Leyla Kucukalic: Del antropo al arqueo. Tras la pulsación de una artista

No todos los días una periodista puede asomarse a los apuntes de donde surgen las ideas originales de un artista, de sus obras, de su pensamiento y su mundo interior. Hoy leo lo siguiente: «Pasando por el ancho espectro de los contenidos arqueológicos me paré en aquello insignificante para muchos. Encontré una sección de una vasija del neolítico debajo de cuya fotografía escribía: ‘vasija del neolítico con decoración cardial (…) cerámica, cacharros quizá de los menos valiosos del patrimonio humano y sin embargo, el alma de aquel pueblo’. Tenía que romper el perjuicio, integrar el botijo, el cacharro de cerámica tan pasado de moda en el arte contemporáneo. La historia se puede observar del revés. Le di la vuelta a la vasija cien grados y la puse al revés. La vasija, sin perder su origen, se modeló en un retrato, quizá de nosotros mismos. Estaban unidos cabeza y creación, el antro y el arqueo en un mismo ser».

Levanto la vista de los papeles y veo lo que será una enorme escultura funcional que es una entrada subterránea al público. Una vasija invertida o al menos eso se intuye de sus delgados perfiles hechos de acero por el que correrá la luz eléctrica y el aire. Es la mente, dice la artista, las neuronas, los canales por los que circula el pensamiento. Una escultura que se llama ‘Antropo y arqueo’. Una vasija cuya forma al invertirse adquiere la consonancia con una cabeza humana. A mí me fascina el pensamiento de su autora, la artista de origen bosnio Leyla Kucukalic, porque su escultura… ¿Acaso no encierra la esencia de toda existencia? El ser, el antropo, y su construcción, el arqueo.

LeylaEsta maravillosa obra, que superará los ocho metros de altura es el hilo conductor del futuro museo arqueológico MUVI de la ciudad alicantina de Villena. Un municipio en el que hace algunas décadas se encontró un preciado tesoro, escondido en vasijas. Sorprende la creatividad intuitiva de Leyla a la hora de concebir el trabajo. En el año 2007 cuando presentó su maqueta para el proyecto de construcción del MUVI tuvo una aceptación inmediata porque plasmó en un solo acto lo que es la historia del hombre a través de los tiempos. La arqueología humanizada, la antropología hecha arte.

En el año 1999 tuvo esa misma pulsación creativa a la hora de construir el enorme mural de 50 metros cuadrados compuesto de gigantescos bloques naturales de piedra concebidos como un gran mosaico que figura en uno de los frontales del patio interior principal del Centro Educativo MedioAmbiental CEMA en Torre Guil, Murcia, y que forma parte de la arquitectura, integrado con todo el entorno paisajístico. Esta obra, un exponente del ecoarte o el eco-art denominada ‘Petroglifos: mi jardín perdido’ se ubica precisamente en el lugar que dos años después de su creación sería el anfitrión del congreso organizado por la UNESCO en el que se redactó el manifiesto fundacional sobre Ecoarte 2001. En este enorme espacio arquitectónico, que representa un claro ejemplo de la arquitectura bioclimática autosuficiente del paso del siglo XX al XXI, se proyectaron también ‘Las ventanas de la Alhambra’, de Leyla Kucukalic, concebidas para ser chimeneas  ecológicas de más de 20 metros de altura, y que son otra muestra de la escultura integrada en y con su entorno.

Leyla
Fotografía: Caja de Ahorros del Mediterráneo ©

La perspicacia de esta artista de obras monumentales, que contrastan con sus gráciles manos, no se entendería sin su trayectoria vital. Hija del artista Alija Kucukalic, el mayor referente de la escultura contemporánea de Bosnia, quién sería su primer maestro, no por mucho tiempo, porque Leyla comenzó sus estudios de Bellas Artes cuando Yugoslavia comenzaba a fracturarse y su padre fallecería en el conflicto poco tiempo después. Aunque tuvo el tiempo suficiente de enseñarle, como ella dice, que el arte no acepta mentiras, que es un trabajo duro, físico e intelectual, respetable, y que el talento, aunque existe, necesita de perseverancia para salir a la luz.

leylaEsa inyección de fortaleza le sirvió a la artista para salvaguardar su lealtad a la profesión, a su modo de vida que es, al fin y al cabo, el arte a pesar de las dificultades. Siendo refugiada de la guerra de Bosnia, pasó por las facultades de Zagreb, Belgrado, Madrid y Valencia, donde se licenció con matrícula de honor en su especialidad, la pintura, y finalizó sus estudios de docencia doctoral en la rama de plástica contemporánea. Aquellos años de guerra, dolor, muerte y destrucción se pueden ver en sus cuadros de esa época: oscuros, verdosos, aunque sinceros como pocos trabajos académicos pueden ser. Dejado ese tiempo atrás, Leyla ha comenzado a pintar paisajes, de proporciones enormes, no por su tamaño, sino porque son como collages sin fin, libres, inalcanzables con la vista.

Aunque con una intención latente permanente, Leyla rinde hoy pleitesía también a su padre con una monografía sobre su obra, que será publicada este año en Bosnia y en España simultáneamente. Tres años de trabajo que firma a sangre pues, como ella indica, no hay cosa más dura que escribir sobre el maestro al que segaron la vida en el momento que más podía aportar con su arte, y que además es tu padre, quien tanto te amó. Me gustaría pensar que esta obra literaria y sus luminosos cuadros actuales son el comienzo de una nueva fase: que da un portazo a la guerra y que es la prueba firme de que las oportunidades existen, incluso para los refugiados, que de ellas también se enriquecen los que deciden compartir su espacio con ellos. Para los que pasean junto a las obras de Leyla Kucukalic seguro que sí.

bluebird Comunicación
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