‘Peyton Place’, quien lo probó, lo sabe

Como dice el refrán, pueblo pequeño, infierno grande. Quien lo probó lo sabe. Y si lo sabes y cae en tus manos ‘Peyton Place’, de la desafortunada escritora (una cirrosis acabó con ella a los 39 años) Grace Metalious, será difícil que te puedas concentrar en mucho más durante un par de semanas. Quizá porque todos esos avernos en miniatura se parecen demasiado, estén ubicados en Estados Unidos, junto a la Ribera del Duero o en la montaña suiza.

En estos tiempos en los que hay tanta tontería disfrazada de modernismo en la Literatura, yo voy a reivindicar el derecho a leer sin sonrojarse una novela sin la que probablemente nunca habrían existido fenómenos televisivos como ‘Melrose Place’ o mi favorito, ‘Twin Peaks’. Y es que esta obra se convirtió tras su publicación, en 1956, en un fenómeno editorial que borró la distinción entre alta y baja cultura cuando confundir ambas cosas aún no estaba de moda.

Entonces, los lectores no parecían dispuestos a leer en una novela aquello que ponían en práctica, permitían o sufrían en sus falsas y vacías vidas cotidianas: el odio racial, el clasismo, el incesto, el aborto o la corrupción religiosa. El sueño americano a punto de derrumbarse. Así, la leyeron millones, algunos incluso a escondidas, mientras muchos países la prohibían y algún bibliotecario colgaba incluso un cartel en el que se leía: “No tenemos ningún ejemplar de ‘Peyton Place’. Si queréis este libro id a Salem”. La autora había buscado la fama y la parábola acaba con sus últimas palabras: “Ten cuidado con lo que deseas, porque podrías conseguirlo”.

Ahora, creo que muchos seguirían sin soportarlo, sobre todo aquellos hipócritas que siguen envenenándose un poquito cada vez que, por accidente, se muerden la lengua. Esos que se aburren (un mal común en los infiernos grandes, digo, en los pueblos pequeños) y que en vez de mirarse el ombligo miran el de los demás, porque carecen de valentía. Por eso, no se atreverían a abrir esta novela. Los demás, los que sí nos atrevemos, tenemos difícil cerrarla hasta llegar al punto y final. Porque la vida, la verdad, la realidad, echa un pulso entre sus páginas a la Literatura.

bluebird Comunicación
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