aborto en España.

La libertad de conciencia, la libertad espiritual es la primera que es negada y pisoteada por la sinrazón de los estamentos religiosos y nunca mejor dicho, porque la religión no se basa en nada racional o crítico. El conflicto israelí con sus vecinos podía haberse resuelto hace décadas, sin los rabinos, ulemas y sacerdotes, proclives a no terminarlo jamás. Y sí, Hamás también forma parte del problema.

Hitchens no renuncia a cuestionar tanto leyes divinas o preceptos filosóficos como políticas intercontinentales, sin caer en el elitismo que implica todo lenguaje técnico. Siguiendo a su amigo Ockham, el autor es más partidario de descifrar los misterios del universo utilizando el sentido común, antes que encerrándolos en una caja de la cual solo unas pocas personas tengan la llave.

Así refuta Penelope Lovely, en ‘Moon Tiger’, el Argumento Ontológico del venerable, y a veces irascible, San Anselmo:

«–¿Existen los dragones?– preguntó.
–Yo le dije que no existían.
–¿Han existido alguna vez?
–Yo le dije que las evidencias apuntaban a lo contrario.
–Pero si existe una palabra que es “dragón” –dijo ella– , entonces deben haber existido dragones alguna vez».

¿No es maravilloso crear la realidad con la imaginación? Pues foméntelo usted y no lo reprima.

bluebird Comunicación
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3 Comentarios

  1. El «problema divino» de Hitchens es que fue un ignorante en cuestiones científicas, de ahí que siempre que confrontó su «conocimiento» con «pares opuestos» salió escaldado y con el rabo entre las patas*. Al cabo, ni siquiera estuvo cerca del nivel de charlatanería de Dawkins, un «escéptico nivel 6» que no ateo.

    Por cierto, Hitchens no sólo criticaba a Teresa de Calcuta, también ponía a parir a Fidel Castro y su corrupto régimen comunista**, a Chomsky y Michael Moore; y no tuvo reparo alguno en enfrentarse a la Izquierda manifestándose a favor de la intervención americana en Irak . Que todo hay que escribirlo.

    *http://lastresllavesdepablo.blogspot.com.es/2011/11/debate-hitchens-vs-william-craig.html

    * *http://sociedadesbinarias.blogspot.com.es/2013/05/sevilla-la-habana.html

  2. Te estas equivocando mucho!….Dios es buenisimo y todopoderoso….Jesucristo te ama tan grande y incondicional mas vale que respetes a tu Señor…el malo es satanas! Un abrazo y muchas bendiciones de nuestro Jesucristo.

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