«Mi generación periodística es un cementerio de vocaciones frustradas»

Barcelona, un periodista, los bajos fondos de la corrupción y un bar, el Abbie, que da nombre a la novela, se juntan para conformar la historia del primer libro de nuestro compañero Sergi Escudero, que precisamente hoy llega a las librerías, coincidiendo con la resaca de las elecciones autonómicas y municipales y con el primer aniversario de Murray Magazine, donde escribe casi desde el principio. Así que hoy, celebramos ambas cosas —nuestro primer año, su primera novela— con esta charla en torno a la literatura, el periodismo o la política.

«El Abbie era la antesala de mi muerte». Así empieza tu primera novela, con algo que parece una declaración de intenciones. Pero, ¿qué más es ‘Abbie’?

‘Abbie’ es una novela que a la vez se puede considerar un reportaje sobre nuestra sociedad actual. Abbie, un bar clandestino situado en La Barceloneta que no existe en la vida real, aunque está inspirado en bares reales —clandestinos, privados o bohemios—, es el lugar que da nombre a la novela. Allí acuden clientes que quieren escapar de la monotonia y las frustraciones a las que nos empuja el presente. El propietario es Jordi Romero, el narrador de la historia. Jordi es un tipo que tiene vocación por nada en concreto y a la vez por todo. En definitiva, que tiene vocación para la vida. La suya ha sido una montaña rusa y nunca ha creado una família. Creo, al fin y al cabo, que todos aspiramos a ser un Jordi. Por otro lado, uno de los clientes habituales, Marc Samper, es un joven periodista autónomo totalmente frustrado que un día se encuentra con que tiene entre manos una información que puede cambiar la historia del país. Aunque, evidentemente, se dará cuenta de que conseguir algo así no es tan fácil como le puede parecer en un primer momento. Y ahí se empiezan a desarrollar los hechos, los cuales pondrán boca abajo la novela.

Pero me preguntabas por qué más es ‘Abbie’. Abbie también es una chica. Aunque soy poco romántico, una novela sin amor es como un partido de fútbol sin goles.

La novela describe la sociedad actual y refleja esos intereses oscuros e ilegalidades que se esconden a la sombra del poder. ¿De qué manera te ha influido la situación política y social?

Más que influido me ha  impregnado. En la novela van apareciendo unos cuantos personajes oscuros con unos intereses maléficos que a cualquiera le pueden recordar personajes reales de nuestra cotidianedad. Es muy difícil luchar contra ellos porque detrás tienen a los que mandan, que nunca se meten en el barro pero que son los que cortan el pastel. Pero en ‘Abbie’ más o menos todo el mundo es corrupto. ¿O no conocemos todos algún librero o floristero que hace algún trapicheo de vez en cuando para llegar a fin de mes? Aunque claro, ellos lo hacen para poder dar de comer a su familia, y los de arriba lo hacen para irse de viaje a Miami. La sombra del poder es demasiado alargada y queda poco espacio para el sol.

Por cierto, mójate. ¿Qué te parece el resultado de las elecciones municipales y autonómicas?

Han cambiado cosas pero tampoco demasiadas. En este país parece que nada de lo que sucede es suficientemente grave como para que la situación dé un giro suficientemente potente. Pero es lo que hay, y aunque hoy lo hay un poco menos que ayer, es lo que seguirá habiendo por lo menos hasta las próximas elecciones. Aunque si te fijas, en ‘Abbie’ los malos no tienen nombre. No quería focalizar mi crítica en unas personas en concreto que todos conocemos. El problema es de la clase política en general, y si me permites generalizar un poco más, de la sociedad en general. Por lo tanto, eso solo se puede cambiar a través de la educación y la cultura.

‘Abbie’ también es una crítica a los medios de comunicación. ¿Qué ha pasado con el que Gabo describió como «el mejor oficio del mundo»? ¿Qué hemos hecho con él?

Para los periodistas debería seguir siendo el mejor oficio del mundo. Pero vamos, que para un profesor enseñar también es el mejor oficio del mundo y para un médico salvar vidas también es el mejor oficio del mundo. Y a ninguno de los tres nos falta razón. Así que ya ves, hay muchos mejores. Ahora me acuerdo de una anécdota que cuenta Juan Tallón en ‘Libros peligrosos’. El protagonista de la anécdota es un escritor que en una feria del libro se encontró con un cartel que anunciaba su obra como la del mejor escritor de Latinoamérica. La lástima es que 200 metros más adelante se encontró con otro cartel que anunciaba el libro de otro escritor como el del mejor escritor de Latinoamérica. Durante unos metros fue el mejor escritor de Latinoamérica.

