Star Wars VII: la polémica en torno a Abrams

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Los adeptos a Star Wars ya calientan motores para el estreno de la séptima película de una de las sagas más épicas de todos los tiempos. Sin embargo, la noticia de que J.J. Abrams se ponía al frente del proyecto sigue sin dejar indiferente a nadie y provoca polémica. Tomás Valladolid y Antonio José Ranchal dan su visión a favor y en contra respectivamente y tratan de que los fans se vayan a su terreno.

J.J. Abrams: La esperanza de la Fuerza. Por Tomás Valladolid.

La primera sensación que tuve al enterarme de que J.J. Abrams iba a ser el encargado de continuar la saga de Star Wars fue una mezcla de sorpresa y ligera decepción. En el fondo de mí todavía quedaba la esperanza de que George Lucas se mantuviera al frente del proyecto. Sin embargo, lo cierto es que han pasado ya treinta y un años desde el cierre de la primera trilogía y el próximo mayo harán diez desde que contemplamos el final del camino de Anakin Skywalker hacia el lado oscuro, culminado con su metamorfosis en Darth Vader y su inconfundible máscara.

En todo este lapso de tiempo el hombre que dio origen a la saga ya no es aquel joven cineasta que, apoyado desde sus inicios por Francis Ford Coppola, había sorprendido a propios y extraños con THX 1138 y se ganó a la industria de Hollywood con American Graffiti sin ni siquiera haber dejado atrás la veintena. Efectivamente, el tiempo pasa para todos y el George Lucas actual, a sus setenta años, quizás no se vea con ganas ni fuerzas para seguir adelante con un proyecto a largo plazo como es el de llevar a cabo una nueva trilogía de Star Wars, y haya tenido que buscar alguien en quien confiar para que afronte la responsabilidad de continuar su franquicia intergaláctica.

Partiendo de ahí, ya no resulta tan sorprendente o decepcionante el paso atrás dado por Lucas. Ahora bien, ¿es J.J. Abrams el hombre idóneo para continuar con su legado? Tras considerar todas las opciones, y analizando su trayectoria, me atrevería a decir que sí. Su recorrido en televisión, en el que se incluyen producciones como Alias, Lost, o Fringe, le avalan para desarrollar un proyecto como Star Wars, decididamente encaminado hacia una estructura episódica en la que se aúna la ciencia ficción, la acción y, casi con toda seguridad, los giros en la trama que, sin duda, incluirán algún cliffhanger capaz de dejar a los espectadores con la boca abierta y ganas de más al salir del cine.

Por otro lado, películas como Forever Young, Cloverfield o Super 8, sin ser obras maestras, consiguieron el objetivo de entretener al público a la par de servir como tributo personal al cine fantástico y de ciencia ficción realizado en los años de juventud de J.J.Abrams, e incluyen al guionista, productor y director neoyorquino dentro del terreno del fan de género, garantizando como mínimo el cariño, respeto, gusto y preocupación por el detalle en sus películas.

Finalmente, el más que dignísimo reboot realizado para Star Trek, con muy buenos resultados en las dos películas estrenadas hasta ahora, le coloca en primera línea de parrilla en lo que a capacitación para actualizar sagas se refiere.

Así pues, sobre el papel, parece confirmada la elección de J.J. Abrams como la mejor alternativa para recoger el testigo de manos de George Lucas. No obstante, la duda se mantiene presente. ¿Logrará superar las altísimas expectativas y la posible desconfianza de una parte de los fans ante la marcha de su predecesor? ¿Será capaz de confirmarse como una nueva esperanza para todos los amantes de Star Wars, o se transformará en laamenaza fantasma del futuro de la saga?

Lo único seguro a ciencia cierta es que la respuesta no la obtendremos en una galaxia muy, muy lejana, sino que podrá conocerse a finales del año que viene, cuando el episodio VII se estrene en las salas de cine de todo el mundo. Mientras tanto, los seguidores del universo creado por George Lucas no pueden más que pedir un deseo para J.J. Abrams: que la fuerza le acompañe.

J.J. Abrams: El Ilusionista. Por Antonio José Ranchal.

En la película de Christopher Nolan, ‘The Prestige’  (2006), relata que para un ilusionista el momento más dramático es el prestigio. Todo truco de “magia” tiene una fase crítica que es en la que el ilusionista tiene que pasar la frontera entre lo que dice que va a hacer y lo que consigue hacer. Es cuando un ilusionista expone la ilusión y su propio prestigio al público. Y es el momento más peliagudo porque si sucediera cualquier tipo de fallo, la ilusión sería fallida y el ilusionista descubierto. Es, en esencia, el fino hilo que sostiene una mentira.

J.J. Abrams es un gran ilusionista. Un creador de mentiras con aspecto de genialidad. Cualquiera diría: ¿Y no es el cine un gran truco de magia? Claro, pero hay que atenerse al contexto. El cine es un universo con sus propias leyes físicas. En esas normas caben todos los estilos, desde el surrealismo de Buñuel al dogma de Von Trier, desde el cine comercial de George Lucas a la trascendencia de Coppola. Esas leyes se resumen en una sola: No engañarás al espectador.

Y en ese universo J.J. Abrams es un pastor. Un elegido que guía un rebaño hacia la iluminación. Él dejará ante ti cientos de pistas aleatorias que te evocarán una certeza. Estarás viendo señales que indiquen realidades increíbles y las irás juntando en tu mente sabiendo que al final todas las piezas aparentemente caóticas se juntarán armoniosamente para mostrarte la mayor de las revelaciones. Esperas ansioso. Esperas. Y esperas. Y así esperarás toda la vida una verdad que jamás obtendrás. Porque el señor Abrams ha destruido la norma de oro del novelista, del guionista, del contador de cuentos: No engañes al público deliberadamente.

No lo hagas, porque al final siempre se descubre que la magia no existe, que todo es producto de nuestra imaginación.

El prestigio de Abrams fue el último capítulo de su serie ‘Perdidos’. Cuando millones de personas acudieron a ver su gran truco, falló. Todo su castillo de naipes se vino abajo y no pudo justificar el hecho de haber producido un engaño. ‘Lost’ es una gran serie, con personajes interesantes y con un ritmo y un sistema de giros de guión que produjeron un entretenimiento sin igual, pero que se demostró insostenible.

Houdini es creíble con una camisa de fuerza. Con cadenas, es el más difícil todavía. Pero con osos polares, números mágicos y humo negro asesino, pasa a ser una broma descabellada a la que nadie prestaría atención si no fuera por el envoltorio del asunto: El marketing. La continua petición de credibilidad. Una enorme burbuja de mentiras que finalmente explotó (¿o implosionó, como la escotilla?).

Pero ganó mucho dinero para sus jefes, y el dinero es lo que importa. Sabemos que han puesto en sus manos el tesoro más preciado del cine comercial: ‘La Guerra de Las Galaxias’.

¿Cómo intentará engañarnos J.J. Abrams?

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