‘Paterson’, un poema

Siete planos cenitales para adentrarnos en el día a día de la vida de Paterson y Laura. «Ordinary people», que diría Robert Redford. Pero como toda gente “normal” —¡qué acepción más equivocada!— viven en su propia inverosimilitud.

Él es un conductor de autobuses de la ciudad homónima a su nombre, aficionado a la poesía. Escritor de poesía. Poeta. Ella vive ajena a la vulgaridad: pinta, diseña ropa, toca la guitarra, cocina de forma creativa, vende cupcakes. Todo de un modo muy simple y encantador al mismo tiempo. Tienen un perro, gruñón ante las muestras de afecto de sus amos y muy cascarrabias, especialmente con él. Después de cenar saca de paseo a Paterson todas las noches, lo lleva a una cervecería y lo espera en la puerta. En el fondo también lo quiere ver feliz.

Quizás el párrafo anterior describa la narración de la película, pero sales de la proyección siendo consciente de que has visto mucho más. Aún hoy, un tiempo después de verla, sigo dando vueltas a esta obra de arte que, creo, no es cine en sí, sino un poema en imágenes.

William Carlos Williams es el poeta favorito de Paterson que además escribió un libro de idéntica nomenclatura al protagonista y a la ciudad que lo acoge. Es un escritor que liberó de las ataduras de la métrica a la poesía norteamericana, buscando la fluidez poética en la belleza de las pequeñas cosas. Su obra impregna de magia todo el metraje, homenajeando esa sencillez que provoca mayores estados de euforia que la petulancia enrevesada que evoca colapsos por incomprensión.

El final es el principio, o viceversa. No es una historia en tres actos al uso, aunque los tiene, al igual que posee dos puntos de giro muy marcados, especialmente el final. Pero ese epílogo te vuelve al comienzo para que en tu mente nunca llegue ese acabar y puedas convertir el tercer acto en el segundo y entrar en un bucle de retroceso sin fin.

Jim Jarmusch dirige con brillantez dentro de la sobriedad. Sin hacer locuras en cuanto a los elementos de dirección se refiere y siendo un auténtico maestro en cuanto a los de guión. No falta su homenaje al gran Iggy Pop y lo más importante de todo es que no falta su reconocimiento a su propio cine. Eso es lo más grande que puede tener un director o cualquier artista que se precie.


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