‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, rediseñando el cine de superhéroes

Spider-Man: Into the Spider-Verse

No somos pocos los que hemos acusado la desproporcionada obsesión actual de llenar las salas con títulos vacuos, con soportar la evidente falta de respeto y gusto de las corporaciones multimillonarias (por si a alguien se le olvida las intenciones expresamente empresariales y frívolas de las majors) decididas a manchar un arte que no merece que lo simplifiquen y denigren haciéndolo pasar por un espectáculo circense empeñado en tratar a su público como monigotes descerebrados. Algunos de nosotros, cinéfilos en un mundo paralelo, preocupados por el arte, dolidos por la acuciante falta de ideas presentes, queremos y esperamos que esta industria corroída por la avaricia fácil retome el camino de la concienciación y la devuelva a la senda puramente artística que le corresponde, pero que no obstante, no sé muy bien si nos merecemos.

Esta reflexión surge a raíz de una de las últimas incursiones que realicé en periodo vacacional a las salas de cine para disfrutar (o al menos intentarlo) de uno de los últimos lanzamientos, retomar el contacto con las nuevas obras después de tanto tiempo y echar un vistazo curioso y expectante al panorama debido a la apremiante llegada de las cintas más respetadas y aclamadas que tienen todos los años la oportunidad de ser nominadas dentro de los festivales más importantes del cine. Esta vez, sin embargo, la perspectiva era algo más pobre. Bien por cuestiones personales de indiferencia, bien por retraso aparente de las aspirantes de la Academia, o por una desafortunada elección de la cartelera a la que se ve sometida una pequeña empresa de cine en una ciudad con el público tan homogeneizado como Zamora, las opciones eran tristemente escasas. La balanza se situaba, como de costumbre, entre las comedias baratas de humor trillado, los remakes espantosos que ya nada aportan y otro de los últimos títulos de la inagotable Marvel dispuesta a ofrecer más músculo, chistes fáciles y efectos de pretensiones baratas. Por cuestiones del azar y contrariamente a mi tendencia, había comprobado que esta vez la última entrega de Spider-Man de Marvel parecía apuntar hacia algo distinto, realizada con unas intenciones no tan burdas comercialmente y por descarte se convirtió en la elegida.

Teniendo en cuenta que seguía encontrándome ante una saga de superhéroes de la interminable franquicia, mis expectativas, aunque despertadas, seguían manteniéndose en un nivel de alerta mínima. Para valorarla, quería poder olvidar todas las entregas arácnidas anteriores (lo cual no era nada fácil, pues no eran pocas), juzgarla como película independiente del resto y comprobar qué revulsivo la podía hacer tan interesante como para aportar algo que sus predecesoras fueron incapaces. El hecho de construirse bajo el formato de la animación ya transmitía una visión fresca, renovada del género. Pero ésta no solo constituía la forma, sino que iba más allá al posibilitar la ingeniosa idea de sumergirnos en el mismo mundo del cómic al trazar cada escena, cada diálogo, cada transición de la película con sutiles dosis narrativas al más puro estilo de viñeta de cómic clásico.

Spider-Man: Into the Spider-Verse 2

La sensación era doblemente placentera, pues no solo nos encontrábamos ante una película, sino que estábamos leyendo una historia fantástica dentro de una película. Una clase de aventura metaartística, por definirla de alguna manera, que nos hacía olvidarnos de lo que venía acostumbrado a hacer Marvel hasta el momento. Recapitulando, nos encontramos pues ante el mismo argumento amenazador por excelencia, el héroe anónimo que es elegido por el destino misteriosamente y en contra de su voluntad para acometer una misión que sólo él puede realizar y que, en contra de su voluntad, se verá forzado a afrontar si no quiere ver cómo el mundo perece por los deseos psicópatas y egoístas de un villano que antaño había visto tiempos más reconfortantes. No obstante, en ‘Into the Spider-Verse’ la trama y la manera de contar esta historia es completamente distinta, poderosamente original. Aunque es cierto que las cuestiones de inclusión y diversidad ya se venían arrastrando a priori, aunque de una forma forzada y con mensajes mal logrados pasados por feminismo mal interpretado, no es sino en este filme donde consigue encajar perfectamente de un modo natural, apoyado estratégicamente en los tintes cómicos que envuelven toda la historia. La banda sonora también juega un papel imprescindible, mimetizándonos con el entorno de Miles, con su cultura y sus aficiones. Algunos planos desbordan la imaginación, el humor es fresco y comedido, y los guiños a los clásicos, precisos como si del mismo gag profesional se tratara.

Para apoyar esta distinción necesariamente demandada, la cinta va más allá y rompe de lleno con el Spider-Man original que conocíamos. Spider-Man no es la saga explotada y edulcorada con versiones más jóvenes de sí misma, Spider-Man no es el héroe blanco y atormentado, Spider-Man ya no es más Peter Parker. Así es como nos creemos el nuevo Spider-Man. Para los no tan simpatizantes del género tanto para los más acérrimos, ‘Into the Spider-Verse’ es todo un homenaje al género literario clásico del cómic de superhéroe, una apuesta renovada de este tipo de cine que conocíamos, una escapada del refrito de turno.


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