‘Perfect Sense’, lo que estamos dispuestos a perder cuando todo ya está perdido

Perfect sense

Ignorando por completo el día de verano que hemos alcanzado (¿por qué será que el tiempo se convierte en una espiral de letargo cruel e impredecible en la que nos sumimos sin ansia o motivación alguna en esta época del año? ), habiendo relegado en el olvido toda vana esperanza de descubrir un nuevo capítulo inesperado que pudiera darle un giro estimulante a mi vida, la decisión a tomar para espantar esta apática sensación de dejadez inquebrantable cosida al cuerpo mediante arrolladores golpes de calor ha sido la de acudir al baúl de aquellas películas que, en su intento por promover conciencias y alcanzar un lugar selecto en la historia del cine, se han tenido que conformar con una aparición repentina y fugaz en la que su escasa difusión solo nos ha permitido a unos pocos —privilegiados o quizá demasiado kamikazes para entregarnos a un filme de esta tipología— llegar a reflexionar y valorar el potencial mensaje que pretendía transmitir a modo de tesis. Claro que en este mismo intento las respuestas no han sido nada homogéneas y su resultado final, ya sea por incomprensión del mensaje o por falta de definición, la ha conducido a su vez al desconocimiento prácticamente absoluto.

La película que me gustaría rescatar hoy apareció en el 2011 bajo el nombre ‘Perfect Sense’, dirigida por el británico David Mackenzie, al que probablemente habréis escuchado en los últimos años por su resonada obra ‘High or Hell Water’ o ‘Comanchería’, como se tradujo en España. Entre su reparto constaban estrellas de alto renombre como Eva Green ( ‘Kingdom of Heaven’) o Ewan McGregor (‘Big Fish’, ‘Trainspotting’), lo que probablemente sería un indicativo bastante fiable sobre su más que posible buena acogida en crítica y ventas en taquilla en las salas pero, en contra de todo pronóstico, la cinta permaneció anclada en la red sin poder llegar a exhibirse nunca en las salas de nuestro país.

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Argumentalmente, la historia nos transporta a las vidas cotidianas de dos personas residentes en Glasgow. Por un lado Susan, epidemióloga con evidentes signos de apatía y tintes depresivos ante lo que entiende por una vida vacía, y, por otro, Michael, un chef de restaurante que trabaja curiosamente frente al edificio de Susan, que tienen que verse enfrentados a la llegada de una epidemia que está implacablemente borrando los sentidos progresivamente de las personas. Aunque la primera y más evidente impresión pueda ser la de encontrarnos ante una clásica historia de temática romántica, los lazos que puedan entablarse entre los dos protagonistas sirven si no exclusivamente para permitir darle cabida y forma al mensaje principal: la superación y la cohesión de la sociedad solo puede tener lugar mediante el sentimiento más poderoso y humano posible, el amor. Por ello y pese a la envoltura que la acompaña y que la puede encasillar en la típica película preapocalíptica de corte catastrófico, nada más lejos podría encontrarse su intencionalidad. Su trasfondo, quizá un poco impreciso en ciertos momentos debido a la disposición del ritmo empleado o a la confusión que puede crear esta combinación en todos y en ningún género, corre el peligro de quedar enmascarado haciéndolo caer en un relato plano y sin pretensión ideológica alguna,  y quizá por ello acabó viéndose sometida a la mala fortuna de caer en el estante de las obras meramente anecdóticas.

A pesar de contar con estas disparidades, el verdadero valor que puede contener reside en su declaración de intenciones, en la valentía que ofrece la proposición del guión, que a través de una consecución de escenas intercaladas  en las que la voz en off de Susan nos informa del inevitable y terrible destino al que se ve empujada la especie humana (debido a los ritmos y los deseos incontrolables de codicia y poder, de sobreexplotación y consumo desmedido bajo la actuación más individual y egoísta posible) y del que solo podremos salir adelante si empezamos a priorizar los sentimientos más puros de concordia y unión entre las personas, a anteponer el amor y el perdón como manera de aceptar los obstáculos que podamos encontrar.

Ante todo, ‘Perfect Sense’ es una película que pretende remover las emociones más profundas mediante la estética de los sentidos, inducirnos a un estado de empatía y fragilidad ante la percepción de los gestos más simples y cotidianos. Una enseñanza crucial a modo de metáfora que quiere prevenirnos sobre lo que podemos perder cuando nos encerramos en la cara más oscura de nuestro ser.

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