Maite Dono, donde se retuercen las entrañas

maite dono

Recuerdo perfectamente el momento en el que cayó en mis manos ‘Circus Girls’, de Maite Dono. No sé cuántas veces seguidas se puede leer un poemario, ni cuántas veces se puede volver a él, ni cuántas veces se puede una lamentar de no haberlo encontrado antes. Lo que sí sé es que hay algunos versos que se te agarran en las entrañas y no te sueltan. Imposible.

«Ven a mí y jódeme
Cierra esa puta ventana de una puta vez y quédate
Qué es la pureza?
Tú lo sabes?
Jódeme»

Te las agarran y te las aprietan, te las retuercen.

“Todas las madres me ahorcaron los tobillos
Forever
Grilletes del puto amor
El grito de munch”

Son versos en los que Maite Dono parece lanzarte a la cara sus propias entrañas que, sorprendentemente, también son las tuyas. Las de la niña que quiere ser mujer y las de la mujer que, con las piernas abiertas y los dedos de los pies mirando al techo, sueña con la niña que quería ser mujer.

“Quien mal me ama me hará reír
Y del dolor de esa puta risa iré arrancándome
Cada diente
Con un hilo gordo y una puta puerta
Como me arrancaba mi tía los dientes de leche
Qué divertido ver arrancarte la infancia de cuajo
A sangre fría y entre miles de risas y ratoncitos Pérez”

Y te preguntas cómo lo sabe, cómo demonios puede saberlo todo. Y le agradeces ser tan libre, sus puntos suspensivos, sus repeticiones, sus gritos en papel. Y a la mierda el formalismo. Sí, Maite Dono es una punk. O lo son sus versos. O mis entrañas retorcidas mientras la leo. O la recuerdo. Y es necesaria. Sin saberlo, a mí me hacía falta.

Volvió a pasar. Me di cuenta cuando cayó en mis manos ‘Sobras’, su nuevo libro, que ansiaba. Lo volvió a hacer. Me escupió esas cosas a las que no se les suele poner letras a la cara y todavía estoy limpiándome las babas, pero sé que no van a irse. Que se quedan, mojándome el alma. Y que cuando empiecen a secarse volveré.

“No dormir
No dormir jamás nunca
Quedarse así por culpa de amar
Datura o amapolas con saliva, y tragar”

A menudo repito que en el sexo y en la poesía son en los únicos lugares donde somos realmente libres. Juzgad vosotros mismos:

“Pessoa me guía por las calles
Me hace el amor en cada esquina
Un soneto se introduce en mi boca a cada embestida”

Gracias, Maite

bluebird Comunicación
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