No lo hagas, Tarantino

«Uno no debe seguir dirigiendo hasta que la gente se canse y me pida que lo deje», decía Tarantino hace apenas unos días después de anunciar que dejará de hacer cine después de rodar su décima película (le quedan tres). Creo que el mundo es un lugar más feo desde entonces, he sentido una perturbación en la fuerza, he notado cómo podría ser el Séptimo Arte, cojo, huérfano o las dos cosas. Porque hay pocos genios, —“ya no hay locos”, decía el poeta—, y cuando uno aparece soy egoísta y quiero que me lo dé todo. Que me haga vibrar, reír, llorar, alucinar hasta quedarse seco, hasta que la creatividad flaquee. Yo sí quiero a Tarantino para siempre.

Porque su cine, quizá excesivo, sí, quizá delirante, me produce un placer infinito, porque está vivo, porque es otra cosa. Las películas de Tarantino me ponen, porque para hacer lo que él hace te tienes que llamar Quentin, haber nacido en Knoxville y tener el secreto para envolver la brutalidad en un halo de ironía deliciosa. Y, de momento, sólo hay uno. Que dure muchos años más.

¿Que no?

‘Reservoir Dogs’

‘Pulp Fiction’

‘Jackie Brown’

‘Kill Bill’

‘Death Proof’

‘Malditos bastardos’

‘Django desencadenado’

Fotografía: Georges Biard ©

bluebird Comunicación
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