Mi primera vez en el Club de Lectura Feminista

club lectura feminista

Llego emocionada a la esquina de las calles Girona y Diputació. Falta aún un cuarto de hora para que empiece el curso, pero mejor, así tengo tiempo de echar una ojeada a la nueva Librería Malpaso. Tal vez lo que más sorprende a primera vista es que todo el espacio, un local bastante grande y de techos altos —muy altos—, es blanco. A mí me parece que así consiguen que no nos distraigamos con nada que no sean los libros que, tan bien puestos y ordenados, actúan como elementos decorativos.

Voy automáticamente hacia un grupo de libros entre los cuales se encuentran Solterona’, de Kate Bolick, el que teníamos que leer para el Club de Lectura Feminista de hoy, y también Las chicas’, el de la siguiente sesión. En la misma mesa encuentro un par de libros que me suenan, como ‘Teoría King Kong’, de Virginie Despentes, y El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir. Aparte de esto, en las estanterías que se reparten por el local, los libros se encuentran ordenados por editoriales. Una idea magnífica, a mi parecer, y que explotan demasiado pocas librerías.

Llega la conductora del acto: Maria Antònia Massanet, filóloga, poeta y organizadora / promotora de muchos eventos alrededor de las letras. Además, hoy me entero de que tiene un máster de Estudios de Mujer y Género. Esto pinta bien. Poco a poco nos vamos arremolinando en sillas a su alrededor. A las siete en punto ya somos unas cuantas, pero damos cinco minutos de cortesía que, en Barcelona ya se sabe, siempre hay un metro que no llega cuando toca o un autobús que se encuentra con una calle cortada.

Mientras esperamos, Maria Antònia nos cuenta que La Tribu de Frida, el blog que está detrás de la organización de esta serie de Clubs de Lectura Feminista, ha pasado a nombrarse La Tribu. Resulta que los herederos de la misma Frida Kahlo se han puesto en contacto con Carmen G. de la Cueva, la artífice de la revista digital, y le han hecho llegar una denuncia por «aprovechamiento indebido por su parte del reconocimiento, prestigio y fama de la artista». Así que ha tenido que mudarse de página web, y aún está esperando saber si le pueden reclamar algo.

Ay, si Frida levantara la cabeza…

Por fin abrimos la sesión. Hacemos una ronda de presentación, pero yo soy horrible para los nombres y no recuerdo la mitad. El estilo de Bolick es bastante reciente aquí: una mezcla de ensayo, autobiografía y novela que en los Estados Unidos ya hace un tiempo que se lleva. El ejemplo más conocido que podemos encontrar de un formato parecido en catalán es ‘Germà de gel’, de Alicia Kopf —o eso dicen, porqué yo confieso que aún no me lo he leído—. Pronto sale la comparación entre ‘Solterona’ y ‘Sexo en Nueva York’: «una mujer blanca, heterosexual y de clase media-alta». Sí, es cierto que Kate Bolick desafía la institución del matrimonio, pero no la critica.

Encontramos en el libro un feminismo poco feminista, una «puerta de entrada al feminismo, pero poco más», como dice alguna de las chicas del club —porque, desgraciadamente, seamos realistas, en un club de lectura feminista sólo suele haber mujeres—.

El término solterona está poco claro a lo largo de la novela. Tal vez el concepto spinster en Estados Unidos no es exactamente el mismo que nosotros tenemos aquí de soltera, donde lo entendemos como alguien que no tiene pareja estable. A mí me ha parecido que Bolick considera soltera una mujer que, pese a tener pareja, no ponga a ésta por delante de sus objetivos y ambiciones.

Muy resumido, el proceso que describe Kate Bolick en el libro es la búsqueda de su propia identidad, tanto personal como profesional. Esto lo hace a través de cinco mujeres que han sido sus despertadoras —o, en términos más académicos, el nombre del fenómeno es genealogía femenina. La autora va descubriendo estos cinco personajes —Edith Wharton, Maeve Brennan, Neith Boyce, Edna St. Vincent Millay y Charlotte Perkins Gilman— en momentos cruciales de su vida: cuando no sabe si debe mantener la relación de cuatro años que, aparentemente, funciona muy bien y está destinada al matrimonio; si debe renunciar a su sueño de ser escritora y conformarse con los trabajos que, aunque no le apasionen, paguen las facturas, etc.

Maria Antònia dice que ha echado en falta la figura de Virginia Woolf como despertadora, y yo en parte estoy de acuerdo, porque Woolf es la figura que más me ha obsesionado. Pero también pienso que Kate Bolick, no sé por qué, no pega mucho con Virginia Woolf —sin que esto tenga la intención de ser un comentario positivo o negativo—.

A las ocho y media la librería tiene que cerrar y todas nos miramos desesperadas: «Pero si no nos ha dado tiempo a nada», «¿ya ha pasado una hora y media?», ¿ahora qué hacemos, con todo lo que nos queda por comentar?», «esto no se puede hablar con cualquiera»… Decidimos alargarlo un poco más, tomando algo en el restaurante que la misma Malpaso tiene justo al lado.

—Yo hoy le he dicho a mi jefe que iba a un club de lectura, y todo le ha parecido muy bien y muy interesante hasta que he mencionado que era feminista —dice una de las participantes—, entonces ha puesto cara de susto.

Suele pasar. Mi abuela tuvo la misma reacción. Hasta que tú les explicas que ser feminista no es el contrario de ser machista. Que una feminista quiere la igualdad, como todas las mujeres (o casi todas). Entonces dicen un «ah» poco convencido y cambian de tema.

Igual, como en el propio club de lectura, en esta crónica también me faltan algunos asuntos por tratar. Soy consciente de que dejo fuera muchas cosas de las que hablamos y muchos temas en los que se puede profundizar, pero es que el feminismo no se puede abarcar en dos horas, y tampoco en dos páginas —y menos mal, porque si no estaríamos muy mal—. Me fui a casa motivada, con ganas de hacer este pequeño escrito y de que ya sea la cita del segundo club de lectura.

P. D.: Para cualquiera que no haya podido asistir al club de lectura presencial, existe también un foro en la plataforma de Goodreads donde se puede seguir en línea ¡para que todos podamos participar!

Fotografía: State Library Victoria Collections ©

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