Mi quinta vez en el Club de Lectura Feminista: ‘Sueños en el umbral’, un harén con ojos de niña

Llegué un día más a la Librería Malpaso con la ilusión que ya se ha convertido en tradición un viernes al mes. Maria Antònia, que acostumbra a ser nuestra dinamizadora, nos avisó el día antes de que no podría venir, pero nos dijo que confiaba en nosotras. Le pidió a otra chica del grupo si podía moderar ella la tertulia. ¡Qué sorpresa se llevó la pobre moderadora improvisada cuando, al llegar a la Malpaso, se dio cuenta de que se había leído el libro que no era!

Al final todo fue bien, porque a medida de ir explicándole a ella un poco la trama y los personajes del libro, fue surgiendo la conversación que, al principio, siempre se presenta más tímida y escurridiza, y se acabó convirtiendo en una de esas sesiones donde todas queremos dar nuestra opinión; como siempre, vamos.

El libro del mes para el Club de Lectura Feminista de la Tribu era ‘Sueños en el umbral, de Fatema Mernissi. La verdad es que yo no había oído nunca antes el nombre de la autora y, de hecho, creo que la mayoría de mis compañeras tampoco. Después de buscar un poco más de información sobre ella, uno confirma lo que ya se puede intuir a lo largo del libro: la autora se convirtió en uno de los referentes de la lucha para los derechos de las mujeres en el mundo musulmán. Hace ilusión ver cómo las esperanzas de la madre de Mernissi —que se manifiestan a lo largo de todo el libro— de que su hija pueda viajar, de que sea culta y libre, se han cumplido, a pesar de la poca probabilidad que parecía haber en ese momento.

‘Sueños en el umbral’, dijimos, es una descripción edulcorada de un harén familiar.

A casi todas nos sorprendió el concepto de harén familiar, donde varias familias (la mayoría, en el libro, monógamas), viven juntas en una misma casa. La palabra harén nos invocaba antes, como a mucha otra gente, un palacio con una cantidad desmesurada de mujeres, todas para servir y dar gozo al rey, al príncipe o a quien fuera el amo del hogar (y de ellas). Esto es un harén imperial, cuenta Mernissi

¿Y por qué digo edulcorada? Me dio la sensación a lo largo del libro de que para la pequeña Fatema nada deja de ser un juego. Si la historia hubiese sido escrita desde la perspectiva de la Fatema adulta, o desde la de su madre, probablemente sería un libro mucho más dramático. Me recordó un poco a la película ‘La vida es bella, muy distinta en muchos aspectos, en la que el protagonista es retenido en un campo de concentración nazi con su hijo, y lo convierte todo en un juego para el pequeño.

club de lectura feminista

Mernissi consigue perfectamente ponerse en los zapatos de su yo de siete u ocho años y juzgar las cosas tal como lo haría una niña. A veces, los adultos damos las cosas por sabidas. Hay una escena muy graciosa, por ejemplo, en la que ella y su primo se preguntan por qué los alemanes se pelean con los franceses si ambos son cristianos (hablando de la II Guerra Mundial). Fatema llega a la conclusión que los alemanes persiguen a la gente de pelo moreno, así que decide cubrir su pelo con un pañuelo para evitar que “Hi-Hitler”, como se supone que se llama el líder de los alemanes, la persiga. Esta cómica y a la vez estremecedora situación acaba con su madre echándole la bronca por cubrirse con un pañuelo, ya que ella lleva toda una vida rebelándose contra el velo.

Todas coincidimos en que nos sorprendió conocer el pensamiento de las mujeres que rodean a Fatema durante su infancia; son mujeres con un fuerte deseo de libertad, que expresan su descontento con pequeños actos de rebelión cotidianos. La madre, por ejemplo, lo hace desayunando por su cuenta, acto que en el harén es extremadamente criticado, ya que se supone que todo el mundo debe comer a la vez. La madre de Mernissi es uno de los personajes favoritos de todas las participantes; nos quedamos con una de sus frases: «Las madres deberían enseñar a los hijos a tener sueños, no a respetar fronteras».

Ya hacia el final de la sesión, como pasa siempre, fuimos saltando de un tema a otro y acabamos hablando de cosas que no tienen nada que ver con el libro (pero, en realidad, sí). Cuando está Maria Antònia, normalmente ella consigue volver a atraer nuestra atención hacia el libro, pero en esta ocasión nos perdimos hablando de experiencias personales que nos han indignado. Hacemos un poco de Fatema nosotras mismas.


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