Prostíbulo Poético: un burdel alternativo

Llego al Hotel Brummell, situado en El Poble Sec de Barcelona, pasadas las doce del mediodía de un viernes que posee aroma a puente. Allí me espera Sonia Barba, la directora de Prostíbulo Poético, acompañada de algunas de sus trabajadoras. Este proyecto se trata de una especie de burdel inspirado en el siglo XIX que nació en Nueva York en 2008 y que ha removido los márgenes de la poesía, un mundo ya de por sí en constante ajetreo, creando un concepto particular que a muchos aún les cuesta catalogar. Ellas se definen como versocabaret, poesía y happening. Y también aceptan encantadas la catalogación de poesía vis a vis. Pero la cuestión es que han conseguido que se hable un poco más de poesía, un universo que muchos jóvenes –y otros no tan jóvenes– desgraciadamente consideran aburrido.

El hall del hotel está repleto de cuadros que representan figuras macabras, y Barba y yo nos tomamos dos vasos de agua con limón. «Si la poesía ya de por sí se encuentra en un subterráneo de la creación literaria, nuestro proyecto se halla en el subterráneo del subterráneo. Pero en los sótanos pasan cosas», me suelta para empezar. Antes de la entrevista, la había comenzado a conocer gracias a su autodescripción en la web del proyecto: «Me gustan los aeropuertos, el silencio de las bibliotecas, un Splitz a mediodía, los vinilos, Iggy Pop un domingo por la mañana, jugar a cowboys con mi hijo y que las cosas marchen. No hace mucho caí en la cuenta de que las personas que te rodean dicen mucho de ti».

Hay clientes que acuden a vivir Prostíbulo Poético sin saber muy bien de qué se trata. Eso lleva a que se produzcan situaciones confusas. «Algunos clientes han empezado a desnudarse delante de nosotras y les hemos tenido que decir que se estaban equivocando», me explica Emilie, chica estadounidense que habla un perfecto español, y que trabaja en el prostíbulo en forma de su álter ego, The Composer, Su personaje, según la web del burdel, tiene un pasado intenso: retó para los rusos. Chasqueó para los chinos. Se abrió para los americanos y murmuró para los mejicanos. Folló para los franceses y finalmente se encontró, sudando, en brazos españoles. 

prostibulo-The-Composer
The Composer

Kylie se considera prostituta, aunque habría que cambiar la definición de la RAE para ello, la cual dice que una prostituta es «una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero». De todas formas, que en la RAE no exista una palabra para definir su trabajo explica mucho de lo interesante del proyecto. «Los últimos días me ha estado llamando al móvil un hombre para que le cuente mi vida, con la intención de conocerme. Se piensa que soy una puta de las de siempre», explica Barba. Pero no. Prostíbulo Poético ofrece otro tipo de oferta. Las trabajadoras del burdel se visten con lencería, se rodean de una atmósfera de jazz que te puede hacer pensar que te encuentras en una película de Woody Allen y se desnudan ante el público a través de sus versos para que los clientes escojan su favorita con el propósito de pasar a un privado, después de pagar con unas fichas que cuestan entre uno y cinco euros. Pero en vez de pagar por tener sexo, los clientes pagan para que les reciten poesía en privado, de boca a oreja.

Las “prostitutas” se llevan al individuo –sea hombre o mujer– a un lavabo, a la calle, a una habitación o a otro lugar íntimo que pueda despojar la barrera de la intimidad, tirarla a la basura y dar paso a lo incómodo, siempre que entre en el terreno de la provocación y la poesía. En esos dos hogares hay sitio para el llanto, la emoción, la vergüenza y la intranquilidad, o lo que sea. «Si tiemblan, pues que tiemblen», comenta Nerea, quien en Prostíbulo Poético se convierte en Eco, «una niña que lloraba al romper las medias, pero que ahora que ya lo ha roto casi todo las luce con gusto, porque cada una cuenta una historia o mil, o mil veces la misma, y eso a Eco le gusta. Le gustan las historias, el misterio, la caída del sol y el desnudar almas a cualquier hora sin importar el precio».

