«Si hay cielo, el mío que me lo pongan como era el Madrid que yo viví a finales de los 80»

Dice Luis Cremades que Madrid es el espejo claro de los que son capaces de inventar una ciudad mejor. Dice María Castrejón que Madrid está viva y que quizás por eso sus atardeceres son rojos, porque no deja de fluir sangre por sus venas. Me lo cuentan a propósito de su participación en ‘El cielo en movimiento’, un libro que reúne 30 miradas que conectan el Madrid actual con el Madrid de la Movida a través de diferentes aportaciones que pasan por el relato, la fotografía, el cómic, la ilustración, el ensayo, el teatro o la poesía.

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María Castrejón

¿De qué manera participas en ‘El cielo en movimiento’, María? 

Como yo siempre digo que trabajo con todo tipo de género, no quería ser infiel a mí misma y presenté un collage de poesía, fotografía y textualidad autobiográfica y políticosocial que creo que forma una sola estructura en la que expreso un sentir de cansancio eufórico que no podía explicar de otra forma (es mucho más sencillo de lo que parece). Reivindico el derecho al descanso de tanto agujero negro y callejón sin salida en que se había convertido la política y, por un tiempo, tomarnos un respiro en la ingenuidad de quien cree en tiempos mejores aunque ese respiro solo nos sirva para tomar aliento y volver a sumergirnos, pero hace falta aire para no ahogarnos tanto individualmente como en los espacios públicos y colectivos. Me autoproclamo “tigresa de papel”, haciendo referencia a la película que Colomo filmó en los 80. Quiero ser una niña que vuelve a empezar en la política y cuenta de cara a la pared para comenzar a jugar de nuevo. Por eso tomo como escenario principal la verbena popular madrileña que tuvo lugar para celebrar la victoria de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, porque solo esa estampa ya fue un cambio político.

Manuela Carmena ocupa un lugar destacado en el libro. ¿Madrid la necesitaba? 

Yo creo que Madrid necesitaba esa victoria. Madrid era un feudo intoxicado y estancado. Sobre todo la simbología que esto arrastraba. Una ciudad donde se había vivido una movida, una ciudad comprometida con el cambio se estaba convirtiendo en un espacio retrógrado y conservador. Manuela Carmena es el símbolo del cambio. Yo espero que no se quede en pura semiótica y dentro de cuatro años hayamos recuperado el espíritu de la cuidad que nunca duerme, en la que el cielo se mueve porque el pueblo no para de andar hacia delante.

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Cartel de Ana Curra y Juan Gallego

Hay una frase de Ramón Gómez de la Serna que me encanta: «Madrid es no tener nada y tenerlo todo». 

Yo creo que más bien Madrid no es de nadie y es de todos. Madrid es una ciudad que acoge porque casi todo el mundo ha sido acogido previamente. No existe una identidad propiamente madrileña porque esta se ha formado por gentes venidas de todas partes de España y, más tarde, del mundo. Madrid se reinventa mediante sus habitantes y, desgraciadamente, más de lo que querríamos por sus gobernantes que han ido estrechando ese cerco de ciudad cultural, de bares abiertos hasta el amanecer, de fiestas populares. Madrid es salir solo y no sentirte solo porque es una ciudad amable. Es tener todo y no tener nada porque nada sientes como tuyo. No existe ese orgullo patriótico de quien enseña su ciudad al visitante. A quien vive en Madrid, nada le pertenece. Madrid es universal.

¿Qué es para ti Madrid? 

Yo he tenido la suerte de nacer en la ciudad que más amo, como mis padres y mis abuelos. Una historia tras de mí se teje en esta ciudad y, aun así, no siento ese orgullo patriótico, sino un azar que me lanzó a un espacio abierto, en varias de sus acepciones, y que he tenido la suerte de disfrutar. Me gusta vivir en esta cuidad que no es de nadie y donde siempre pasan cosas aunque sé que como madrileña perdí el privilegio de ser la artista que comienza ganando premios en espacios más pequeños y los trae en su mochila a la gran ciudad. En Madrid te pierdes entre la multitud y eres un ser anónimo, pero posees el don de encontrar a muchas personas en sus calles, muchos olores, colores, estímulos… y entre tantas cosas hay algunas maravillosas, vengan de donde vengan. Madrid es una parte de mí y yo de ella, pero es una relación sin celos, nada posesiva, es una relación que fluye no por las venas, sino por sus calles.

