Mamma Mia!: «Here we go again»

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Mamma mia!

Si de por sí las expectativas eran ya altas ante el preestreno en exclusiva de la tan esperada y aclamada secuela del popular éxito cinematográfico, la noche de la exhibición superó con creces todas y cada una de ellas. El día no podría haberse prestado más idóneo para la ocasión en la costera ciudad sueca de Västervik (Kalmar). Una temperatura exquisita y la brisa veraniega acompañaban los ánimos frenéticos de toda una serie de seguidores suecos que llevaban esperando con ansia y deleite durante, nada más y nada menos, una década para poder volver a ver y disfrutar en pantalla los éxitos que marcaron toda una vida de juventud e infinitos sucesos, de alegrías y tristezas, de amores y rupturas.

Tan amplio es el abanico de emociones que lograron crear a través de una larga lista de temas inmortales que han permanecido anclados en la memoria colectiva hasta las generaciones más recientes en la actualidad. Y todo ello, signo evidente de que la ilusión por la segunda entrega del grupo icónico ABBA no podía ser mayor, se plasmaba en la delicada y especialmente cuidada disposición del recinto que el equipo del establecimiento y los responsables de la exhibición habían llevado a cabo como muestra de decoro y veneración.

Periodistas locales, agentes de seguridad oteando cada esquina, focos puro estilo hollywoodiense e incluso una alfombra roja donde el público impaciente esperaba a la hora de apertura y la cual conducía desde el majestuoso nuevo complejo Slottsholmen —inaugurado por Björn Ulvaeus— hasta la mismísima  entrada de las ruinas de Stegsholm (antiguo castillo medieval) donde tendría lugar la proyección de la película. Todo este cóctel de elementos no podía si no hacerse sentir a los propios espectadores allí reunidos como una clase de seres afortunados, orgullosos de residir en la pequeña ciudad de Västervik que había sido de forma privilegiada la encargada de albergar (tras las premierescorrespondientes en Londres y Estocolmo) en primicia el estreno mundial de la secuela de ‘Mamma Mia’. Era un día de celebración, y las miradas y desbordantes vestimentas de la gente congregada así lo manifestaban.

La espera llego a su fin cuando el reloj marcó las 21.15 (una hora y cuarto de retraso respecto a la hora de apertura programada) y la multitud se deslizó entre coros de tensión hacia el interior del recinto. Otro gesto de simpatía y amable acogida esperaba en las butacas, y es que la organización había tenido una vez más el detalle de brindar a los asistentes con un obsequio a modo de recordatorio emotivo de tan especial fecha. «Jag var där, Västervik 17 Juni» («Yo estuve allí») rezaban las camisetas entregadas en una bolsa con la misma tipología y con el título de la película por emblema. La esperada noche musical seguía apuntando maneras.

Como broche a toda una preparación de primera, una vez el público se encontraba sentado rememorando grandes escenas de la primera entrega, tuvo lugar la esperada aparición y el posterior discurso de presentación de Björn Ulvaeus, integrante del conjunto sueco y cuya infancia y juventud se desarrollo mayoritariamente en la ciudad de Västervik, así como sus primeros contactos con el mundo musical. Pese a constituir la  indudable figura destacada del momento, su discurso de bienvenida pasó prácticamente inadvertido consiguiendo que los focos se mantuviesen centrados en el motivo de la noche, la inminente acogida del filme.

La noche había caído por completo, los rumores y cuchicheos se desvanecieron y la proyección del venerado musical dio comienzo, dejando a los espectadores inmóviles en sus asientos. Si había alguna duda o temor sobre cómo podría mantenerse la continuación de este título de corte tan puramente comercial, cualquier ápice fue súbitamente borrado a medida que la película avanzaba. Reencuentros familiares, pasiones rescatadas del olvido, amistades inquebrantables, recuerdos desgarradores, sueños de futuro… son algunos de los temas universales que nos brinda esta segunda entrega, aportando nuevos retoques de frescura con las incorporaciones de figuras tan reseñables del panorama musical como Cher u otros gigantes de la industria cinematográfica como Andy García, así como una serie de promesas juveniles que se unían al elenco como elemento de renovación. Si bien no nos encontramos ante una obra maestra del cine, es de admirar lo que, desinteresadamente y sin pretensiones de grandeza, logra conseguir esta película: que consigamos sentirnos eufóricos y deseosos de abrazar la vida en todas sus vertientes, de reír y llorar, de saltar y lanzarnos a experimentar la montaña rusa de emociones que configure nuestra realidad, nuestro sendero por andar. Un homenaje a toda una histórica carrera musical.

Como dirían mis allegados compañeros suecos, una completa feel good movie. Y es que como ya nos anunciaba el clásico hit del mítico grupo, «there was something in the air that night, the stars were bright, they were shining there for you and me, for liberty»…

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