Pero respondiéndote más concretamente a tu pregunta, lo que ha sucedido con el periodismo es que sigue existiendo. Y seguirá existiendo mientras queden tres seres humanos. Porque a la gente siempre le interesará lo que le sucede al otro. El problema es que muchos periodistas y jefes de periodistas —los cuales no suelen ser periodistas— en lo que menos piensan a la hora de ponerse a escribir es en el periodismo.

¿Podrías elegir una de tus dos facetas, la de periodista o la de escritor? ¿Por qué?

Yo soy periodista. A ello me dedico diariamente y para ello he estudiado y he tenido siempre vocación. De hecho, dudo que ya pueda considerarme escritor. Desconozco si escribir una novela ya te da derecho a autoproclamarte escritor, igual que cocinar unos espaguetis no te da derecho a proclamarte cocinero. De momento, he publicado una novela. Es un tema delicado, le tengo mucho respeto. Me fastidia que haya gente que se autoproclame escritor por el simple hecho de haber escrito algo. Y ya no hablemos de los que se denominan futuros escritores. Lo que tienen es mucho ego y poco respeto hacia el trabajo al que se quieren dedicar.

Barcelona es una protagonista más en tu novela. ¿Qué es para ti Barcelona y cómo la encuentras hoy en día?

Barcelona sigue ahí, tan bonita o más que siempre. El otro día me vinieron a ver unas amigas de Madrid y no paraban de repetir que les encantaría poderse venir a vivir una temporada a Barcelona. Otra cosa es que los barceloneses no sé si la valoramos demasiado. La gracia es que la enciendas como a un cigarro y la vayas consumiendo a caladas hasta que algún día se apague, hecho que dudo que suceda. Pero sino llegas a encenderla nunca, después no vayas pregonando que es una ciudad aburrida, porque el aburrido eres tú. Lo que quiero decir, es que claro que tiene muchos defectos y que la gestión municipal en muchos sentidos es deficiente, pero la ciudad sigue ahí y con miles de virtudes. Para mí Barcelona es el lugar donde me ha tocado nacer y en el cual volvería a nacer. Los más veteranos no cesan de repetir que era mucho mejor antes, cuando aún no había manadas de turistas. Pero me da la sensación que es más un arrebato de la nostalgia que otra cosa. Todo es mejor cuando se es joven.

‘Abbie’ ha sido publicada por Ediciones Alfar. Vivimos una época convulsa para la industria editorial en la que muchas personas optan por la autoedición. ¿Qué te parece?

Sí, es enormemente complicado conseguir publicar una novela con una editorial, pero creo que las editoriales siguen siendo el camino, especialmente para los novatos. Pocos lectores —y ya no digamos librerías— te van a hacer caso con tu primera novela sino tienes a alguien detrás. Más tarde, al sacar la quinta o sexta novela, cuando te hayas hecho un nombre, si quieres prueba suerte con la autoedición, pero mientras seas un novato no creo que ese sea el camino recomendable.  Los novatos que van pregonando que ellos optan por la autoedición porque no quieren que las editoriales se queden gran parte de las ganancias me da la sensación que lo que les sucede es que han enviado el manuscrito a centenares de editoriales pero ninguna de ellas se ha interesado por él. Por lo tanto, si quieren publicar, la autoedición se convierte en una obligación, no en el camino elegido.

Eres muy, muy joven y tu primera novela ya está en el mercado. ¿Hasta dónde quieres llegar?

A mí lo que me apasiona más es el proceso de escritura de una novela, cuando aún todo puede suceder. Ahora mismo ya estoy poniéndome a dar vueltas a mi próxima novela y estoy disfrutando mucho. ¿Dónde quiero llegar? Me conformaría con poder vivir de ello, de la suma de mis trabajos en el periodismo y en la literatura. Que no me suceda como muchos compañeros que están teniendo que dedicarse a otras cosas porque no encuentran nada a pesar de tener muchas capacidades para dedicarse a contar historias, tanto periodísticas como literarias. Mi generación periodística —y también la no periodística— es un cementerio de vocaciones frustradas. Es una pena, porque al fin y al cabo, somos el futuro. Lo que pasa es que algunos veteranos no levantan el culo de su silla para dejarnos paso. Y ya nos toca.

Y, para terminar, pregunta obligada. ¿Qué libro le recomendarías a nuestro Bill Murray?

Hace poco me acabé un libro maravilloso que hacía tiempo que tenía pendiente para leer: ‘La muchacha de las bragas de oro’ de Juan Marsé.

‘Abbie’ es la primera novela de Sergi Escudero. Aquí puedes comprarla online.

 

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