Siguiendo a David Trueba en ‘Abierto toda la noche’

Tras la lectura de ‘Cuatro amigos’ (mi favorito del autor, algún día os hablaré de él y de lo necesario que fue durante un verano de mi vida) y de ‘Saber perder‘ tenía claro que quería seguir descubriendo al David Trueba escritor. En esas estaba cuando me topé con ‘Abierto toda la noche’, anterior a los otros dos. En su contraportada me encontré con esta frase de Ambrose Bierce: “El hogar es el único local abierto toda la noche”. Sí, así es. Y es por esa inintermitencia, al final, por lo que las familias no se distinguen demasiado unas de otras, aunque de cara a la galería muchas de ellas se empeñen en disimularlo una y otra vez.

Como no podía ser de otra manera, los sentimientos de los Belitre, un numeroso clan, en el que ninguno de sus miembros tiene desperdicio, están a flor de piel 24 horas al día, siete días a las semana. Las historias de seis hijos, unos más peculiares que otros; una abuela inteligente y mordaz, que todavía manda cartas a sus amigas muertas (¡adorable!, a veces); un abuelo en el que se vislumbra una demencia senil nada trágica, sino todo lo contrario; dos testigos de Jehová; un psicólogo con extraños métodos de trabajo; un padre en plena crisis de los 50 y una madre, muy madre, conseguirán engancharte. ¿Cómo? Subiendo contigo en una montaña rusa de sensaciones, que oscilan entre el drama más negro, la ternura más delicada y la comedia más disparatada.

No en vano, se nota, y mucho, de dónde viene el escritor, porque esta historia parece, al revés de lo que pasa normalmente, basada en una película. Está narrada de manera ágil, divertida (provocó mis carcajadas en un banco de la calle y eso es de agradecer), elocuente y, por momentos, irreverente.

Pero detrás de todo eso, de esas risas, se vislumbran esos miedos, esas carencias que todos hemos sufrido, o sufriremos, en algún momento de nuestras vidas: los primeros amores (y aquí de repente, me he acordado del gran Michi Panero), la necesidad de pertenencia, el dolor que provoca una enfermedad mental en los que nos quieren, el paso del tiempo, el miedo…

Y, como no todo van a ser piropos para esta gran novela, he de confesar que el final me dejó fría. Me pareció precipitado y desencuadrado en la historia. Pero, mientras llega, disfrutad del camino que os adentrará en la mansión que heredan y disfrutan los Belitre. Nos os arrepentiréis. Y, después, los echaréis de menos.

Por cierto, una vez tuve la oportunidad de entrevistar a Fernando Trueba y sí, me confirmó que la familia que aparece en la portada de este libro es su propia familia.

bluebird Comunicación
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