¿Y su luz? La luz viene del cielo, a lo mejor es el movimiento quien la hace especial… 

La luz de Madrid, para mí, la traen sus rojos atardeceres y las otras luces que estas anuncian. Las de la ciudad que nunca dormía. Aunque, si no quieres, no duermes. Madrid tiene sus trucos, siempre se está moviendo. Está viva. Quizás por eso sus atardeceres son rojos, porque no deja de fluir sangre por sus venas.

¿De Madrid al cielo o viceversa? 

Yo creo que viceversa. Si hay cielo, el mío que me lo pongan como era el Madrid que yo viví a finales de los 80, principios de los 90. Y no puedo olvidar que del cielo a Madrid caían los obuses mientras mi abuela no se movía de la cola del cine para no perder el sitio en plena Gran Vía.

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Viñeta de Carla Berrocal

‘El cielo en movimiento’ habla del Madrid que fue y del que está por llegar. ¿Qué fuimos y dónde vamos?

Cuando me pidieron colaborar en este maravilloso proyecto, yo me vi atrapada entre dos flancos puesto que empecé a salir de marcha allá por el 87 –fui muy precoz– y cantaba aquello de «Divina estás» y cosas parecidas en los pubs porque era muy fan de Radio Futura; sin embargo, me encajaron en el Madrid actual. Yo quiero que seamos lo que fuimos. Por eso me conmovió la verbena popular en las Vistillas, porque yo las fiestas de mi pueblo –como yo las llamo en tono irónico– las he vivido a tope y ahora veo cómo nos han robado el espacio público que es de todos y eso entristece. Nos quieren robar hasta la felicidad que es gratis. Obviamente yo no sé hacia dónde vamos, pero al menos el camino se ensancha y se horizontaliza. Los políticos gritan menos y eso significa que han entendido que los votantes sabemos de qué están hablando, que no es tan complejo, y toman más en serio a las personas. Sinceramente, creo que nos tienen más miedo y más respeto. Espero que aprovechemos para darles la razón.

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«Los madrileños levantan la vista al cielo y ven las pinturas claras y borrosas de Velázquez»

Luis Cremades es otro de los escritores que participan en ‘El cielo en movimiento’. El autor, nacido en Alicante, llegó a Madrid en los 80. «30 años son muchos como para no cambiar. A veces la ciudad cambia para seguir siendo la misma, se adapta con una capa de maquillaje o bajo una máscara concreta. El cambio es obligatorio. Lo que no sé es si será capaz de anticiparse y tomar sus propias decisiones, creando un modelo propio, o se verá arrastrada, obligada a dejarse llevar por cambios impuestos desde fuera. No sé si Madrid será capaz de ser competitiva y amable al mismo tiempo, de cooperar, coordinarse y entender su papel en las ligas nacionales e internacionales», nos dice de la ciudad sobre la que ha escrito más que un relato, un ensayo, tal y como nos cuenta.

Para él, «Madrid es una ciudad radial, como las ruedas del carro de una diligencia: según se mire, parece una ciudad volcada hacia su centro, haciendo presión hacia un atractor fatal, un agujero negro que es la corte, los diferentes centros de poder. A veces se vuelve asfixiante… Es entonces cuando los madrileños levantan la vista al cielo y ven las pinturas claras y borrosas de Velázquez. El cielo es el horizonte posible de Madrid, el lugar abierto al que uno mira para soñar, imaginar y desear que sus sueños se realicen. Es el espejo claro de los que son capaces de inventar una ciudad mejor, o un momento de claridad y de paz en la ciudad de siempre».

bluebird Comunicación
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