‘¿Qué sabes tú de mis tristezas?’, el abrazo de la ausencia

Decía Rumi algo parecido a que las heridas son el lugar por donde entra la luz, y cuando uno sube a un escenario no tiene más remedio que desnudarse, convirtiendo sus cicatrices en pequeños destellos de arte. En ese desnudo consentido se establece la oportunidad perfecta para hacer coincidir cientos de líneas posibles, de historias concretas, y el pasado domingo un grupo de afortunados convocados al estreno en Madrid de ‘¿Qué sabes tú de mis tristezas?’ conocimos a dos hermanas unidas únicamente por el recuerdo.

A pesar de sus diferencias, Anabel y María José se complementan y se conocen mejor que nadie. Juegan y crecen juntas y compenetradas hasta que las inquietudes de Anabel le llevan a dejar Las Camachas, el pueblo en el que viven, para buscar fortuna en la gran ciudad. Huye de una madre fría y desconsiderada que parece no reaccionar ante las emociones y las necesidades de sus hijas, aunque también, en parte, huye quizá de sí misma con la esperanza de encontrarse. En esa partida amarga y sin despedida dejará atrás familiares, amigos y raíces, pero sobre todo, la sombra y el olor de ese pequeño pueblo donde parece no haber espacio para crecer; en definitiva, para un temperamento como el suyo.

tristezas

Ana Belén, la rebelde y la decidida, la que soñaba con volar alto, acaba trabajando en un bar de Lavapiés y siendo una madre desgarrada por la pérdida. María José, la niña triste que se quedó bajo las faldas de una madre fría como un témpano —con la que ve la televisión y tiene conversaciones intrascendentes—, ha conocido el amor y está decidida a casarse. Nada le haría más ilusión en el mundo que su hermana fuese la dama de honor de la ceremonia, pero, ¿cómo localizará a Ana Belén estando tan lejos y viviendo en la inmensa Madrid? ¿Cómo vivirán el reencuentro? Y si Anabel vuelve, ¿lo hará para quedarse? Entre la ausencia, las dudas, los recuerdos, el dolor y la ilusión navega este pequeño drama que es, en resumen, un abrazo. Que sabe colorear con el pulso exacto las dimensiones del silencio y el orgullo; que tiene mucho de esos sentimientos que guardamos en lo más profundo y que la vida nos pide, en alguna ocasión, que pongamos a descongelar.

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Después de pasar por el teatro San Bartolomé de Lanzarote, la obra, dirigida por Pedro Ayosa y Paula Amor, está inspirada en los textos del escritor Roy Galán y acaba de aterrizar en el céntrico Espacio Labruc de Madrid. La cálida y pequeña sala, diseñada para dar cabida a todo tipo de proyectos, colabora en la comunión entre las actrices y el público, quienes acaban compartiendo una intensa intimidad creada. El llenazo del estreno y la considerable cola para acceder a un espectáculo que ya había agotado sus entradas auguraban éxito y satisfacción del público en esta grata apuesta por el arte joven e independiente. No sólo los sentimientos y el drama afloran durante la interpretación, también le hacen sitio a un humor que nace de la ternura y la desesperanza. El libreto, de 60 minutos de duración, convenció al público para regalar a las protagonistas, Ariadne Serrano y Ana Rujas, un aplauso interminable como reconocimiento a una interpretación natural y notable, que deja un final abierto para que el espectador imagine a su gusto el desenlace.

Los próximos pases serán el 22 y 29 de mayo, a las 20 horas. ¡Reservad vuestra entrada!

bluebird Comunicación
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