Eco
Eco

El origen del formato de Prostíbulo Poético, como decíamos antes, nació en Nueva York. Sucedió de la mano de la escritora y performer Stephanie Berger. Kiely Sweet, una de sus discípulas, fue quien trajo un año después, en 2009, la idea a Barcelona. Ahora ya tiene seis años de vida, y el proyecto no ha parado de crecer, creando nuevas sedes en más de una decena de ciudades, entre las que se encuentran Bogotá, París o Valparaíso. La intención es vender «sexo intelectual», explica Sonia Barba, quien aparte de ser la directora del burdel, una especie de señora Rius, también tiene su álter ego allí, el que maneja el cotarro en los días de espectáculo: Madame Taxi.

Prostíbulo Poético, que está compuesto en la actualidad por 27 integrantes –poetas, periodistas y artistas–, mayoritariamente está formado por mujeres, aunque también hay algún hombre. «Pero no me gusta que haya demasiados hombres. Algunos se creen muy gallitos cuando ven que una mujer está dispuesta a pagarles para que les recite unos versos en privado. Solo tienen en mente ligársela. En cambio, las mujeres sacan lo que tienen dentro sin sentirse por encima de quien ha pagado», explica Barba. Todos los poemas que se recitan en los privados han sido creados por las propias autoras, aunque en alguna ocasión han celebrado un espectáculo especial en el que se han citado versos de autores célebres. Estas creaciones se recopilan cada año en una antología poética nombrada ‘Libro Rojo’, el cual desprende sudor de madrugadas canallas a media luz, llenas de alcohol y placeres alcanzados. Ya van por el sexto tomo.

prostíbulo
Madame Taxi

Manuel Vilas o Carlos Zanón, el cual presentará el 20 de noviembre en el Mutuo –Carrer de Julià Portet, 5– un poemario ilustrado acompañado de fotografías de Carles Mercader sobre Prostíbulo Poético, son algunos de los autores que han colaborado con el proyecto. Aun así, «los dinosaurios del mundo literario no saben si deben aplaudirnos o no, nos observan desconcertados. De momento, esperan que uno de sus guías diga que lo nuestro les tiene que gustar. Entonces todos nos empezarán a alabar», explica Barba. Pero seguidamente dice que le importa poco lo que puedan opinar estas personas sobre el proyecto, el cual también cuenta con talleres de cabaret, como el que impartió la artista Louise de Ville, o de escritura, como el titulado ‘Viaje al oscuro corazón de Occidente’, en el que hará de profesor Francesco Spinoglio.

A partir del 27 de octubre, cada noche de luna llena actuarán en el Hotel Brummell –Nou de la Rambla, 174–. Al espectáculo podrán asistir los clientes del hotel y los socios –con un acompañante– de Prostíbulo Poético, quienes después de hacerse con unas fichas, disfrutarán de poesía en privado en las habitaciones, los pasillos, el bar o el ascensor del hotel. «Buscamos acercar la poesía a la gente, bajarla al suelo, al mundo real», comenta Barba. Dos días después, el 29 de octubre, llevarán el burdel al Milano Cocktail Bar –Ronda Universitat, 35–, un establecimiento inspirado en los bares clandestinos que abundaban en América durante la Ley Seca y en el que se sirven unos cócteles de paladar fino.

Aunque ahora Prostíbulo Poético sea un proyecto nómada, quieren acabar asentándose en un único edificio para acercarse aún más al concepto de burdel; para que allí todo sea aún más íntimo y fantasioso. «Esperamos que eso suceda pronto», concluye Barba.

Fotografías: Carles Mercader ©

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Periodista freelance. Es decir, ya se entiende. Me gusta tener gastada la suela de los zapatos. Suele ser sinónimo de haber encontrado grandes historias.

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